La Marina de Estados Unidos está viviendo una contradicción que muy pocos podían anticipar: mientras mantiene una superioridad global en tonelaje, alcance y tecnología, arrastra una serie de problemas cotidianos de mantenimiento y sostenimiento que erosionan su imagen y, a la larga, su disponibilidad real. El ejemplo más claro lo tiene su portaaviones nuclear más avanzado y un enemigo al que no puede silenciar desde hace cinco años: las heces.
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