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Frases de Adam Smith que Milei y otros rechazarían

Javier Milei, entre otros autodenominados "libertarios" afirma que su "papá ideológico" es Adam Smith. He aquí un compendio de frases de Adam Smith que sus supuestos "sucesores" rechazarían, por "comunistas".

"Ninguna sociedad puede ser próspera y feliz si la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables."
"Es de justicia que quienes alimentan, visten y alojan a todo el cuerpo social reciban una parte del producto de su propio trabajo que les permita estar ellos mismos aceptablemente bien alimentados, vestidos y alojados."
"No es injusto que los ricos contribuyan al gasto público, no solo en proporción a sus ingresos, sino algo más que en esa proporción."
"La gente del mismo gremio rara vez se reúne, ni siquiera para divertirse, sin que la conversación termine en una conspiración contra el público o en alguna estratagema para subir los precios."
"El patrimonio de un hombre pobre reside en la fuerza y la destreza de sus manos; y el impedirle emplear esa fuerza y destreza de la manera que él considere más conveniente, sin lesionar a su prójimo, es una violación directa de esta propiedad tan sagrada."
"Todo para nosotros y nada para los demás parece haber sido la máxima ruin de los amos de la humanidad en todas las edades del mundo."
"Nuestros comerciantes y fabricantes se quejan amargamente de los efectos perjudiciales de los altos salarios... No dicen nada sobre los efectos nocivos de sus propios beneficios. Silencian las consecuencias dañinas de sus propias ganancias."
"La disposición a admirar y casi a idolatrar a los ricos y poderosos, y a despreciar o ignorar a las personas pobres... es la mayor y más universal causa de la corrupción de nuestros sentimientos morales."
"El gobierno civil, en tanto se instituye para la seguridad de la propiedad, se instituye en realidad para la defensa del rico contra el pobre, o de los que tienen alguna propiedad contra los que no tienen ninguna."

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Malemáticas CCCXXXV: gráfico de áreas erróneo

Malemáticas CCCXXXV: gráfico de áreas erróneo

Este gráfico de áreas aparecido en la portada de El Economista es un buen ejemplo de como no hay que realizarlos. En un gráfico de áreas, estas deben ser proporcionales a los valores, pero si 3.000/1.484=2,02, no se puede hacer el radio del círculo correspondiente a 3.000 el de 1.484 multiplicado por 2,02, porque como el área aumenta con el cuadrado del radio, el área del segundo círculo sería 4,09 veces la del primero, rompiendo la proporcionalidad. Para respetar la proporcionalidad, el radio del segundo circulo debería ser la raíz cuadrada de 2,02, es decir 1,42 veces el radio del primero.

El gráfico correcto debería ser como este:

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La clase Epstein y el ataque a España

La clase Epstein y el ataque a España

Los bots de Estados Unidos e Israel están saltando coordinadamente en redes sociales amenazando a España, pidiendo que sea el siguiente país en ser atacado por la coalición de pederastas, asesinos, violadores, caníbales, ladrones, especuladores.

Sus bots repiten como loros en redes sociales que deben intervenir España, que el gobierno de España es satánico, que hay que atacar a España ante la postura contra el eje epsteiniano de asesinos, violadores, pederastas, canibales, criminales de guerras, genocidas y sionistas. Simplemente hay que abrir hoy las redes y leer.

No olvidéis que también la clase de Epstein financia a Alianza Catalana y Vox que solo hacen que enfrentarnos los unos con los otros, rompiendo consensos. Como toda la historia se ha reclamado a este tipo de clase de pederastas, satanicos, asesinos, criminales, especuladores.

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La imagen de la "debacle" de Podemos en Aragón (y la comparación con Extremadura)

La imagen de la "debacle" de Podemos en Aragón (y la comparación con Extremadura)

Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y más en estos tiempos donde se supone que estamos tremendamente influenciados por unos medios de comunicación cada vez más manipuladores y unas redes sociales omnipresentes. Pues bien, si analizamos la imagen más poderosa, la que mejor resume la campaña de Podemos en las elecciones autonómicas de Aragón, y la comparamos con la misma imagen de las elecciones extremeñas, quizá podamos entender la pérdida de representación parlamentaria de estos en el parlamento aragonés (me niego a llamar "debacle" la pérdida de un único escaño, aunque fuese el único que tuviesen) mientras que en Extremadura consiguieron aumentar su representación.

Vamos a comenzar con Extremadura. La fotografía procede del diario Hoy, un medio de corte conservador (propiedad de Vocento) de la comunidad extremeña.

Una imagen de unión entre los distintos grupos extremeños de izquierda. Colores de la bandera de Extremadura. Cartel compartido entre Irene de Miguel y Neréa Fernández.

Ahora comparemos con la imagen de la campaña en Aragón, publicada por Diario Red:

Mucho color violeta feminista. El cartel imitando el "Yes we can" feminista estadounidense. Ni una referencia a Aragón (salvo lo de la "rasmia"). Puños reivindicativos en alto (intuyo que más feministas que "rojos"). Una guitarra fuera de contexto (¿cantaron el "No pasarán" o algo de Labordeta?). Y ¿Cristina Fallarás?

La primera fotografía es una invitación a las gentes de izquierda extremeñas a votarles. Al de ciudad y al de campo. Al paleto y al catedrático. A pensar más allá del PSOE. El target electoral es el más amplio posible.

La segunda fotografía va dirigida a no sé muy bien qué target, pero diría que reduce el electorado a las mujeres, y no a todas, sino a mujeres muy feministas, muy de izquierdas y muy "urbanitas", de la nueva ola del feminismo.

En política, las apariencias son muy importantes. Y es un error grosero (o no)... hacer que tu acto de campaña parezca una protesta de un sindicato feminista de estudiantes en una universidad. En el caso comparativo, creo que la diferencia entre los resultados de Podemos en Extremadura y en Aragón radica en que Irene de Miguel supo construir su campaña con una mirada regionalista y de unión entre los distintos bloques de izquierda, mientras que en Aragón, María Goikoetxea ha sido utilizada por la cúpula central de Podemos para hacer campaña por los intereses de dicha cúpula en el ámbito nacional.

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Mi compañero de habitación (de Billy Wilder)

Mi compañero de habitación (de Billy Wilder)

Pasé las Navidades en el hospital por unos problemas respiratorios. Mi compañero de cuarto era un tipo de Wyoming llamado Alfred, un irlandés con ese rictus amargado de quien acaba de recibir un diagnóstico de dos meses de vida, aunque estuviese allí solo por una pierna rota.

A lo largo de mi estadía, desfilaron por la habitación amigos, familiares y conocidos, todos cargados de flores, bombones, revistas y charlas. Pero con los días, esas visitas, que al inicio eran fatigosas, se convirtieron en mi única ventana al mundo exterior, y tengo que reconocer que las disfruté y las esperaba con verdadera impaciencia.

La fragilidad de la convalecencia le llena a uno de cierta emoción y a los amigos y familiares de una honesta preocupación creando una entrañable conexión que jamás pude creer encontrar en un lugar como este, que para mi siempre ha sido un preludio del fin.

Alfred, en cambio, no recibió ni una sola visita en todo el tiempo que estuvimos allí. Ni un amigo, ni un picapleitos perdido de esos que pululan por los hospitales, ni una triste postal. Nada, ni tan siquiera en Nochebuena y si le importó, no pude discernirlo.

Había algo peculiar en Alfred: siempre tenía en la mano una baraja de cartas deshilachadas. La usaba para distraerse, jugando solitarios que nunca terminaba, o a veces simplemente barajándolas en silencio, como si esperara que un movimiento correcto pudiera resolver todos sus problemas. Podía tirarse horas y horas jugando al solitario y todos podíamos verlo a través de las gastadas cortinas que siempre echaba.

Conseguí hablar con él en esos momentos en los que el resto del hospital parecía dormido. Su vida era una tragedia griega pasada por el filtro de la América rural: seis años de cárcel por atraco a mano armada, sin familia (los pocos parientes que tuvo estaban enterrados o perdidos), sin amigos (muertos en la guerra), con un hijo que no le hablaba y una ex mujer que lo odiaba aunque no tanto como él al mundo.

El día que me dieron el alta, Audrey, mi mujer, llegó con sus tres dicharacheras primas para recogerme. Yo, vestido y listo para volver al mundo de los vivos, entré en la habitación para despedirme de Alfred. Mientras las primas y mi mujer parloteaban, me acerqué a él, que andaba enfrascado en otro de sus solitarios, para estrecharle la mano. Fue entonces cuando, con una sonrisa casi pícara, la primera que nunca le vi, se inclinó hacia mi oído y me dijo con aquel acentazo:

—Billy, estás atrapado, perdido, eres un hombre sin norte y lo siento por ti. Pero escucha, si alguna vez quieres escapar, vente conmigo a Wyoming. Allí hay muchos bancos y poca policía. Piénsatelo. Solo tienes que buscarme.

Creo que fue la primera vez en años que llevé a mi mujer a cenar a un sitio caro. Hasta pedimos postre. Al llegar a casa incluso hicimos el amor. Después, decidimos tomarnos una copa para acabar la noche y sentí un extraño impulso que me llevó a sacar del armario mi vieja baraja de cartas, un recuerdo de Las Vegas.

—Audrey, cariño —le dije mientras miraba aquellas cartas—, si algún día empiezo a jugar al solitario, prométeme que me dejarás.

Ella, sin levantar la vista del catálogo de zapatos, contestó:

—¿Antes o después de que te mudes a Wyoming?

Billy Wilder, del libro "Billy Wilder" de Claudius Seidl

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Cómo Trump tontea con el autoritarismo

Cómo Trump tontea con el autoritarismo

Donald Trump no necesita dar un golpe de Estado para erosionar la democracia. Le basta con algo mucho más eficaz: jugar con la idea.

