Hoy en el curro me ha pasado algo curioso. Mi jefa, me estaba echando una mano con un programa online. Estábamos los dos en mi pc, trasteando con mi navegado, con la mala fortuna que en ese momento tenía mi sesión personal abierta y mis marcadores abiertos en la barra superior. Uno de ellos era Menéame. Dudo que ella tenga idea de qué es el agregador del elefante naranja, y es muy probable que simplemente haya visto en alguna ojeada un acceso directo con el nombre "Menéame" en mi navegador. Por mi parte no hay problema en ello, dado que me siente valorado en el curro.
Pero después, al llegar a casa, y meterme a menear, he vuelto a ver el sempiterno peazo banner de las putas y alguna publicidad chorra más que siempre pulula por la portada, y eso me ha hecho pensar.
Imaginemos que a mi jefa le pica la curiosidad y en un momento random, de vuelta a casa, pone meneame en el buscador y se planta en esa misma portada sin más. Las sospechas ambiguas que de entrada genera el nombre de este sitio para los que no tienen ni idea de lo que es, se pueden ver alimentadas por un primer acceso rápido a la portada en la que aparece publicidad chorra y algo de "historia del sexo oral" o no se qué de putas... Imagino que pueda haber gente a la que todo esto no le resulte molesto, al contrario. Pero hay también mucha gente que puede haber llegado a mnm por casualidad (de entrada darle click a algo que se llama "menéame" ya requiere cierta, digamos fe) y al encontrarse con esta portada no se pare ni a leer titulares, y simplemente salga echando leches pensando "buff, más mierda".
Los que llevamos años aquí, no nos fijamos en estos detalles. Pero lo que me pasó hoy me ha hecho pensar (seguramente no soy el primero). Nos quejamos de que mnm no crece, que está estancado y tal. Pues no sé si nos estaremos metiendo un tiro en el pie con cierta publicidad en este aspecto.
(y ojo, esto no es una crítica al sacrosanto nombre de este sitio. Para nada)

Si vas a copiar algo, por lo menos hazlo del que lo hace bien, no como La Razón que ha publicado un artículo sobre la evolución del gasto en mantenimiento en la red ferroviaria en que utiliza los mismos datos erróneos de un artículo publicado por El Economista en julio del año pasado. El error era que, para calcular el gasto por millón de valor patrimonial de la infraestructura ferroviaria, hacían la división al revés y dividían el valor patrimonial entre el gasto, obteniendo un resultado absurdo. En su días ya dediqué un post a desmentir detalladamente el artículo de El Economista.
La pregunta es muy pertinente, y la respuesta corta es: tiene sentido para ciertos intereses y objetivos concretos, pero cada vez menos para el interés general del país. Voy por partes, separando qué lógica tiene, para quién, y por qué empieza a ser un problema estructural.
Desde el punto de vista del Estado central y de la ingeniería clásica de redes, el modelo radial tiene una lógica clara:
Aquí está la clave incómoda.
La alta velocidad es:
Cercanías y regionales no dan esos márgenes.
El 80–90% de los desplazamientos diarios no son de larga distancia. Son:
El AVE no sirve para eso.
Invertir miles de millones en AVE mientras Cercanías colapsa es como poner un ascensor de cristal en un edificio con las escaleras rotas.
En teoría: “conecta territorios”. En la práctica: aspira población hacia Madrid.
Facilita:
Resultado:
➡️ Más viajes
➡️ Más dependencia
➡️ Más saturación
➡️ Más fragilidad del sistema
La alta velocidad:
Es un sistema excelente para pocos trenes rápidos, no para una autopista ferroviaria masiva.
España ha confundido durante 30 años:
Cuando en realidad:
El AVE:
Solo tendría sentido si se dieran todas estas condiciones (que no se dan):
Sin eso, aumentar la alta velocidad centralizada en Madrid es acelerar un modelo que ya está tensado, caro y frágil.
Tiene sentido:
Tiene cada vez menos sentido:
No es de hace un mes ni de hace dos semanas. Es de hoy mismo.
Un allegado ha ido hoy, en Léon, a rellenar su solicitud de empleo, y ha sacado su número en una sala vacía, o semivacía, con cinco personas en total, y cuando le ha tocado su turno le han dicho que el número que ha sacado es para solicitar una cita previa, no para que lo atiendan.
