Los padres presentaron reclamaciones ante el Servicio Andaluz de Salud. Dos veces. La respuesta fue siempre la misma: colapso. Lo sentían mucho, pero estaban colapsados. Hoy la situación es aún más grave. Porque tras aquella espera inicial para conseguir la cita, el joven sigue aguardando la operación, mientras el tumor continúa ahí y la preocupación crece día tras día. No puede trabajar. No puede hacer deporte. No puede hacer una vida normal.
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