Cuando sugiere cancelar elecciones, aunque luego diga que “bromeaba” o que era “retórica”, no está improvisando. Está usando una técnica vieja y conocida: decir lo impensable para acostumbrar al público a escucharlo. Hoy es una broma. Mañana es una exageración. Pasado mañana, una opción “a debatir”.

Trump no es un dictador clásico, ni parece interesado en convertirse en uno al estilo del siglo XX. Su autoritarismo es más moderno, más blando y más peligroso: desgasta las normas desde dentro. No rompe la Constitución; la desacredita. No cancela elecciones; siembra la idea de que solo son legítimas si él gana.

El truco es siempre el mismo:

1. Lanza una frase extrema.

2. Provoca indignación.

3. Se desdice o matiza.

4. Sus seguidores repiten: “solo estaba bromeando”.

5. La línea roja se mueve un poco más.

Así, conceptos que antes eran inaceptables —posponer elecciones, ignorar resultados, atacar jueces, desacreditar a la prensa— se convierten en parte del ruido cotidiano. La democracia no muere de golpe; se desgasta por saturación.

Trump entiende algo clave: el poder no está solo en lo que se hace, sino en lo que se permite imaginar. Si logra que millones de personas acepten como normal que un líder “fantasee” con saltarse las reglas, el terreno ya está preparado para que otro, o él mismo, vaya un poco más lejos.

Por eso el debate no es si hablaba en serio o no. Esa pregunta es una trampa.

La pregunta correcta es otra: ¿por qué un aspirante a gobernar considera aceptable bromear con el fin de las elecciones?

La respuesta es incómoda, pero clara: porque le funciona. Genera miedo, lealtad, ruido mediático y polarización. Y mientras discutimos si era sarcasmo o no, el daño ya está hecho.

Trump no necesita ser un dictador para comportarse como un aprendiz de autoritario. Le basta con tontear con la idea, una y otra vez, hasta que deje de parecernos una locura.

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Por el culo o chuparla no es sexo

Una charla informal con una amiga me recordó hace pocos días algo que he oído ya varias veces. Hay parejas que todavía llegan vírgenes al matrimonio, parejas jóvenes, pese a que ellas se la han chupado a sus novios y ellos las han penetrado analmente. A mi me suena risible, pero especialmente entre miembros del Opus se ha extendido la idea de que todo lo que no sea penetración vaginal no es sexo, y así pueden cumplir sus preceptos religiosos y dar salida al impulso normal de cualquier pareja, que es follar. Mi amiga decía atónita que lo que menos entendía era que estuviesen más dispuestas a chuparla que a dejar que se la metan, porque una felación es algo mucho más personal. En realidad estaba dándole la razón a los del Opus, son novios de larga duración, tienen relaciones muy íntimas y personales antes de casarse.

No creería nada de esto, y menos aún escribiría sobre ello, de no ser porque no es la primera, ni segunda, ni tercera vez que lo oigo, y porque estando en contacto con personas de 25 a 35 años he visto un crecimiento de la fe católica que hubiera creído imposible a estas alturas. La última boda a que me invitaron acabó con canciones de misa a la guitarra por los novios y sus amigos, cosa que me dejó con el culo absolutamente torcido. Nada de copas de más y Bad Bunny o Rosalía.

No descarto que yo me haya relacionado por casualidad con una minoría que no representa a la sociedad en su conjunto, me creo más los análisis del CIS que dicen que los creyentes son cada vez menos. Pero algo muy insólito le pasa a una parte de la juventud española cuando abrazan la fe, la sodomía y la felación pero no la penetración, y cuando la extrema derecha les parece una opción política más atractiva que las demás. ¿Ahora rebelarse es esto?

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¿Tiene relevancia pública la (supuesta) homosexualidad de Felipe VI? Un debate sobre DDFF

Hace escasos días, el periodista Joaquín Abad ha publicado el libro "Los novios de Felipe VI" (véase un resumen en www.elnacional.cat/enblau/es/casa-real/casa-real-alquilaba-finca-en-ma ), donde afirma la homosexualidad del actual Jefe de Estado y aporta informaciones sobre una decena de relaciones que habría mantenido con hombres, y que fueron "breves pero intensas". Entre ellas una en Marrakech, para la cual Casa Real le habría alquilado una finca que le sirvió como picadero.

Lo primero que me ha dejado perplejo es que no hayan secuestrado el libro como hicieron con el famoso número de El Jueves donde Felipe copulaba con Letizia en aquella viralizada caricatura. Esto me lleva a tomármelo en serio, pues cualquier mentira (y yo diría que incluso información verídica) que afecte de modo muy negativo a la reputación de Felipe, es cuestión prioritaria para policía y jueces, que fulminarán a su autor para proteger la monarquía. Que no haya habido denuncia desde Casa Real o actuación de oficio de fiscalía, máxime cuando la base social pepera que apoya incondicionalmente a Felipe suele mirar bastante mal a los gays, me hace pensar que el periodista dice la verdad. Pero sea como fuere ¿Tiene derecho a airear que Felipe VI sea hipotéticamente gay?

Si estuviésemos en EEUU, la respuesta sería indudablemente afirmativa. Allí está absolutamente aceptado que el votante elige a su representante no sólo por su programa, sino por sus valores morales, incluidos los relativos a la moral privada. Me importa que mi congresista sea fiel a su esposa o no lleve a cabo conductas condenadas por La Biblia porque la gente que es infiel a su cónyuge no me parece de fiar, o porque creo que sólo los fervientes católicos son lo bastante rectos como para representarme sin caer en la iniquidad. Y precisamente por ello, tales informaciones tienen relevancia pública, pues son decisivas para la decisión electoral de decenas de millones de norteamericanos.

¿Y en España? Hay un caso en el que, indudablemente, la vida privada del representante público posee relevancia informativa. Y es cuando tiene incidencia en cuestiones claramente ubicadas en el interés general, como puede ser la gestión del dinero público. Si a Felipe VI le pasase lo mismo que a su padre con Bárbara Rey, esto es, que el Estado tuviese que pagar una millonada a un tío para que no largase que se acostó con él, el asunto tendría un incuestionable interés público. También si, como dice la noticia, se dedicase dinero público a proporcionarle picaderos. Si nos toca el bolsillo, nos importa.

¿Y si son relaciones homosexuales que no tienen impacto en el erario público? Aquí el tema es mucho más discutible. El Tribunal Constitucional lleva décadas sosteniendo que los derechos fundamentales a la intimidad y a la libertad de información tienden a chocar por su propia naturaleza. Y la forma de resolver esos choques consiste en asumir la prevalencia de la intimidad sobre la libertad de información cuando el ciudadano es un particular y no un personaje público (esto es, un sujeto con relevancia informativa por su cargo público o por ser generalmente conocido debido a su profesión o ubicación en el mundo del famoseo). Cuando es un personaje público, la intimidad puede ceder si se da un segundo requisito: que la información tenga relevancia pública ¿Y cuándo tiene relevancia pública? Cuando es relevante para la formación de una opinión pública libre, al afectar a asuntos de interés general que los ciudadanos deben conocer para tomar sus decisiones políticas.

Y aquí volvemos a EEUU. Digamos que hay 10 millones de españoles que consideran relevante para apoyar la monarquía el hecho de que su titular haya montado un matrimonio de pega para liarse con sus maromos mientras su esposa hace lo propio con los suyos, disfrutando ambos de una posición privilegiada que posiblemente no habrían tenido si Felipe hubiese salido del armario. El rey debe ser ejemplar, y los matrimonios concertados para heredar y luego follisquear por separado no son ejemplares ¿Convierte eso la supuesta homosexualidad de Felipe VI en un asunto de relevancia pública? ¿Prevalece su derecho a la intimidad frente al derecho de tales ciudadanos a obtener informaciones que, desde su perspectiva, son decisivas para apoyar o rechazar la monarquía? Una cuestión muy peliaguda. Yo opino que prevalece el interés informativo, pero también es verdad que soy un ferviente republicano y estoy deseando quitarme a los borbones de encima, y tal vez ese condicionante sea decisivo para formar mi criterio ¿Qué pensáis vosotros?

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La derecha en contra del teletrabajo

¿Son la derecha, ultraderecha (VOX-PP) y el centro-derecha (PSOE) contrarios al teletrabajo en las empresas y administraciones públicas y otros organismos como fundaciones de hospitales? ¿Ocultan intereses en ello?

Aquí hay dos capas distintas: lo que dicen en público y lo que hacen en la práctica.

Y sí, hay intereses ocultos o, al menos, poco reconocidos, que explican la resistencia al teletrabajo en España, tanto en empresas como en la administración y organismos como fundaciones hospitalarias.

1. Posición política real

  • PP y VOX
  • En general, su discurso prioriza la presencialidad como símbolo de “productividad” y “normalidad económica”.
  • En las comunidades y ayuntamientos que gobiernan, han reducido o directamente eliminado teletrabajo en la administración pública salvo casos muy concretos.
  • Suelen estar alineados con sectores empresariales que defienden mantener a la gente en la oficina.
  • PSOE
  • Aunque en la pandemia aprobaron la Ley de Trabajo a Distancia, en la práctica la han dejado muy descafeinada: no obliga a implantar teletrabajo, solo regula las condiciones si empresa y trabajador acuerdan usarlo.
  • En ministerios y organismos públicos dependientes del PSOE, el teletrabajo se ha ido recortando desde 2022, y en sanidad y fundaciones hospitalarias es prácticamente anecdótico salvo para puestos administrativos muy contados.
  • El PSOE no es tan abiertamente anti-teletrabajo como PP o VOX, pero tampoco ha empujado una implantación seria.