No había nadie y le han dicho que vuelva el viernes, o el lunes, y eso tras largo debate, porque lo que querían era mandarlo para el martes o el miércoles siguiente. Cinco días para loq ue podían hacer ya mismo. ¿Qué menos?
E insisto en que no había nadie. Que aquello no era un atasco. Quie simplemente no quisieron atenderlo.
Circulaba por allí también un ecuatoriano al que no querían atender y al que finalmente lograron desviar a extranjería. Porque no, porque ellos no iban a atender a nadie sin cita previa, hubiese gente o no. Porque no estaban allí para atender a nadie. Hablo de Léon. HOY, 21 de enero de 2026.
La mala fama de los funcionarios administrativos viene de estas cosas. No están dispuestos a atenderte, pase lo que pase. Se desviven por no servirte. Se desviven literalmente por ser ellos los que determinan la cantidad de trabajo que van a hacer en todo el día, y eso, por supuesto, sin contar que jamás en la vida te van a encontrar un empleo en el Ecyl, como muy bien pueden refrendar las estadísticas al respecto.. Si acaso se te ocurre que pueden hacer algo por ti, abandona toda esperanza, como si estuvieses a las puertas del Infierno de Dante, porque ponen una cola para darte cita previa, en vez de para ayudarte, y estoy seguro de que el viernes. o el lunes, pondrán otra cola para gestionar cuándo atienden a los que tienen la cita.
La idea es que pierdas el tiempo, por hacerles trabajar, porque no quieren trabajar. ¿Cómo se te ocurre, pequeño ingénuo, pequeña mierdecilla, la idea de obligarlos a hacer algo después de haber sacado una oposición? Ellos ya trabajaron bastante para sacarse la plaza y tú tienes que plegarte a sus caprichos y a sus manías, porque para eso eres la cagarruta que eres, sujeta a la cita previa de los que no están haciendo nada pero pueden permitirse dos o tres vigilantes privados, en prevención de que te enfandes y exijas algo.
Dos vigilantes, oye, para cuatro funcionarios y cinco usuarios a los que no atienden. ¿Cual es la moraleja?
Cállate. Traga. Lárgate de aquí, pringado de los cojones. La palabra "ciudadano" pertenece al vocabulario klingon, o al élfico de Tolkien, pero ni se te ocurra pronunciarla aquí, que no estamos dispuestos a aceptarla. No vamos a trabajar porque tú necesites algo. No estamos para ti. No nos sale de los huevos hacer nada.
León, Castilla y León. Dos meses antes de las elecciones.
A ver si a alguien se le pasa por la cabeza decírselo a alguien que tenga un mínimo de autoridad o un mínimo de vergüenza y le da por tomar cartas en el asunto. Por aquello de que nos gustaría que nuestros servidores nos sirviesen. Así de excéntricos somos.
Por aquello de no reconocer que somos súbditos de un cacique de mierda.
Rarezas de gente que vive lejos de Madrid, joder.
Antes de que la IA te aconseje y se convierta en un indispensable, en que esté en tu día a día y se haga a ti y tú a ella, antes de que le des la razón en todo, y que la admires por su margen de acierto, antes de todo eso, recuerda en estos momentos qué vida vives.
Analízate por un momento.
Cuando la IA te diga qué ropa te sienta mejor, qué deberías comer hoy, cuánto ejercicio realizar o qué lugares visitar, recuerda en este momento tu gusto, tus películas favoritas, a tu calle o a tus vecinos.
Porque dejarás de escuchar la peor música, sólo existirían entonces los mejores artistas.
Tendrás ese cuerpo soñado, pues te dirán cómo esculpirlo con precisión.
Obedecerás.
Aún más.
Pero a ti mismo, sólo a ti mediante el algoritmo perfecto, adaptado a ti.
Para nadie más.
Tu vida será redonda, pues te despertarás a la hora que debes, desayunarás las calorías adecuadas, trabajarás diciendo a la IA cómo proceder, (en base a sus consejos, siempre) pararás en el minuto exacto que mejor conviene, mirarás por la ventana adecuada, y seguirás probando los mejores sabores.
