La foto pertenece al Día de la Unidad Nacional celebrado en Moscú. Está sacada de la web de propaganda rusa rt.com en el 2012.
web.archive.org/web/20121108014855/https://www.rt.com/news/russia-nati
A día de hoy, la misma noticia en la misma página ha sufrido un pequeño cambio. Han desaparecido todas las fotos de los nazis y se ha puesto a una pobre señora con una cruz. Además, se han borrado partes del texto como "Most of the banners were of nationalist nature calling for migrants to return to their home countries." . Todo muy progresista.
www.rt.com/news/russia-national-unity-day-celebrations-976/
Nada de extrañar para una semidictadura, pero donde ya se riza el rizo es cuando esa foto aparece en un periódico proruso diciendo que los nazis son ucranianos.
1984 se queda corto.
Bueno, para contar un poco la historia.
Tengo un tío de 88 años, exminero, con epoc, grado 3 de solicosis, ha pasado la tuberculosis y con todo ello, ha sobrevivido al coronavirus; hace ya unos meses, volviendo a su Residencia de ancianos a principios de Diciembre.
Le ha quedado un poco de secuela, ya que dice que nota mas cansancio del habitual y que se ahoga más de lo normal. Pero nada más.
1 mes ingresado en el Hospital, donde fue excelentemente tratado por los profesionales que tenemos en la Sanidad Pública de este país.
Pues ya ha recibido la primera de las vacunas Pfizer y está a punto esta semana de convertirse en unas de las primeras personas con la segunda dosis en el cuerpo.
Ayer hablaba con él por teléfono porque no pueden salir de la residencia y me contaba que se encontraba con ganas de que se la pusieran y verse a salvo y ayudar a los demás a no pasar por lo que ha pasado él sobre todo el miedo a no saber que es lo que te va ocurrir en tu cuerpo debido a lo poco que aún conocemos del COVID-19
No ha tenido ninguna reacción a la primera vacuna ni ha notado nada extraño.
No lo cuento como proeza ni como logro, sino que teniendo casos cercanos nos hace ver que en realidad las vacunas son seguras y no entrañan más riesgo que cualquier otra vacuna que tengamos en el mercado.
Lamentablemente tanto para mi abuelo como para otras miles de personas esta vacuna llega tarde. Pero en la recta final no tenemos que relajarnos pensando en que ya está todo hecho, cuando no es así
Aun así seguiré informando de su estado de salud después de recibir la segunda dosis de la vacuna.
Hace poco salió por aquí una pregunta a los meneantes sobre su sueldo. Viendo los datos que nos esperan de nacimientos me gustaría saber cómo anda por aquí la situación.
Edad:
Edad pareja:
Nivel de estudios:
Nivel de estudios de pareja:
Número de hijos:
el mío:
Edad: 34
Edad pareja 34
Nivel de estudios: medio
Nivel de estudios pareja: Alto
Número de hijos: 0 (1 en camino)
Una de las actitudes a las que nunca daré mi apoyo, es a la que te lleva sin estar cualificado, a tomar decisiones que necesitan cualificación. ¡Qué atrevimiento, qué EGOísmo !. Pues un altísimo porcentaje de esas veces, por razones obvias, acaba con los proyectos sumidos en el desastre.
El limite de nuestros pensamientos está confinado por la extensión de nuestros conocimientos, pues no somos capaces de imaginarnos correctamente todo los detalles que desconocemos a priori. El cerebro distingue lo real de lo imaginario antes de que seamos consciente de un pensamiento o recuerdo. Cuando improvisamos una respuesta, el cerebro también la archiva como real y nos lleva a confundir recuerdos reales con fantasía, es muy fácil confundirse.
Lo que en otras lugares seria anecdótico, y se habría corregido más tarde o más temprano, por activa o por pasiva, aquí se le rinde un profundo culto. Damos mucha más importancia al mensajero que al mensaje, si es un interlocutor de los que llaman “respetado” aunque diga autenticas mamarrachadas, le escuchamos atentamente e incluso luego lo repetimos hasta el delirio, pese a que ya nadie nadie quiere escucharnos. En cambio, aunque sea un mensaje de una demostrada excelencia, aunque en otros lugares lo hayan elogiado, premiado y hecho suyo, aquí no lo ignoramos por completo, es digno de un profundo estudio.
Otro síndrome que está a la orden del día, es el efecto Dunning-Kruger. Un sesgo cognitivo por el cual los individuos tienden a sobreestimar o subestimar su competencia en un área de conocimiento o respecto de una competencia determinada. En particular, los individuos menos competentes tienden a sobreestimar su competencia y rendimiento, mientras que los sujetos más competentes tienden a subestimarse, considerando que su competencia y rendimiento es inferior al real.