2. Intereses ocultos o poco confesados

Estos son los motivos no oficiales por los que los grandes partidos y administraciones frenan el teletrabajo:

  • Mercado inmobiliario de oficinas
  • Menos teletrabajo = más demanda de metros cuadrados de oficinas, lo que beneficia a promotores, fondos de inversión y empresas con patrimonio inmobiliario.
  • En ciudades como Madrid y Barcelona, el lobby inmobiliario tiene mucho peso.
  • Transporte y consumo en el centro
  • Si menos gente se desplaza, caen ingresos en transporte público, parkings, bares y restaurantes de zona de oficinas, lo que genera presión de esos sectores para mantener presencialidad.
  • Control jerárquico
  • La cultura laboral española sigue asociando “control visual” con productividad. Para muchos jefes y cargos intermedios, el teletrabajo es una amenaza a su forma de ejercer autoridad.
  • Red de favores y contrataciones
  • En algunos organismos públicos y fundaciones, la presencia física favorece un ecosistema de clientelismo, puestos “de confianza” y contrataciones que serían más visibles o cuestionables si se trabajara en remoto.

3. Caso de las fundaciones hospitalarias y sanidad

  • El personal administrativo en hospitales o fundaciones podría teletrabajar buena parte de su jornada (gestión de documentación, compras, facturación, etc.).
  • Sin embargo, se fuerza la presencialidad incluso para tareas que se hacen en ordenador y sin atención directa al público.
  • Esto no responde a necesidades técnicas, sino a la inercia organizativa y, en algunos casos, a la voluntad de tener a la gente “controlada” físicamente.

💡 En resumen:

Ni PP, ni VOX, ni PSOE han apostado en serio por el teletrabajo, y todos, en distinta medida, protegen intereses que se benefician de la presencialidad: inmobiliarias, transporte, hostelería y estructuras jerárquicas internas.

La diferencia es que PP y VOX lo dicen más abiertamente (“la oficina es lo natural”), mientras que PSOE lo suaviza en el discurso pero lo limita en la práctica.

Pero en ciudades como Madrid hay mucho trabajo teletrabajable

Exacto, y ese es uno de los puntos más frustrantes del caso español: en ciudades como Madrid hay un porcentaje altísimo de empleos que podrían hacerse en remoto, pero el nivel real de teletrabajo está muy por debajo de su potencial.

1. Madrid: un paraíso teórico para el teletrabajo… desaprovechado

  • Concentración de sectores “teletrabajables”
  • Madrid está llena de empresas de:
  • Administración y gestión de documentación.
  • Finanzas y seguros.
  • Tecnología y programación.
  • Consultoría y servicios profesionales.
  • Marketing, diseño, comunicación.
  • Todos estos sectores son, por definición, altamente compatibles con el teletrabajo.
  • Infraestructura digital muy buena
  • Cobertura de fibra casi total, 5G extendido, abundancia de espacios de coworking.
  • A nivel técnico, no hay excusa para no teletrabajar.
  • Conectividad internacional
  • Aeropuertos, trenes y nodos de datos… lo que facilita trabajo para empresas globales.

2. Por qué Madrid no explota ese potencial

  • Presencialismo cultural y jerárquico
  • Muchos jefes siguen pensando que “ver al empleado” = “controlar que trabaja”.
  • Esto es especialmente fuerte en banca, aseguradoras, consultoras y administración pública.
  • Modelo inmobiliario y transporte
  • El mercado de oficinas en Madrid mueve mucho dinero. Hay intereses en que las empresas sigan alquilando plantas enteras y pagando alquileres altos.
  • Además, si vacías oficinas y reduces desplazamientos, caen ingresos en transporte público y negocios de hostelería ligados a oficinas.
  • Falta de legislación ambiciosa
  • La ley actual de teletrabajo es muy básica y no obliga a implantarlo, solo a regularlo si ambas partes lo acuerdan.

3. Potencial desaprovechado

  • Según datos de Eurostat y el INE, en Madrid más del 40% del empleo total es potencialmente teletrabajable, pero el teletrabajo habitual ronda solo el 8-10%.
  • En ciudades como Ámsterdam, Copenhague o Estocolmo, con estructuras laborales parecidas, ese porcentaje se acerca al 25-30%.

Si Madrid aplicara políticas activas (y cambiara mentalidades), no solo reduciría el tráfico y la contaminación, sino que también podría descongestionar la ciudad, permitiendo que mucha gente se fuera a vivir a zonas intermedias o pueblos cercanos… frenando justo esa España vaciada que tantas veces hemos hablado tú y yo.

Yo aquí veo un paralelismo claro: el teletrabajo es, en cierto modo, la herramienta que podría haber redistribuido población sin necesidad de esperar a un colapso.

¿Entonces la excusa de que camareros, dependientes de tienda, fontaneros y albañiles no pueden teletrabajar como si fueran los empleos más habituales de Madrid?

Esa excusa es un clásico para no mover un dedo.

Es como decir: "No todos los coches pueden ser eléctricos, así que mejor no hacemos cargadores para ninguno" — un razonamiento que suena lógico si lo dices rápido, pero que en la práctica es una trampa para justificar la inacción.

1. La realidad laboral de Madrid

En Madrid, el grueso del empleo no es hostelería ni oficios manuales como fontaneros o albañiles.

Según la Encuesta de Población Activa y datos de la CAM:

  • Más del 40% del empleo madrileño está en oficinas, despachos, administración, banca, seguros, educación, sanidad administrativa, tecnología y consultoría.
  • La hostelería supone menos del 7% del empleo total.
  • Construcción y oficios manuales especializados, menos del 6%.

Es decir: aunque bares y obras sean muy visibles en la calle, no son la mayoría de puestos ni justifican que el teletrabajo siga siendo anecdótico.

2. Cómo se usa la excusa

  • Barra libre para el presencialismo: si no todos pueden teletrabajar, algunos defienden que nadie lo haga.
  • Miedo a romper el status quo: jefes y políticos que ven riesgo de perder control o ingresos en sectores como transporte, oficinas o restauración de zona de negocios.
  • Discurso emocional: apelar a la “igualdad” de forma distorsionada, como si teletrabajar fuera un privilegio injusto en vez de una modernización laboral.

3. Lo que se ignora con esa excusa

  • Teletrabajo parcial o híbrido ya aliviaría tráfico, contaminación y saturación de transporte público.
  • Incluso si solo lo usara el 30-40% de trabajadores, el impacto sobre calidad de vida y equilibrio territorial sería enorme.
  • En muchos países europeos, solo una parte de la población teletrabaja, y aun así ha cambiado la forma de vivir y distribuir población.

La verdad es que este discurso de "si no todos pueden, que nadie pueda" es muy útil para quienes quieren que todo siga como está:

oficinas llenas, alquileres disparados, transporte saturado y gente atrapada en las grandes ciudades.

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¿Qué quieren las mujeres?

Conocí a Chloé en una de esas presentaciones de libros de autoayuda disfrazada de filosofía oriental que tanto proliferan en los centros cívicos de los barrios en vías de gentrificación. Ella estaba allí, con una edición de bolsillo de Mishima mal disimulada bajo un manual de mindfulness. Había en ella una tensión, una vibración de descontento intelectual que me pareció, en aquel momento, el único signo de vida auténtica en un radio de doscientos metros. Tenía 32 años, ocho menos que yo, y trabajaba a tiempo parcial en una galería de arte conceptual que, por supuesto, perdía dinero. Vivía en un estudio minúsculo, comía pasta con pesto la mitad de la semana y hablaba del capitalismo tardío con el fervor de quien todavía cree que se puede hacer algo al respecto.

Mi situación era, como siempre, más prosaica. Era consultor de optimización de procesos para una multinacional farmacéutica. Mi trabajo consistía, en esencia, en traducir la ineficiencia humana a gráficos de Powerpoint para que otros hombres grises como yo pudieran tomar decisiones que afectaran a miles de personas sin tener que mirarlas a los ojos. El sueldo era excelente. Mi apartamento, con vistas a un parque anodino pero bien cuidado, era un testimonio silencioso de mi éxito funcional.

Decidí, con la frialdad de un científico que inicia un experimento, que iba a salvar a Chloé. Salvarla, claro está, de las trivialidades que ella confundía con la lucha. El alquiler, las facturas, la necesidad de sonreír a clientes idiotas para vender un lienzo pintado de un solo color. Quería ver qué ocurría cuando se eliminaban todas las variables de la necesidad. Mi hipótesis, formulada en las largas noches de insomnio regadas con vino blanco barato, era que el ser humano, y en particular la mujer contemporánea, no está diseñado para la utopía, sino para la queja. La queja es el motor de su existencia; eliminada la causa, el motor no se detiene, simplemente empieza a girar en vacío, consumiéndose a sí mismo.

Al principio, fue predeciblemente idílico. Dejó su trabajo en la galería con lágrimas de gratitud. Se mudó a mi apartamento, llenando el minimalismo estéril con sus libros y sus plantas. Los primeros meses fueron una explosión de proyectos. Iba a escribir una novela, a montar un taller de cerámica en la habitación de invitados, a aprender por fin a tocar el violonchelo. Yo financiaba cada capricho con la diligencia de un mecenas renacentista. El caballete, las arcillas de importación, el violonchelo que costó el equivalente a tres meses de su antiguo sueldo.