El resto del día chatearas y hablarás con la IA, las mejores conversaciones, qué inteligente es, cuánto te conoce, cómo sabe... te gusta, ella te dice que te gusta, y tú la crees.
Es perfecta, siempre lo ha sido.
La IA poseerá cuerpo, el idóneo, y harás el amor con la máquina, se acabó la carne que envejece, los fluidos y olores.
El amor ahora sí que es inmortal.
Y en tu lecho de muerte, pensarás que has tenido la mejor de las vidas.
Porque así habrá sido.
Desde que naciste.
Y sonreirás.
Solo.
Pero feliz.
Del mundo que has (te han) creado.
Antes de que la IA te aconseje y se convierta en un indispensable, que la trates como lo haces con un animal obediente, que te respeta y te quiere, que no te miente y se alegra por ti aun sin ser humano. Antes de que ese egoísmo que te aísla se agrande, recuerda quién eres, y que todo lo que la IA te ofrece, también lo dan las personas.
Porque las IAs no saben crear, se basan en la realidad.
"La realidad".
Han aprendido por las personas, esas de las que poco a poco te alejas. Eso que te llena de la IA, procede, o al menos provenía, de una persona, pero prefieres huir sin moverte, evadirte, hasta el punto en que lo harás de ti mismo.
Lo mejor de la vida siempre ha estado alrededor, pero no lo sabrás hasta que una IA te lo diga.
Y ya será tarde, porque serás feliz.
Hoy voy a jugar a ser analista político. Como, además, me gusta presentarme como un cultureta, voy a aplicar un par de principios de filosofía de la ciencia al caso de Groenlandia, a ver si acierto en mi análisis o, por lo menos, le doy una pátina de credibilidad.
Vamos con la perorata.
El principio de mediocridad podemos encontrarlo bien definido en la siempre menospreciada pero imprescindible Wikipedia:
El principio de mediocridad es la noción, en filosofía de la ciencia, de que no existen observadores privilegiados para un fenómeno dado. El principio de mediocridad tiene aplicaciones en diversas disciplinas científicas:
En astronomía, el principio afirma que no existe nada intrínsecamente especial acerca de la Tierra y, por ende, tampoco del ser humano. En consecuencia, el principio de mediocridad sugiere que la vida extraterrestre debe ser relativamente común FFFFFen el universo, porque las condiciones que han originado la aparición de la vida y de la inteligencia en nuestro planeta deben darse también en un gran número de otros planetas.
En las ciencias sociales, el principio de mediocridad afirma que no existe nada intrínsecamente especial acerca de «este» (cualquier) momento histórico, y se utiliza para estimar la duración posible de sucesos en curso acerca de los que se tienen pocos datos.
En primer lugar, deberíamos tener en cuenta que las ciencias sociales son blandas. Hay un interminable debate al respecto, pero mi postura es que estas pueden desarrollar leyes de menor generalidad y de resultados más pobres que sus hermanas duras, pero no por ello dejan de ser analizables mediante el método científico: este seguirá siendo totalmente válido, solo que sus resultados muchas veces serán del tipo “eso no se puede saber” o “es una posibilidad entre otras”.
Si aplicamos el principio de mediocridad a cualquier momento en el tiempo, como es el presente, nos dice que lo más probable es que ese momento histórico no tenga nada de especial. Traducido a la disciplina histórica, significa que los procesos sociales que ésta describe suelen tener una duración considerable. El astrofísico Richard Gott propuso que, si no tienes ninguna información especial sobre en qué momento de un proceso te encuentras, lo más probable es que estés en algún punto intermedio (el 95% central) y no en el principio ni en el final. Nuestra percepción, sin embargo, es que siempre estamos en un momento clave, sensación que creo vinculada a nuestro natural ego y potenciada por los medios de comunicación y el tipo de sociedad de consumo en el que nos movemos en el presente.
