Últimamente, si te atreves a decir que el ambiente en los centros es insostenible, te tachan de facha, de autoritario o de tener poca inteligencia emocional. Pero vamos a decir las cosas claras, aunque a los de la pedagogía de salón les dé un parraque… la educación pública está secuestrada. Hemos llegado a un punto de delirio colectivo donde el derecho de un solo alumno a reventar la clase sistemáticamente está por encima del derecho de los otros 29 a recibir una educación que no parezca un episodio de Hermano Mayor.