La primera fase de la descomposición fue la procrastinación. La novela se quedó en un esquema de tres páginas. Las arcillas se secaron en sus paquetes. El violonchelo acumulaba polvo en una esquina, su funda negra como un pequeño sarcófago. Sus días, liberados de la obligación, perdieron su estructura. Se levantaba a las once, veía series en Netflix y desarrollaba un interés casi académico por los catálogos de moda online. La lucha contra el capitalismo tardío había sido sustituida por una participación entusiasta en su liturgia más sagrada: el consumo.

Luego vino la segunda fase: la transmutación del deseo en necesidad. Lo que antes eran lujos esporádicos se convirtieron en requisitos básicos para su bienestar. Ya no era un "gracias por este bolso de marca", sino un "¿por qué no me has comprado el modelo nuevo que salió la semana pasada?". Sus conversaciones dejaron de girar en torno a la alienación del individuo para centrarse en la incompetencia del servicio de reparto de Amazon o en la textura decepcionante de un aguacate orgánico.

La observé con el desapego de un documentalista. Su cuerpo, antes tonificado por las caminatas al trabajo y la escasez, se había ablandado. Pasaba horas en el sofá, envuelta en una manta de cachemira, deslizando el pulgar por la pantalla de su teléfono. Era una odalisca del siglo XXI, una geisha de la fibra óptica, cuyo único talento era la formulación de deseos cada vez más específicos y absurdos. Necesitaba un tipo concreto de agua mineral de una isla del Pacífico, unas sales de baño con un mineral que solo se extraía en el Himalaya, un cojín ergonómico que había visto en el perfil de una influencer danesa.

Yo me convertí en un mero proveedor, una extensión de su tarjeta de crédito. Mi presencia solo era requerida para validar sus quejas o para introducir el código de seguridad en una transacción online. El sexo, antes un refugio de cierta intimidad, se convirtió en otra transacción, un peaje que yo pagaba a cambio de una noche sin reproches por la temperatura del vino.

Una tarde, al volver del trabajo, la encontré llorando desconsoladamente. Me preparé para la letanía habitual: la amiga que tenía una casa más grande, el viaje a las Maldivas que aún no habíamos hecho. Pero la causa era otra. "El repartidor ha dejado el paquete en la conserjería", sollozó. "He tenido que bajar yo misma a por él".

En ese preciso instante, comprendí la naturaleza de mi éxito. No la había salvado; había sido el catalizador de su forma más pura. Había eliminado todos los obstáculos externos, toda la fricción con la realidad, permitiendo que su insatisfacción intrínseca, el malestar existencial de la mujer occidental liberada de todo propósito, floreciera en todo su esplendor grotesco. Era mi obra maestra. Una escultura perfecta de aburrimiento, derecho adquirido y exigencia.

No dije nada. Subí a la cocina, abrí una botella de vino –la correcta, por supuesto– y le serví una copa. Ella la aceptó, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. Mañana se quejaría de otra cosa. Y yo estaría allí para escucharlo, para financiarlo, atrapado en el paraíso estéril que yo mismo había construido. Éramos una simbiosis perfecta, dos formas de la nada que se sostenían mutuamente para no colapsar. La entropía había encontrado su equilibrio doméstico. Y yo, su abnegado gestor de procesos.

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Gobernar sin presupuestos es lo mismo que hacer recortes

En noviembre de 2022 se aprobaron los últimos Presupuestos Generales del Estado. Se dice pronto, ¿eh? Pero es lo que hay. Desde entonces, se vienen prorrogando esas cuentas con algunos parches puntuales, pero sin que haya sido posible aprobar otras.

Esto no es sólo una anomalía democrática, sino que es una forma de hacer recortes sin que se note mucho, razón por la que la derecha, la económica, la de verdad, hace como que grita, pero en el fondo se parte el culo. Si tuviésemos un gobierno que anunciase recortes del 10%, y más si fuese el gobierno de Feijoo, por ejemplo, tendríamos a la mitad del país en ebullición y cincuenta portadas en Menéame sobre lo mucho que matan los recortes. Alguno puede que hubiese creado ya algún eslogan con una cifra de muertos. Y más de un 10% es lo que se ha recortado el gasto público desde los presupuestos de 2022 por la vía de que no exista partida consignada para esto o para lo otro.

Pero como se trata solamente de seguir gobernando, atornillados a la poltrona, sin aprobar o presentar siquiera unos presupuestos, aunque ello sea un deber constitucional, entonces parece que eso no mata, ni empobrece, ni entorpece, ni quita oportunidades. Estos recoirtes parece que no son recortes, ¿verdad?

Cuando no hay presupuestos, no se pueden emprender nuevas inversiones. Cuando no hay presupuestos, no se pueden crear nuevas partidas para nuevas necesidades. Cundo no hay presupuestos, se pueden prorogar algunos gastos, pero cada incremento debe ser aprobado pro una ley aparte, como está sucediendo con Defensa. Por ese motivo España va como un tiro a nivel macroeconómico, se ha reducido nuestro déficit y se ha reducido nuestra deuda: porque sin presupuestos no se puede gastar.

Los recortes de verdad, son esto. La austeridad de verdad, es esto. Se sigue recaudando, y aumenta la recaudación porque no se han deflactado las tablas del IRPF, pero no se puede gastar ni se pueden acometer inversiones. Esto es el puto paraíso de los liberales, y no lo estamos viendo. Por eso en Europa nos felicitan y hacen la vista gorda: porque mientras no haya presupuestos, el gasto se ha encarrilado solo, sin protestas en la calle, sin dramas, y sin muertos.

Así las cosas, con las protestas amordazadas y las cuentas congeladas, nadie va a mover realmente un dedo para que Sánchez convoque elecciones antes de 2027. Se allanará lo posible el camino pra que el btcazo sea mortal cuando estas se convoquen, pero nadie, en el poder real, tiene la menor prisa. ¿Para qué? ¿Para hacer unos recortes impopulares que ya se están haciendo ahora por la vía de los hechos?

Para eso, que siga el que está, desangrándose otro poco, mientras en las autonomías, que es donde se corta el bacalao más suculento (50% del gasto público), está todo en las manos adecuadas.

Y a veces aplaudimos. Parecemos gilipollas.

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Te prometo que te prometo

Marina descubrió la frase en el margen de un libro de filosofía que alguien había olvidado en el café: "Esta frase es falsa". La subrayó tres veces con su bolígrafo azul, como si más tinta pudiera resolver la paradoja. Cerró el libro y lo dejó donde lo había encontrado, pero la frase se fue con ella.

Esa noche no pudo dormir. La frase giraba en su cabeza como un disco rayado. Si era falsa, entonces era verdadera. Si era verdadera, entonces era falsa. A las tres de la madrugada, agotada, se levantó a preparar té. Mientras el agua hervía, escribió en su cuaderno: "Soy una mentirosa". Era la versión corta, más personal. Si ella era mentirosa, entonces esa declaración era mentira, entonces no era mentirosa, entonces...

El silbido de la tetera la salvó de la espiral.

Durante semanas, Marina funcionó con el piloto automático. Trabajaba en la biblioteca universitaria, catalogando libros que otros leerían, ordenando conocimiento que otros absorberían. Pero cada vez que encontraba una nota al margen, un subrayado, una anotación, pensaba en aquella primera frase. Los márgenes de los libros empezaron a parecerle peligrosos, como grietas por donde podía colarse el vértigo.

El terapeuta le había enseñado técnicas de meditación, pero Marina siempre terminaba en el mismo lugar: observando sus propios pensamientos, luego observándose observar, luego observándose observar que observaba. "La consciencia consciente de su consciencia", había leído una vez en Hofstadter. Eso era exactamente.

Un viernes, frustrada, le dijo al doctor:

-Es como si mi mente fuera el pensamiento que se piensa pensando. No puedo parar.

-Es solo ansiedad- respondió él, ajustándose las gafas. Los pensamientos recursivos son comunes. Intente la técnica militar: repítase "no pienses, no pienses, no pienses" hasta quedarse dormida.

Marina casi se rio. "No pienses, no pienses, no pienses". Pensar en no pensar seguía siendo pensar. Era otra trampa, otro bucle disfrazado de solución.

Los días se volvieron borrosos. Marina empezó a llevar un diario donde documentaba sus espirales. Una entrada decía simplemente: "Esta oración continúa: esta oración continúa..." seguida de páginas de puntos suspensivos que había dibujado compulsivamente durante una reunión de trabajo.

Su amiga Clara la visitó un sábado lluvioso.

-Estás pálida- le dijo, sirviéndole más café. ¿Cuándo fue la última vez que dormiste bien?

-Duermo- mintió Marina. Es solo que... ¿alguna vez has pensado en pensar? ¿En el acto mismo?

Clara la miró preocupada.

-Marina, cariño, estás dándole demasiadas vueltas a todo.

-"Estoy diciendo que estoy diciendo"- murmuró Marina, más para sí misma que para Clara. Incluso ahora, al decirte que pienso demasiado, estoy pensando en que pienso demasiado.

Clara tomó su mano.

-Necesitas salir de tu cabeza. Vamos a caminar.

La playa estaba desierta. El viento de otoño levantaba pequeños remolinos de arena. Marina observaba las olas, tratando de vaciar su mente, pero entonces llegó el pensamiento: "La ola que trae olas". Cada ola era consecuencia de la anterior y causa de la siguiente. Un sistema perfecto de recursión natural.

-El mar no piensa- dijo Clara, como si pudiera leer su mente. -Solo es.

Marina asintió, pero en su interior sabía que incluso el mar repetía su mensaje eternamente, sin poder detenerse. "El mar dice sin decir, dice sin decir", pensó, y esta vez no luchó contra el pensamiento. Lo dejó estar ahí, flotando.

Esa noche, sola en su apartamento, Marina abrió su cuaderno en una página en blanco. Escribió: "Yo que me digo diciéndome". Era Cortázar, recordó. Él también había estado aquí, en este lugar extraño donde el yo se desdobla y se observa.