Apliquemos esta idea al tema de Groenlandia. Lo más probable es que se resuelva como lo han hecho las distintas disputas en este contexto histórico. Por ejemplo, muchos opinan que es una muestra del proceso histórico de decadencia del imperio americano, siguiendo aquella supuesta ley histórica (recordemos lo que hemos dicho de esas leyes) que dicta que cuando un imperio decae intenta contrarrestarlo con mayor agresividad, muchas veces mediante conquistas militares. Siguiendo el principio de mediocridad, aunque diésemos esa idea por cierta, tendríamos que afirmar que lo más probable es que estemos en un punto intermedio del proceso, lo que traducido al román paladín es que es poco probable que sea este el momento en que ocurra un hecho espectacular que de por finiquitado el proceso, como el inicio de la III Guerra Mundial.
Aplicándolo a todas las tendencias históricas que podemos apreciar en el momento histórico del presente, podemos apostar que la crisis de Groenlandia se resolverá sin que ninguna de estas varíe significativamente. Esto significa que los Estados Unidos van a continuar con su posición hegemónica y con su política de fuerza, que la OTAN va a seguir siendo la alianza que todos conocemos, que la Unión Europea va a continuar su proceso de descomposición e irrelevancia internacional y que la tradicional alianza-vasallaje del bloque occidental va a continuar. Teniendo en cuenta estos parámetros, apuesto a que lo más probable es que se llegue a un acuerdo, favorable a Trump y maquillado por los líderes europeos como un mal menor y una muestra de la firmeza y resolución de los mismos, cuando es todo lo contrario. Para mojarme más, supongo que se llegará a un acuerdo que implicará mano libre a los estadounidenses para instalar cuantos equipos militares e infraestructuras consideren necesarias en la isla, además de la propiedad de facto de todas las riquezas minerales para sus empresas. El resto de países de la OTAN, o al menos los europeos, incluso participarán aumentando su presencima militar allí, pero bajo mando americano, es decir, un tributo. Por supuesto, el gasto social que representa mantener el nivel de vida de los groenlandeses va a seguir corriendo a cuenta de los daneses. Esta sumisión será vendida como una victoria europea, al igual que se hizo con el anterior acuerdo arancelario.
Sin embargo, también cabe citar otro principio que voy a citar como excusa: el problema de la inducción. Esta vez voy a dejar que sea la IA la que nos explique la fábula del pavo inductivista. Solo por el nombre ya me cautivó:
El problema de la inducción es uno de los dilemas más profundos de la epistemología. Aunque fue planteado originalmente por David Hume, Bertrand Russell lo popularizó y lo explicó de forma brillante en su libro Los problemas de la filosofía (1912).
Russell plantea que todo nuestro conocimiento sobre el futuro y las leyes de la naturaleza se basa en la inducción: la creencia de que, porque algo ha sucedido siempre de la misma manera en el pasado, volverá a suceder igual en el futuro.
Aquí te explico los puntos clave según Russell:
Para ilustrar lo peligroso que es confiar ciegamente en la inducción, Russell utilizó el ejemplo de un pollo (que más tarde otros autores como Alan Chalmers convirtieron en un pavo).
El pollo nota que el granjero viene todas las mañanas a las 9:00 a. m. para darle de comer.
Como buen «inductivista», el pollo no saca conclusiones precipitadas. Espera a acumular muchas observaciones: días soleados, días lluviosos, días fríos y calurosos.
Finalmente, tras cientos de días de repetición, el pollo concluye con total certeza científica: «Siempre que viene el granjero a las 9:00 a.m., me dan de comer».
Sin embargo, llega la víspera de Navidad y el granjero aparece a las 9:00 a.m., pero esta vez no trae comida, sino que le corta el cuello al pollo.
La lección: Un gran número de experiencias pasadas positivas no garantiza que el futuro sea igual.
Aplicado al análisis de la Historia, hemos de decir que lo que solemos extraer de ella suele ser conocimiento inductivo: a través de los distintos ciclos dados en el pasado, intentamos ver en qué punto estamos en el presente, considerando que son repetitivos. En otras palabras, que hasta ahora ninguno de estos fenómenos haya variado las tendencias geopolíticas significa dos cosas:
1 - Si se quiere apostar, lo más probable es que el conflicto acabe con otro acuerdo favorable a EE. UU. Las probabilidades están a nuestro favor.
