El ser humano no está preparado para el contexto actual. Durante miles de años, el objetivo fue sobrevivir. Hoy, en cambio, el desafío es vivir. Y ahí aparece el problema. La riqueza material ha crecido de forma exponencial, pero la estructura mental sigue anclada en la escasez. El error está en seguir asociando el éxito con quien gana más, cuando en realidad ese modelo responde a una lógica antigua. Quienes llegan al final de la vida no se arrepienten de haber tenido poca riqueza, sino de haber vivido poco.