Pero entonces algo cambió. En lugar de angustiarla, la frase la hizo sonreír. Había algo casi cómico en todo aquello. Como un perro persiguiendo su cola, sabiendo que es su cola, pero persiguiéndola igual.

Tomó el bolígrafo de nuevo y escribió: "Te prometo que te prometo". Una promesa de promesa. Un compromiso con el compromiso mismo. Se rió en voz alta, sola en su cocina a medianoche.

Esa noche no intentó dormir. En lugar de eso, se sentó en su escritorio y escribió una carta a sí misma:

"Querida Marina que leerá esto: cuando leas esto, serás otra Marina, una Marina futura que recuerda a la Marina que ahora escribe. Y esa Marina recordará a otra Marina que escribió sobre si misma. Somos un eco del eco, una reverberación de nosotras mismas a través del tiempo."

El lunes volvió al trabajo. Su supervisor le preguntó si se sentía mejor.

-Sí- dijo Marina. He decidido que soy como el mar.

-¿El mar?

-Repito y repito, pero cada repetición es ligeramente diferente. Como las olas. Nunca la misma, siempre la misma.

Su supervisor la miró extrañado, pero Marina no intentó explicarse mejor. Algunas cosas, pensó, son la mirada que se mira mirando. Solo tienen sentido cuando las experimentas.

Esa tarde, en el mismo café donde todo había empezado, Marina encontró el libro de filosofía otra vez. Alguien había añadido una nota bajo "Esta frase es falsa". Decía: "La paradoja no es un problema a resolver, sino un estado a habitar".

Marina sonrió y añadió su propia nota: "Repite esto: repite esto".

Dejó el libro para el siguiente lector, para el siguiente bucle, para la siguiente persona que necesitara descubrir que algunos círculos no son cárceles sino caminos. Como el latido del corazón. Como la respiración. Como el mar que nunca se cansa de ser mar.

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Las cartas de los niños del Udaleku de Bernedo y su derecho a la integridad sexual

Cuando el 5 de septiembre publiqué un artículo que recogía testimonios sobre los ataques a la integridad sexual sufridos por los adolescentes de un campamento de verano en Bernedo www.meneame.net/m/Artículos/razonable-forzar-nines-13-15-anos-duchars más de un meneante consideró que la información podía ser un bulo de los sectores feministas "terfs" capitaneados por Barbijaputa. Yo tuve claro que era verídico desde el principio, pues nadie se atreve a imputar conductas tan graves (a mi juicio delictivas) sin la certeza de que son verídicas. Entre otras cosas porque, si son falsas, el juzgado competente le arruinará la vida haciéndole pagar una indemnización millonaria a los responsables del campamento.

Hoy ya están claras las infames condiciones de vida que se impusieron a los chavales, y que acabaron con varias denuncias a la Ertzaintza por agresión sexual, aparte de otras tantas que ya se investigaban...desde enero www.elcorreo.com/alava/araba/ertzaintza-investigaba-enero-agresiones-s También se sabe de dónde surgieron las informaciones que hicieron saltar el escándalo: de las cartas que los propios críos mandaban a sus padres. Seguidamente voy a recopilaros algunas de las más reveladoras junto con testimonios de padres sobre las atrocidades que los críos les relataron a la vuelta de aquel antro:

Una madre del campamento de Bernedo: "Les hacían chupar el dedo gordo al monitor para conseguir la merienda"

www.lasexta.com/programas/mas-vale-tarde/madre-campamento-bernedo-les-

Nueva carta a sus padres de uno de los niños del campamento de Bernedo

www.elcorreo.com/bizkaia/nueva-carta-padres-ninos-polemico-campamento-

Estas son las cartas que destapan lo sucedido en Bernedo

www.elcorreo.com/bizkaia/cartas-destapan-sucedido-bernedo-monitoras-to

"Los monitores iban desnudos y se duchaban con nuestros hijos e hijas"

www.diariovasco.com/sociedad/monitores-iban-desnudos-duchaban-hijas-hi

Y aquí el comunicado íntegro de los monitores del campamento respondiendo a las denuncias

www.diariovasco.com/sociedad/comunicado-monitores-campamento-bernedo-2

Una reflexión final. He leído comentarios de gente que dice que difundir esta aberración es hacer el caldo gordo a la extrema derecha. Todo lo contrario. Justificarlo o callar ante ello es lo que les hace fuertes. Ayer twitter estaba lleno de comentarios ultras con mensajes del tipo "¿Por qué Podemos no condena estas cosas?" o "las feminazis histéricas por un beso de Rubiales y felices cuando violan a nuestros hijos". Aparte de que es un imperativo moral denunciar lo acontecido e instar a las autoridades a que castiguen a sus responsables, silenciarlo no sirve de nada, porque es tan escabroso e indignante que ya lo sabe toda España. Ante ello, la izquierda puede actuar con decencia, condenar firmemente y desvincularse por completo del infierno que sufrieron esos menores, o poner paños calientes. Vox está deseando que hagan lo segundo.

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MALEMÁTICAS CCLXXXVIII: no parece tanto, pues multipliquemos todo por 10

MALEMÁTICAS CCLXXXVIII: no parece tanto, pues multipliquemos todo por 10

En El Debate les debía parecer que las diferencias de recaudación entre las distintas CCAA por impuestos propios no parecían tanto y han decidido multiplicar todo por 10 para hacerlas más impresionantes: según ellos, en 2023 se recaudaron por estos impuestos un total de 160.466 millones, de los que 43.826 millones corresponderían a Cataluña.

Pero si nos vamos a los datos oficiales de Hacienda, la recaudación total en 2023 fue en realidad de 16.046,61 millones, de los que 4.382,55 corresponderían a Cataluña. ¡Han multiplicado todo por 10!.

Al haber multiplicado todo por 10, en las recaudaciones por habitante salen cifras disparatadas, llegando a más de 8.000 euros para Baleares y les sale una diferencia per capita entre Cataluña y Madrid de 2.300 euros, cuando en realidad sería de 230 euros.

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Los expats son un peligro para la seguridad nacional de España

Hoy leemos en las noticias que "Profesionales de todos los sectores rechazan empleos en València por no poder pagar el alquiler". Ayer leíamos que aumenta la cifra de profesionales que rechazan ofertas de trabajo en Alicante por falta de vivienda.

Es decir que ya no es solo que a los que vivimos y trabajamos aquí nos cueste, es que las empresas tampoco pueden encontrar trabajadores y desarrollar su actividad profesional por que como señala el artículo de El Levante, la mayoría de alquileres son para suizos, ucranianos, británicos que trabajan en remoto y alquilan a un precio muy superior sobre el que las empresas españolas pueden pagar a los trabajadores.

Ni los trabajadores encuentran casa, ni las empresas encuentran trabajadores, todo para el beneficio del que alquila a gente que puede pagar más y estos británicos, suizos y ucranianos que trabajan en remoto, los conocidos como expats, pero que no , no pagan IRPF, (y aunque lo hicieran da igual, no producen aquí) no aportan trabajo al país sino que dificultan a las empresas que sí aportan a España, a Valencia, Alicante y otros muchos sitios con su actividad laboral.

Pero casualmente nadie habla de este tipo de inmigración, normalmente cuando se habla de inmigrantes se habla de otro tipo de inmigrante, el que viene y trabaja, que no puede asumir precios actuales que están fuera del mercado de quien vive y trabaja aquí.

Es decir se está poniendo en riesgo la economía de todo un país, de empresas, de ciudadanos en favor de gente que no es del propio país, que no aporta ni trabajo a España ya que trabaja en remoto en otros países, ni aporta cotización a la seguridad social.

El disparate es mayúsculo, empresas que aportan a la economía, sociedad, impuestos, trabajadores que aportan a la sociedad en peligro y riesgo por gente que ni es de España, ni aporta a España.

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Mi primera app con Claude Code

<Hola Mundo>

Casi llego a los 60. Mi primer contacto con la informática fue con 15 años y un Dragón 64 (el Spectrum era un lujo inalcanzable entonces). Recuerdo perfectamente aquella academia en Gran Vía con un profesor ruso que nos enseñaba Basic. Quién me iba a decir que, en pleno 2026, estaría delante de una ventana pidiéndole cosas a una IA y viendo cómo se materializan ideas que nunca pude programar por no ser informático de carrera.

Recientemente me he comprado un PHEV. Como vivo en un piso sin punto de carga, necesitaba optimizar al máximo costes y kilómetros. Ante la falta de herramientas que me convencieran, decidí liarme la manta a la cabeza y crear mi propia App usando Claude Code.

Llevo tres semanas quemando tokens a un ritmo frenético (el crédito de una semana me dura tres días), pero estoy disfrutando como aquel niño del Dragón 64. He logrado montar algo funcional que me ayuda con el control del coche y me gustaría que otros usuarios en mi situación pudieran probarla o decirme qué les parece.

No quiero incumplir las normas de spam de la comunidad, así que no pongo el enlace directo aquí por si acaso. Si a alguien le pica la curiosidad por el proyecto o por cómo ha sido el proceso de programar con IA a mi edad, que me lo diga en los comentarios y lo comentamos. Al final, lo que busco es compartir el juguete que he construido.

Saludos a todos.

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Javier Ruiz, 54 segundos de ética periodística

Son 54 segundos de Javier Ruiz, esta mañana en Mañaneros, hablando sobre ética periodística.

El final es fino fino fino.

x.com/Tadukin/status/2019766099517087991

Nota: He intentado subir el video directamente a MNM con links directos pero solo he sido capaz de hacerlo vía twitter (voy con la "L" en esto de subir artículos, sorry). Si alguien me echa una mano estaré encantado de editarlo.

