Todos recordamos las viñetas satíricas contra Mahoma en las que, con muy mala leche, se le colocaba en circunstancias y posiciones claramente humillantes para los musulmanes. Es la esencia de la sátira: tocar las narices a unos, provocar una sonrisa a otros y, de paso, transmitir un mensaje de denuncia. Yo no habría hecho esas caricaturas, porque ofendían los sentimientos más profundos de millones de personas, la inmensa mayoría de las cuales son pacíficas, rechazan la violencia y simplemente quieren vivir su fe. Pero era un...