En los años treinta, cuando la Unión Soviética experimentaba con soluciones tecnológicas para acelerar su modernización, surgió uno de los proyectos ferroviarios más singulares del siglo XX: el Sharopóyezd. Este tren de alta velocidad no circulaba sobre raíles convencionales, sino sobre una única vía cóncava de hormigón, utilizando enormes ruedas esféricas. Su nombre, traducible como “tren de rodamientos”, refleja bien la audacia del concepto.