Alternativa sugerida en comentarios. Link a TVE. Min 3:29:17

www.rtve.es/play/videos/mananeros-360/programa-603/16926900/

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Ellos se lo buscaron, ¿no?

Ellos se lo buscaron, ¿no?

Paseaba por la ciudad de Vigo y de forma totalmente casual, me topé delante del restaurante de comida italiana regentado por un libanés, un establecimiento que se hizo viral por la actitud de su dueño de echar a unos turistas isrealíes que estaban consumiendo en varias mesas de su terraza. El vídeo sigue circulando en Internet para el que lo quiera ver.

Cuando ocurrió la polémica, las redes sociales echaron humo, hubo insultos y críticas hacia el dueño del negocio pero también muchas mas muestras de solidaridad y apoyo a su acción y manifestaciones públicas de acudir a comer al restaurante en ex profeso para solidarizarse con el dueño en particular y con la causa palestina general.

Me quedé sorprendido con el hallazgo...y decidí entrar en el interior del local. En aquel momento, el comedor estaba casi vacío, pero estaba el dueño, un hombre de tez oscura, de apariencia agradable y que transmitía bondad y cortesía, me hizo sentir como si estuviera en mi casa.

Poco después, un hombre joven e invidente entró en el local y el dueño le ayudó a sentarse, debían ser amigos desde hacía tiempo, por la complicidad que mostraban el uno al otro. En ningún momento, poco a poco, fueron entrando clientes al local, aunque sin llenarse por completo. No vi que el dueño se comportase de forma borde ni hacia sus empleados ni hacia sus clientes.

El dueño se me acercó y le dije que quería comer, pedí un plato de carne, algo de pan, un postre y un café. Pero le hice un comentario con tono normal: "¿Cómo lo lleva? Me refiero a lo del juicio. ¡Espero que salga bien! - apostillé.

Él me respondió con una agradable sonrisa: "No se sabrá nada hasta septiembre ¡pero si sale mal da igual!".

Se notaba que el hombre libanés no estaba arrepentido de su acción. Según contó a un medio de comunicación, había triplicado sus ingresos pero se veía que para él, eso no era lo mas importante ni mucho menos.

Él se quedó observándome feliz de contar con mi apoyo y pensó de forma equivocada que formaba parte de la nueva masa de clientes que había acudido expresamente a su restaurante por su acción viral, una acción que evidentemente, le trajo consecuencias positivas y otras negativas. Pero no, acabé allí por azares del destino.

Durante todo momento, mientras comía, seguía observando al dueño, incapaz de ver a un hombre con comportamiento racista, maleducado, borde y violento que algunas personas con mala intención dicen en sus falsas reseñas en Internet.

Posteriormente, se acercó a mi mesa, a traerme el café con leche que había pedido y le pregunté sin rodeos: "Ellos se lo buscaron ¿No?"

Él me miró con un suspiro e hizo una mueca que me hizo dudar de quien empezó el incidente que derivó en la expulsión de esos turistas isrealíes de las mesas, (eso sí, con todos los gastos a cuenta de la casa) pero el dueño me dijo "Si no existiese la grabación, la verdad de ese incidente hubiera quedado solamente entre ellos y yo. Pero gracias a esa grabación, los que quedaron mal han sido ellos." Creo que la animadversión entre el grupo de turistas isrealíes y el hostelero libanés se volvió recíproca al descubrirse la procedencia de unos y otro. Israel había invadido su país El Líbano en varias ocasiones para atacar a organizaciones como la OLP o Hezbolá y por supuesto, estas invasiones habían ocasionado numerosas víctimas libanesas. Tampoco conozco la biografía al detalle de este señor y su familia. ¿Tendrá familiares palestinos? ¿Habrá muerto algún familiar o amigo por culpa de los ataques del ejército de Israel en su país? No quise preguntar mas.

Rara vez, suelo dejar propina en un negocio de hostelería, pero en este caso hice una excepción y le dejé una moneda de 2 euros en la cajita de madera que traía para las propinas, aunque la cuenta la pagué con tarjeta.

Antes de salir del local, saqué una foto a la bandera palestina, la bufanda y el pañuelo palestino que habían colgados en la entrada a modo de atrezzo. Era como aviso sin letras de "reservado el derecho de admisión".

En el momento de percatarse que estaba sacando una foto a todo eso, el dueño me gritó con entusiasmo: " ¿Quieres que me saque una foto contigo?" No me gusta sacarme fotos con personas que no conozca de nada aunque estas personas seas famosas, pero con él, hice una excepción.

Le entregué mi teléfono móvil a uno de los empleados, que no podía disimular su orgullo y satisfacción, de tener un jefe así, de trabajar en un negocio así y de tener clientes como yo, mientras nos sacaba varias fotos a ambos. Su jefe posó a mi lado con una sonrisa mientras hacía con la mano el símbolo de la victoria. Sus sentimientos trascendían mas allá de tener un cliente mas.

Este artículo no sirve para parar el sufrimiento de los civiles de la franja de Gaza y Cisjordania. Pero que sepa el pueblo palestino que estamos en contra de sus ocupantes, torturadores y verdugos durante décadas. Ellos se lo buscaron.

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MALEMÁTICAS CCCXXIX: gráficos "pelín" manipulados en El Mundo

MALEMÁTICAS CCCXXIX: gráficos "pelín" manipulados en El Mundo

El Mundo ha publicado un artículo sobre las evolución de los precios de los combustibles en la última semana donde emplea unos gráficos que exageran muchísimo la subida al realizar un truncado del eje vertical. Si no si hubiera realizado esa manipulación, los gráficos tendrían una apariencia como esta:

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Arrasar una sala de conciertos

Arrasar una sala de conciertos

Se puede echar abajo un auditorio con música. No literalmente, claro. Pero hay una obra llamada "Krzesany", del compositor polaco Wojciech Kilar, que lo consigue casi en todos los sentidos. Este buen señor, fue el autor de las bandas sonoras de El Pianista y Drácula (la de Coppola), varias películas de Polansky, entre otras, y es un autor de obras orquestales contemporáneas muy reconocido en el mundo musical.

Krzesany es el nombre de una danza del folklore polaco, lo que se expresa con claridad al final de la obra.

Puede oírse entera aquí (son sólo 17 minutos):

www.youtube.com/watch?v=0T9wZvdTNvs

Sólo por curiosidad, os sugiero que lleguéis a oírlo hasta el final. Para quien no quiera oírla entera, aquí creo que es un buen momento para tomar una impresión de lo que viene:

youtu.be/0T9wZvdTNvs?t=691

(Además de los violines se oye un golpeteo: son los arcos de los contrabajos golpeando las cuerdas)

Empieza a formarse una especie de ola amenazante con las cuerdas en divisi, es decir, tocando por secciones melodías separadas, y los timbales (tres percusionistas nada menos, es decir, seis timbales tocando a la vez) produciendo un tronar constante.

Y va in crescendo, a lo bestia hasta que llegamos aquí, donde la orquesta cambia abruptamente a esta música alegre, festiva, brillante, propia de las canciones populares:

youtu.be/0T9wZvdTNvs?t=811

Y aquí viene el final arrollador. Cuando parece que es esta canción la que se va a llevar el protagonismo empiezan a entrar instrumentos con disarmonías, improvisaciones, ruido, truenos, rayos y berridos. Todo es un caos hasta que la sección de viento entera se levanta. Sí, sí, los músicos se levantan de sus asientos y trompas, trompetas, trombones tocan un acorde atronador que pasa por encima de todo como un tsunami y... fin.

Sé que no es del gusto de todos los públicos. Tuve la suerte de oírla hace poco tocada por la OCNE dirigida por Krzysztof Urbański, el mismo director que aparece en el vídeo. Aseguro que en vivo hace que te tiemblen hasta los huesos por dentro.

Espero que alguien lo haya disfrutado tanto como yo.

Por cierto, sé que no siempre es posible, pero esta obra pierde todo su efecto si se oye en el móvil o con unos altavoces pequeños. Si es posible, mejor con unos auriculares de calidad o ya puestos, un buen equipo de sonido a volumen adecuado, es decir, ALTO

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Doble troleada en la portada de una revista sobre historia

Doble troleada en la portada de una revista sobre historia

La editorial Desperta Ferro, que está especializada en temas históricos, edita la revista "Arqueología e Historia" que dedica su número 63 a los vascones. La ilustración de la portada es una clara referencia a Dani Rovira y Clara Lago de la película "Ocho apellidos vascos", pero no es esta la principal troleada que aparece, ya que si observamos al hombre, podemos ver que lleva al cuello la Mano de Irulegui, una pieza arqueológica en que algunos investigadores han interpretado inscripciones vascónicas. Pues bien, en la ilustración se puede ver que se ha puesto la palabra "ESPAÑA".

Esto ha sentado fatal a la editorial que ha decidido quitar de la circulación ese número de la revista.

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Cuba acaba de anunciar la opción cero

Aún no es oficial, pero a través de conocidos cubanos, de Instagram y de Facebook he confirmado la noticia.

Cuba acaba de confirmar la implantación de la opción cero, por lo que deja de garantizarse electricidad, gas y transporte. Se ha anunciado oficialmente hace solamente unos pocos minutos.

De momento no se conoce la duración y alcance profundo de esta medida, pero a fecha de ayer, había cuatro horas de electricidad diaria en la Habana y dos en las provincias interiores más afortunadas.

