Una gran conmoción sacudió Nueva York a mediados del siglo XVIII. En la primavera de 1741 se produjeron una serie de incendios en el bajo Manhattan que, como es habitual en estos casos, no tardaron en brotar rumores de un complot, hipotético e improbable, en el que estarían implicados los numerosos esclavos negros, los españoles y otros católicos. Muchos de ellos fueron condenados a muerte o deportados en un proceso que recuerda un poco al de las brujas de Salem. El episodio ha pasado a la Historia como la Conspiración de 1741.