¿A quién no le ha pasado alguna vez en la vida? A mi muchas veces, y de las dos maneras, pero entiendo que es algo que se tiene que corregir, no para ser más competente, sino para minimizar nuestro daño en las interacciones de conjunto, poder aportar algo más que buenas intenciones.
El único estudio que he encontrado realizado a españoles, por desgracia, solo fue realizado a 240 alumnos de las universidades de Alicante.
Por aquí dejo el estudio, por si a alguien le interesa.
rua.ua.es/dspace/handle/10045/99588
Porque mediocre no es el que no tiene cultura, mediocre es el que pudiendo tener cultura se ha negado a adquirirla. Joya.
La importancia de los idiomas.
Muchas formas de decir rancio.
La ONU, la Unión Europea, la OTAN, el Poder Judicial, el Tribunal Constitucional, la Corona, la religión, los partidos políticos, los sindicatos, las ONG, la asociación de vecinos, el club de fútbol, los medios de comunicación, etc, etc...
Parece que en buena parte de la ciudadanía (¿occidental, europea, española?), que no en toda, ha arraigado un sentimiento de incredulidad y apatía hacia estos y otros “entes”, algunos de los cuales, en teoría, configuran la estructura de la sociedad actual.
No me considero tan ingenuo como para esperar hoy en día, por ejemplo, de la ONU los resultados que serían exigibles arreglo a los motivos por los cuales fue creada. Pero, ¿alguien pone en duda la necesidad de la existencia de una organización internacional que tenga por misión velar por la paz mundial en un mundo real en el que no están superados, ni de lejos, los problemas que destruyen esa paz?
Pensemos entonces que la ONU no es una organización inútil o indeseable, sino que quizás, al igual que tantas otras organizaciones de toda índole, se encuentra secuestrada, y es por eso por lo que no da los frutos que cabría esperar de ella. ¿Son, por ejemplo, los sindicatos organizaciones inútiles, y de ahí nuestro escepticismo, o por el contrario es nuestra propia dejadez y pasividad lo que aprovecharon los secuestradores para apoderarse de ellos? ¿Qué empezó antes, la traición o la desafección?
En el panorama político español de octubre de 2025, la fragmentación del espacio progresista contrasta con la creciente consolidación de las fuerzas ultraconservadoras. La dispersión electoral de las izquierdas no es meramente un problema aritmético, sino una crisis de proyecto político que amenaza con entregar las instituciones a quienes buscan desmantelar décadas de avances en derechos sociales, laborales y civiles.
La atomización de las fuerzas progresistas se traduce en una sangría constante de escaños y poder institucional. El sistema electoral español, con su fórmula D'Hondt y circunscripciones provinciales, penaliza especialmente la división. Mientras el bloque conservador optimiza sus resultados presentándose de forma cohesionada o con pactos claros, la izquierda pierde representación provincia tras provincia por la multiplicación de candidaturas.
Las consecuencias son tangibles: gobiernos autonómicos y municipales que podrían ser progresistas quedan en manos de coaliciones de derechas por diferencias de pocos miles de votos. Diputados que se pierden en provincias pequeñas por décimas porcentuales. Políticas públicas que no se implementan porque la suma de votos progresistas, siendo mayoritaria, no se traduce en mayoría parlamentaria.
La fragmentación no solo afecta a los resultados electorales, sino a la capacidad real de incidir en las decisiones que transforman la vida de la ciudadanía. Un espacio político dividido es un espacio político debilitado, incapaz de articular mayorías estables que impulsen reformas estructurales.
La experiencia reciente demuestra que los avances más significativos en derechos laborales, justicia fiscal, transición ecológica o políticas de igualdad se han logrado cuando las fuerzas progresistas han sido capaces de superar sus diferencias y acordar agendas comunes. Por el contrario, la división interna consume energías en disputas estériles mientras las urgencias sociales quedan sin respuesta.
La capacidad de negociación frente a otros actores políticos, sociales y económicos también se ve mermada. Un frente unido de izquierdas puede establecer líneas rojas claras y defender con firmeza sus propuestas. La dispersión, en cambio, invita a estrategias de división y debilitamiento por parte de quienes no comparten el proyecto transformador.
La unidad de las izquierdas no puede ser un ejercicio de uniformidad que diluya identidades políticas legítimas. Debe construirse desde el respeto a la pluralidad, reconociendo que diferentes tradiciones y sensibilidades enriquecen el proyecto común. La convergencia no implica renunciar a matices, sino jerarquizar prioridades y distinguir lo fundamental de lo accesorio.