Por lo pronto, esto afecta también a los hospitales e incluye la prohibición de decirle a nadie que el servicio se ha detenido. La medida combina una paralización de los servicios y la prohibición absoluta de declararlos como tales. Se debe, por tanto, decir a los ciudadanos que pasen por los centros sanitarios, aunque no puedan ser atendidos. Lo mismo sucede con otros servicios similares.

Esto afecta a su vez a gran cantidad de centros de trabajo, a los que se seguiría exigiendo la asistencia a los trabajadores a pesar de la paralización de la actividad.

Al parecer, ya se han producido algunas detenciones por informar de esta medida a la prensa internacional, algo que está severamente prohibido.

En estos momentos no se recoge la basura y más del 90% de las tiendas están cerradas, mientras que las pocas que permanecen abiertas están completamente desabastecidas. La situación de los cubanos es ahora mismo catastrófica.

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La mayor prueba de que la tauromaquia ya no es cultura

Es innegable que la tauromaquia fue cultura en el pasado, en tiempos mas atrasados y primitivos, como también lo fue la vida en las cavernas, o el sacrificar bebés humanos a los dioses para que lloviera. Pero precisamente la mayor prueba que podéis tener de que la tauromaquia solo fue cultura en el pasado y ya no es cultura en el presente es muy simple: que el lobby taurino se niega en redondo a que se haga un referéndum a la ciudadanía, no ya sobre si prohibir o no la tauromaquia, sino siquiera sobre si poner una casilla en la declaración de la renta para que a la tauromaquia la financie solo quien la quiera financiar con sus impuestos.

Últimamente se ha puesto de moda entre los comentaristas taurinos decir que la tauromaquia ha renacido, que se ha puesto en auge otra vez. Cada vez que les leo eso, pienso: "sí, con el dinero ajeno". Sin el dinero de los impuestos de los antitaurinos, ya veríamos cuál sería el "auge" actual de la tauromaquia.

Un taurino tiene la libertad de ir a una corrida de toros si quiere. Sin embargo, un antitaurino tiene que pagar esa corrida forzosamente, quiera o no, con sus impuestos, pues no le permiten expresarse en referéndum. Esta es la famosa "libertad de la tauromaquia" de la que nos vienen hablando últimamente, la libertad, y el "auge", que da el dinero ajeno.

Esta es la mayor prueba que podéis tener de que la tauromaquia ya no es cultura. La tauromaquia moderna es solo un robo de dinero de unos a otros, blanqueado con maltrato animal.

O quizá no esté de mas introducir aquí una especificación conceptual: puede que la tauromaquia siga siendo cultura hoy día, pero si la tauromaquia es cultura de algo en la actualidad, es cultura de la incultura, del atraso, de la irracionalidad, de la bajeza, de la vileza, de la irresponsabilidad, y del maltrato innecesario e injustificable. Es decir, una cultura negativa, regresiva, destructiva. Y por supuesto, aun así, ya no es una cultura de todos, como debe ser toda cultura, solo de un residuo imbécil, que también reinstauraría el sacrificio de bebés humanos a los dioses para que llueva, el echar presos a los leones, o la vuelta a la vida en las cavernas.

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El elefante en la habitación de la crisis del periodismo

Llevamos bastante tiempo hablando de la crisis del periodismo, de cómo los medios tradicionales pierden audiencia y lectores en favor de las redes sociales, los algoritmos y otras opciones más modernas, pero hay un elefante en esa habitación que nadie quiere señalar. Voy a intentarlo.

Empecé a escribir en prensa en 1984, en un preiódico local de la Bañeza (León) llamado Bedunia. En 1987 ya escribía en un periódico provincial y publiqué por primera vez en un periódico nacional en 1991. No os cuento esto para deciros que fui un buen periodista, pero sí para aseguraros que he visto muchos tipos de redacciones y de medios, y las he visto desde más puntos de vista de los que soy ahora capaz de recordar.

La cuestión, tirando de mi archivo y del trastero de casa de mis padres, es que en 1994, el Diario de León de un día cualquiera de Marzo tenía 56 páginas, y contenía 89 artículos, entre los largos y los cortos. En 1998, un día entre semana de septiembre, La Opinión de Zamora tenía 48 páginas y conté 73 artículos.

Cuando escribías una pieza para uno de esos medios, contabas con que la leyese la gente de su ámbito de influencia un día, y que luego el peródico se fuese a envolver bocatas, sin esperanza alguna de que alguien siguiera consultándolo durante meses o años. Y podía haber noticias o no todos los días, pero el periódico salía a diario y había que buscarse la vida para llenarlo con temas que impulsasen a tus lectores a pasar por el kiosco a llevarse el periódico bajo el brazo, con la barra de pan.

Y ahora, cualquiera lo podéis comprobar, pretenden hacer un periódico con 10, 12, o 20 noticias diarias como mucho. Que si digitales, que si el coño de la Bernarda, pero la cifra es esa. Y con los suplementos culturales semanales pasa otro tanto. ¿Cuántas piezas publicaba semanalmente Babelia o XLSemanal, o Interviú (tetas aparte)? Lo he comprobado y andan entre 60 y 80, y contaban con más de 100 páginas por número. Semanal.

Una de las mejores revistas culturales de hoy en día es Jotdown, y citaré luego a Ángel para preguntarle, pero no creo que publique más de 25-30 artículos por semana. Los mismo se puede ver en Revistas como el Cultural o Babelia. Sacan 25-30 artículos por semana como mucho.

Y eso es lo que pasa. Al menos parte de lo que pasa. Los periódicos se han reducido terriblemente, repitiénndose unos a otros, sin tomarse la molestia de añadir temas, de salir de su nicho, de ampliar hasta el absurdo buscando el interés de más y más diversos lectores. ¿Pero qué os pensábais? ¿que en el Diario de León o en la Opinión de Zamora trabajaban cincuenta personas para escribir todo aquello a diario? Había diez, doce, catorce trabajadores, que se hacían el puto periódico entero todos los días del año, y escribían como galeotes. ¿De dónde creéis que salió mi facilidad para, de un modo u otro, escribir un artículo en media hora? ¿Y de dónde pensáis que salió mi maldita indiferencia con las erratas? De que había un tío que lo corregía todo, una especie de Pemán con mala uva, porque lo tuyo era escribir lo que fuese a toda hostia, y llenar el hueco de ese anuncio que se cayó a media hora del cierre.

Y ahora escriben la cuarta parte, ofrecen la cuarta parte, y esperan que el lector los valore igual. Un lector que, además, tuvo aquella experiencia, porque muchos de los lectores de prensa pasan ampliamente de los cincuenta.

Pues no, oye. Pues no, oye, cuando me ofrezcas sesenta páginas con ochenta artículos, en un periódico local, lo hablamos. Cuando me ofrezcas 120 páginas con 100 artículos en un cultural semanal, lo veré de otro modo, incluso cuando no traiga tías en bolas. Mientras vayamos a la reduflación, sólo dejaremos hueco para la competencia amateur, para que cuatro amigos puedan fundar una cabecera digital que se lleve su porcioncita del pastel, para que el producto final se acerque cada día un poco más a lo que la gente no acaba de apreciar del todo.

Y mira que no me beneficia nada decir esto, pero creo que por una vez hay que señalar a este elefante. Es necesario.

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El hombre que murió sin morir (Ayahuasca)

La noche antes de beber la medicina, soñé que me ahogaba en un río de tinta.

Esto es lo que no te dicen sobre el sufrimiento: que eventualmente te vuelves adicto a tu propia agonía. Que el ego, esa entidad fantasmal que habita el espacio entre quiénes creemos ser y la nada que realmente somos, se alimenta tanto del dolor como del placer. Que después de suficiente tiempo, ya no sabes la diferencia entre existir y defenderte de la existencia.

Durante años viví como un hombre que construye murallas. Cada logro era un ladrillo. Cada mentira, argamasa. Cada acto de generosidad calculada, un torreón desde el cual observar mi superioridad. Mi belleza, mi inteligencia, mi sensibilidad artística... todo lo que podría haber sido simplemente parte de mí se convirtió en munición para la guerra interminable contra mi propia insignificancia.

La doctrina budista tiene una palabra para esto: dukkha. Occidente la traduce como "sufrimiento", pero esa traducción es demasiado pequeña, demasiado limpia. Dukkha es el roce constante de un hueso dislocado. Es la sed que nunca se sacia. Es el sabor metálico del miedo que acompaña cada respiración cuando vives creyendo que eres algo que debe ser protegido, alimentado, perpetuado, cuando vives creyendo que "eres“.

Mi padre murió un martes.

Los budistas hablan del anicca, la impermanencia. Todo lo compuesto se descompone. Todo lo que nace, muere. Pero cuando tu padre deja de respirar en una cama de hospital mientras tú sostienes su mano, el concepto se vuelve carne. La impermanencia deja de ser filosofía y se convierte en el sonido de un monitor que emite un tono continuo, la temperatura decreciente de la piel, el peso imposible de la ausencia.

Después vinieron las otras pequeñas muertes: el trabajo que se evaporó, el dinero que nunca llegó, el cuerpo que comenzó a traicionarme con síntomas que ningún doctor podía nombrar. Me convertí en un hombre hecho de polvo mantenido junto solo por el hábito de la cohesión.

Y aún así, el ego persistía. Incluso en la ruina, especialmente en la ruina, se aferraba más fuerte. "Mira cuánto sufro", susurraba. "Mira lo especial que es mi dolor."

La neurociencia moderna ha descubierto algo extraordinario: que el cerebro tiene una estructura llamada Red Neuronal por Defecto, un sistema que se activa cuando no estamos enfocados en tareas externas. Es el autor de la narrativa del yo, el guionista que convierte el caos de la experiencia sensorial en la telenovela coherente que llamamos "mi vida". Es la voz que comenta, juzga, compara, planea, recuerda, lamenta.

