La llegada del calor y el fin de las lluvias lleva a muchas personas sin hogar a asentarse en parques urbanos y otras zonas de todo el país. Muchos trabajan, pero no pueden pagar una casa. El perfil de quienes habitan esas tiendas de campaña fluctúa entre inmigrantes, mujeres, jóvenes, toxicómanos, personas con movilidad reducida o simplemente insolventes que no se pueden permitir ni siquiera una habitación en un piso compartido.