El nuevo estudio utilizó resonancias magnéticas para revelar que el bostezo reorganiza el flujo del líquido cefalorraquídeo fuera del cerebro. Este líquido ayuda a eliminar desechos y transportar sustancias químicas esenciales, manteniendo el equilibrio de presión y la salud del órgano. El estudio evaluó cómo el bostezo afectaba las vías de circulación del líquido cerca del tronco encefálico y la parte superior de la columna en 22 participantes sanos, comparándolo con la respiración normal, la respiración profunda y los bostezos reprimidos.
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