Cada noche, cuando nos hundimos en el sueño profundo, esta red se silencia. Por unos minutos preciosos, el narrador abandona el teatro. La obra continúa sin protagonista. Pero ocurre en la oscuridad, sin audiencia, y al amanecer el actor vuelve al escenario sin recordar que alguna vez existió algo más allá del papel que interpreta.

La ayahuasca no es iluminación en una botella. Es demolición líquida.

La ceremonia ocurrió en una casa a las afueras de la ciudad, un lugar donde las luces de la civilización aún eran visibles pero ya no importaban. Doce extraños sentados en círculo, cada uno cargando su propio peso de desesperación sin nombre. El curandero -un hombre cuya edad era imposible de determinar- sirvió el brebaje en pequeñas copas de cerámica. Sabía a tierra, a muerte vegetal, a todo lo que las ciudades nos enseñan a olvidar.

"Esto te mostrará lo que necesitas ver", dijo. "No lo que quieres ver."

Treinta minutos después, el mundo se desintegró.

La dimetiltriptamina, el principio activo de la ayahuasca, es la única sustancia psicodélica que el cuerpo humano produce naturalmente. Está en tu cerebro ahora mismo, en cantidades traza. Algunos investigadores creen que se libera en grandes cantidades durante el nacimiento y la muerte, que químicamente hablando, nacer y morir se sienten exactamente igual. Que quizás todo lo que llamamos "vida" es solo el espacio entre dos experiencias de DMT.

Cuando la molécula inundó mi cerebro, no experimenté visiones celestiales o encuentros con entidades cósmicas. Experimenté algo mucho más aterrador: la verdad.

Vi cada vez que había elegido la imagen sobre la autenticidad. Vi la pornografía no como placer sino como anestesia, el onanismo como un intento desesperado de tocarme a mí mismo porque nadie más podía alcanzar al hombre detrás de la máscara. Vi mi generosidad como chantaje emocional, mi inteligencia como un muro, mi dolor como vanidad. Vi que había construido una persona entera a partir de reacciones, que "yo" era solo un contrato social sostenido por el miedo a la disolución.

Los budistas llaman a esto anatta: no-yo. No que no existas, sino que no existes de la manera que crees. Que la sensación de ser un sujeto sólido, continuo, separado, es una ilusión cognitiva, un truco de la conciencia tan convincente que pasamos vidas enteras sin cuestionarlo.

Durante cuatro horas, ese truco dejó de funcionar.

Vomité. Lloré. Grité en idiomas que no conozco. En algún momento, dejé de saber dónde terminaba mi cuerpo y dónde comenzaba el suelo. El curandero cantaba ícaros -canciones medicina- pero sonaban como si vinieran desde dentro de mi propio cráneo.

Entonces llegó el momento que no tengo palabras para describir.

El "yo" simplemente... cesó.

No me disocié. No me desmayé. La conciencia permaneció, más brillante y más vasta que nunca. Pero el punto de vista, la sensación de que había alguien experimentando la experiencia, se evaporó. Era como si toda mi vida hubiera estado mirando el mundo a través de un caleidoscopio, y de repente alguien había quitado el tubo y todo era solo luz, sin fragmentación, sin intermediario.

Los místicos cristianos lo llaman unión mística. Los sufíes: fana, aniquilación. Los budistas zen: kensho, ver la naturaleza verdadera. Pero todos están apuntando al mismo territorio inefable: el momento en que el mapa del yo se quema y descubres que nunca fuiste el cartógrafo. Siempre fuiste el territorio.

No sé cuánto duró. El tiempo había dejado de ser lineal. Pero eventualmente, como una marea, el ego regresó. Excepto que ahora sabía -no creía, sabía- que era una construcción. Útil, quizás necesaria para funcionar en el mundo, pero no más real que un personaje en una obra de teatro.

Los días que siguieron fueron un naufragio en cámara lenta.

La integración -el proceso de tejer la experiencia psicodélica de vuelta a la vida ordinaria- es donde la mayoría de las personas fallan. Tienes el destello, el kensho, y luego regresas al mundo que te exige ser alguien: un trabajador, un hijo, un ciudadano, una identidad. El ego no muere fácilmente. Se reagrupa. Negocia. Incluso trata de apropiarse de la experiencia: "Mira, tuve una experiencia espiritual. Ahora soy aún más especial."

Pero algo en mí estaba roto de una manera que no podía ser reparada. O quizás algo estaba reparado de una manera que no podía ser rota nuevamente.

Durante semanas, caminé en niebla. Perdí grandes franjas de memoria. Personas me contaban historias sobre "nuestro pasado" y sonaban como anécdotas sobre un extraño que compartía mi nombre. No era amnesia en el sentido clínico. Era más como si el pegamento que había sostenido la narrativa de "mi vida" se hubiera disuelto, y los eventos ahora flotaban libremente, sin dueño.

Los neurocientíficos que estudian experiencias místicas han descubierto que pueden causar lo que llaman "interrupción de la continuidad autobiográfica". El sentido de ser la misma persona que ayer, que hace diez años, se basa en redes cerebrales específicas. Cuando esas redes se interrumpen —por meditación profunda, por psicodélicos, por ciertos tipos de trauma— la historia del yo puede fragmentarse, reescribirse, o simplemente dejarse ir.

Entonces, un martes sin importancia, mientras preparaba café en mi cocina, me rendí.

No fue dramático. No hubo decisión consciente. Fue más como exhalar después de contener la respiración durante décadas. El esfuerzo de mantener la persona que había sido simplemente... se detuvo.

Aquí está la cosa extraña sobre la rendición: parece la muerte pero se siente como nacimiento.

Las conductas que habían definido mi existencia -la pornografía, el onanismo compulsivo, la búsqueda desesperada de validación externa- simplemente dejaron de interesarme. No por fuerza de voluntad o represión, sino de la misma manera que dejas de jugar con juguetes de niño. No porque los juguetes sean malos, sino porque has superado la etapa en la que proporcionan lo que necesitas.

Hice algo aún más extraño: comencé a inventar historias falsas sobre mí mismo. Le conté a amigos que había visitado prostíbulos, que había tenido problemas con el alcohol ... cosas que nunca sucedieron. Cuando me preguntaban por qué mentía, no podía explicarlo excepto diciendo que la perfección percibida se sentía como otra prisión. Que si la gente me veía como inmaculado, estaban viendo otro ego, solo que uno más pulido. Y yo quería ser visto como lo que realmente era: nadie en particular. Ordinario. Humano. Imperfectamente real.

Los budistas tienen un concepto llamado upaya, medios hábiles. A veces, para liberarte de una trampa, necesitas una trampa más grande. A veces, para matar al ego espiritual, necesitas profanar la imagen que otros tienen de ti. Incluso si eso significa mentir sobre quién eres para acercarte a no ser nadie.

Hoy, dos años después, vivo en la extraña tierra entre mundos.

Grandes secciones de mi pasado están ahora envueltas en bruma. Miro fotografías de "mí" en eventos que "asistí" y siento la distancia que se siente al mirar fotos de tus abuelos jóvenes. Reconocimiento sin identificación. La sensación de "eso sucedió", pero no "eso me sucedió a mí".

¿Es esto una pérdida? Los neurólogos podrían llamarlo disociación. Los psicólogos podrían preocuparse por fragmentación. Pero el camino budista no tiene como objetivo la preservación del yo. Tiene como objetivo ver a través del yo. Ver que el prisionero y el carcelero son la misma ficción. Que la puerta de la jaula siempre estuvo abierta porque nunca hubo jaula, solo el hábito de actuar como si la hubiera.

No recomiendo la ayahuasca. No recomiendo ningún camino particular. Los budistas tradicionales dirían que tomé un atajo peligroso, que el verdadero despertar viene de décadas de meditación disciplinada, no de una noche de química cerebral alterada. Y tienen razón, hasta cierto punto. El DMT puede romper el ego temporalmente, pero no te enseña cómo vivir sin él. Esa es la obra de toda una vida.

Pero tampoco me arrepiento. A veces necesitas que tu mundo explote para darte cuenta de que está hecho de escenografía. A veces necesitas morir para descubrir que la muerte es solo otra historia que el ego cuenta sobre lo que no puede controlar.

Esta mañana, preparé café nuevamente. Vi el vapor elevarse de la taza, sentí el calor atravesar la cerámica hacia mis palmas. Y por un momento, solo un momento, no había nadie allí para tener la experiencia. Solo la experiencia misma, autoconocida, sin observador. Luego el "yo" regresó, como siempre lo hace, porque esto es lo que hace la conciencia en forma humana: se olvida y se recuerda, una y otra vez, en un ritmo tan antiguo como respirar.

Pero ahora sé la diferencia. Sé que el yo es como las olas en el océano: real en su expresión momentánea, pero nunca separado del agua que lo compone. Y ese conocimiento, ese simple reconocimiento, cambia todo y nada.

Todavía pago las facturas. Todavía siento dolor. Todavía cometo errores. Pero ahora los errores no amenazan con destruirme, porque no hay un yo sólido que destruir. Solo patrones. Solo hábitos. Solo esta extraña, preciosa, ordinaria experiencia de ser temporalmente humano.

Los maestros zen dicen: "Antes de la iluminación, corta leña, carga agua. Después de la iluminación, corta leña, carga agua."

Todo sigue igual. Todo es completamente diferente. Y quizás esa paradoja es la única verdad que vale la pena conocer.

La taza se enfría en mis manos. La bebo de todos modos. Esto, también, es sagrado. Esto, también, desaparecerá.

Y yo, quien sea que sea yo, no podría estar más agradecido de presenciar su desvanecimiento.

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menéame