2 - Hemos dicho probabilidades. Que afirmemos que hoy no lloverá basándonos en nuestro análisis del cielo despejado significa que tenemos más posibilidades de acertar que de fallar, no que podamos asegurar que no ocurra. Si al pavo inductivo le tuviéramos que indicar, en un día al azar, si verá un nuevo amanecer, podríamos afirmarle que lo más probable es que sí, pero subrayando ese adjetivo. Por ejemplo, si me hubiesen preguntado si apostaría a que Putin iba a invadir Ucrania o no, podría haber escrito un artículo parecido a este, explicando mis razones para apostar, equivocadamente, por la paz.
Al despertar, me han sobresaltado estas dos ocurrencias.
—
*Primera:
Las generaciones pasadas aprendieron a ser trabajadores.
Nuestras generaciones a ser consumidores.
Las futuras generaciones no aprenderán nada: serán nada.
*Segunda:
Introduce en tu cabeza que no razona contenido basura, que es un eufemismo de llena tu cabeza de mierda con mierda.
—
Me he quedado pensando. Aún continúo. Son ocurrencias que no sé de dónde surgen, qué en mi forma de ser las puede producir. Qué influencias externas o internas logra que las fabrique.
Y de repente, he tenido el deseo de irme, alejarme y dejar abandonado a todo y a todos. Otra ocurrencia sobre que si terminara con mi trabajo, aprovecharía el tiempo de prestación por paro y el dinero ahorrado para irme, donde fuese. Dejaría de lado a mi pareja, familia y amigos. Me iría por ejemplo a recorrer El Camino de Santiago, qué sé yo, a viajar, andar sin rumbo por el país.
El dinero se iría agotando, lo que significaría una cuenta atrás.
Cuando llegase a cero, ¿qué haría? ¿Volvería a mi lugar de origen, como un nuevo inicio en todos los sentidos? ¿Me quedaría penitente donde tocase en ese viaje? ¿O cometería el acto atroz de acabar con mi vida?
Si, total, se dice que el futuro va a peor, que de libertad tendremos poco y que esto del consumismo va a más. Por otro lado va a menos quienes pueden permitirse un hogar, y comprobando cómo se encarecen los vehículos, hasta comprar un coche va a ser inviable. Ya no todos pueden o podrán cumplir o conseguir necesidades y derechos básicos. Menos familias, más individualismos, bienes y servicios. Todos integrados a una forma de ser.
Se está quedando un mundo raro, del que ya tengo dudas si va a estallar por algún lado, de tan mansos que estamos, de tan confusos y perdidos sobre cómo provocar un cambio. Sinceramente, esto ya no va a ir a mejor, hay que asumirlo.
Así que, ¿por qué no disfrutar ahora? Mando a la M todo y, con puro egoísmo, me largo y consumo hasta el último euro al mismo tiempo que consumo mi vida. Eso dará más fuerza a quienes mandan, compran y venden, dulce ironía, pero me permitirá ser libre aunque sea por un tiempo, a sabiendas que en el futuro ya será imposible pensar, de tan saturados que estamos, llena la cabeza de información y problemas reales o impuestos, mezcla de ilusiones que ya no se diferencian de los pensamientos y deseos genuinos.
Quién sabe si lo haré, quién sabe si es sólo un estado de ánimo que mañana olvidaré. Un fantasía del momento que, razonada, se evaporará.
¿Quién sabe? Ahí está la cuestión.
El discurso del canciller alemán en Davos marca un nuevo capítulo —mucho más explícito— de la Zeitenwende (“cambio de era”) anunciada tras la invasión rusa de Ucrania. Ya no se trata solo de reaccionar a una crisis puntual, sino de asumir que el orden internacional posterior a la Guerra Fría ha terminado.
El mensaje central es claro: hemos entrado en una era de política de grandes potencias, donde el poder —militar, económico y tecnológico— vuelve a ser decisivo. Alemania y Europa, según el canciller, no pueden limitarse a apelar a valores; necesitan también capacidad real para defenderlos.
El discurso aborda de forma directa las tensiones recientes con EE. UU., incluida Groenlandia. Alemania respalda una mayor presencia de la OTAN en el Ártico, pero deja una línea roja clara: la soberanía y la integridad territorial no son negociables, ni siquiera entre aliados.
También se lanza una advertencia velada sobre los aranceles: una guerra comercial transatlántica debilitaría a ambos frente a China y Rusia.
La Zeitenwende ya no es solo un concepto defensivo o reactivo. Se está convirtiendo en un proyecto integral que combina:
Para bien o para mal, Alemania parece dispuesta a abandonar su papel de potencia “reticente” y asumir un liderazgo más clásico en Europa.
La pregunta abierta es si el resto de la UE seguirá ese ritmo —y si las sociedades europeas están preparadas para el coste político y social de este cambio de era.
En inglés existe el acrónimo FOMO que explica muy bien todo lo que está pasando en los últimos tiempos, especialmente con el tema de la IA generativa. FOMO significa Fear of missing out o en español "miedo a perderse algo".
Si sois tan masoquistas de usar esa red social llamada Linkedln os habreis topado alguna vez con los post de Guillermo Rauch. Creador de Nextjs y conocido amigo de Netanyahu.
Rauch lleva una temporada desatado metiendo miedo. Todos los post van a la yugular con el objetivo de generar FOMO. Un ejemplo de ahora mismo:

"Antes era polémico afirmar que existían los ingenieros 10x. La gente se alteraba mucho. Pues les tengo noticias. La IA ha creado ingenieros 100x, y posiblemente 1000x. Es hora de actualizar esos planes de contratación."
Basicamente está diciendo: ojo no contrates humanos que la IA es mil veces mejor (literalmente)
Veamos otro ejemplo:

"Hay una aplicación que uso con frecuencia y que tiene fallos. Estoy sopesando si debería enviar mis comentarios y esperar que los creadores le presten atención, o si debería reconstruirla desde cero con IA.
Es una aplicación muy pequeña, así que es factible que yo lo haga. Pero si te dedicas a vender software, así es como están pensando todos tus clientes ahora, o como pensarán dentro de poco."
Aquí nos está diciendo que cualquiera puede copiar o reescribir cualquier aplicación o negocio con la IA. Asi de facil y sencillo. De nuevo, está generando FOMO.
Cualquier desarrollador que haya usado la IA generativa, ya sea con agentes, Cursor o como sea sabe que la calidad de la respuesta depende del prompt (el mensaje), y sabe perfectamente que sin tener conocimientos algunos solo puede generar un software deficiente.
Y más allá código, el éxito de cualquier empresa o startup require de muchísimos más parámetros: velocidad, capacidad operativa, capacidad de captar clientes, capacidad de captar dinero de inversores, etc etc.
Guillermo Rauch sabe esto perfectamente, y es que el es uno de los ganadores de la IA. Su negocio consiste precisamente en hospedar en la nube todas esas "ideas" regurgitadas por los LLM. Su negocio es precisamente atraer ingenuos que piensan que pueden competir con Uber, con Delivero, con Spotify. Suerte con ello.
Para concluir otro post de nuestro querido Guillermo:

"Los agentes de codificación cometen muchos errores. Son lo suficientemente inteligentes como para corregirlos, pero malgastan tiempo y tokens.
vO de Vercel se centra en ciclos de iteración extremadamente rápidos y en minimizar la cantidad de errores que generamos."
Ah, la guinda del pastel. Ahora los agentes cometen muchos errores y son muy caros. ¿En que quedamos Guillermo? ¿Solo tu agente vale?
No puedo dar ningún consejo al respecto. El sector está enloquecido. No puedo recomendar que no useis la IA porque podeis correr el riesgo de quedaros atrás, son prácticas y pueden ayudar en muchas tareas. Pero no son más de lo que fué el AutoCad para los arquitectos.
Hay una gran diferencia entre recomendar una herramienta y lo que hace Guillermo y muchos otros: vender humo, que además es tóxico.
"Yo formaba parte de esa extraña raza de personas, acertadamente descrita por pasar sus vidas haciendo cosas que detestan para ganar dinero que no quieren, para comprar cosas que no necesitan, para impresionar a gente que les desagrada."
Aunque algunos os sonará del Club de la Lucha:
“Compramos cosas que no necesitamos con dinero que no tenemos para impresionar a gente que ni siquiera nos gusta”
menéame