Una propuesta vertebradora debe articularse sobre ejes programáticos claros:
Justicia social y económica: Defensa de los servicios públicos universales, redistribución de la riqueza mediante una fiscalidad progresiva, protección del Estado del bienestar frente a los recortes y privatizaciones. Garantía de derechos laborales dignos, salarios suficientes y protección social robusta.
Derecho a la vivienda: Reconocimiento de la vivienda como derecho fundamental y no como mercancía especulativa. La crisis habitacional se ha convertido en la principal preocupación de amplias capas sociales, especialmente jóvenes y familias trabajadoras. Una propuesta progresista debe incluir la construcción masiva de vivienda pública en alquiler asequible, regulación efectiva del mercado para evitar la especulación, limitación de los precios de alquiler en zonas tensionadas, prohibición de los desahucios sin alternativa habitacional, tributación más elevada para grandes tenedores y viviendas vacías, y recuperación del parque público mediante compras estratégicas. Sin solucionar el acceso a la vivienda, cualquier proyecto de país se vuelve inviable para millones de personas.
Transición ecológica justa: Reconocimiento de la emergencia climática como prioridad política, acompañada de medidas que aseguren que el coste de la transición no recaiga sobre las clases trabajadoras. Apuesta decidida por energías renovables, transporte público, rehabilitación de viviendas y modelo productivo sostenible.
Derechos civiles y libertades: Blindaje de conquistas en igualdad de género, derechos LGTBIQ+, memoria democrática y libertades fundamentales. Oposición frontal a cualquier retroceso en derechos consolidados.
Democracia participativa y territorial: Profundización democrática mediante mayor participación ciudadana, transparencia institucional y lucha contra la corrupción. Reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado español y respeto a las diferentes sensibilidades territoriales dentro del marco constitucional o mediante su reforma democrática.
Política exterior solidaria: Compromiso con los derechos humanos, el derecho internacional y la cooperación frente a las lógicas militaristas y los bloques imperialistas.
Este programa común no necesita borrar las especificidades de cada fuerza política, pero sí exige disciplina en lo esencial: cuando las instituciones estén en juego, cuando los derechos fundamentales sean atacados, cuando las políticas neoliberales amenacen el bienestar colectivo, la respuesta debe ser unitaria.
El crecimiento de la extrema derecha en España no es un fenómeno aislado, sino parte de una ola reaccionaria que recorre Europa y América. Su discurso, basado en la xenofobia, el machismo, la negación de derechos y el autoritarismo, representa una amenaza real para la democracia.
El fascismo del siglo XXI se presenta con traje y corbata, pero su esencia permanece intacta: la construcción de enemigos internos, el desprecio a los valores democráticos, la glorificación de un pasado mítico y autoritario, la persecución de minorías. No podemos subestimar su capacidad de contagio institucional ni su vocación de desmantelar todo aquello que nos hace iguales en dignidad y derechos.
Frente a esta involución, la movilización del electorado progresista es urgente. Pero movilizar no es solo llamar al voto cada cuatro años. Requiere:
Pedagogía política constante: Explicar con claridad qué está en juego, desmontar bulos y falacias, conectar las políticas concretas con la vida cotidiana de la gente. Hacer visible cómo las decisiones políticas afectan al bolsillo, al acceso a servicios, a las oportunidades vitales.
Presencia territorial: Recuperar la presencia en barrios, pueblos y centros de trabajo. La política no puede reducirse a debates televisivos y guerras de tuits. Se hace cuerpo a cuerpo, escuchando, dialogando, organizando.
Conexión con movimientos sociales: Sindicatos, organizaciones ecologistas, feministas, vecinales, juveniles, culturales... El cambio político no se construye solo desde las instituciones. La izquierda debe ser permeable a las luchas que emergen desde la sociedad civil.
Cultura de la esperanza: Frente al discurso reaccionario del miedo, construir narrativas de futuro. Demostrar que otro modelo es posible, que la transformación está a nuestro alcance, que juntos somos más fuertes.
Generosidad política: Abandonar la lógica del adversario interno. Reconocer que quien comparte el 80% de tu programa no es tu enemigo principal. Reservar la confrontación para quienes realmente representan proyectos opuestos.
La unidad de las izquierdas en España no es un lujo ni una opción táctica coyuntural. Es una necesidad histórica ante un momento de definición democrática. La correlación de fuerzas actual exige superar inercias, renunciar a maximalismos estériles y priorizar lo colectivo sobre lo particular.
No se trata de fusionar partidos ni de crear estructuras artificiales condenadas al fracaso. Se trata de establecer pactos claros de no agresión, de coordinación electoral donde sea necesario, de acuerdos programáticos en lo fundamental, de lealtad cuando se gobierna conjuntamente. Y sobretodo, que la confección de las candidaturas tienen que ser procesos 100% transparentes. Cuestión que hasta la fecha y sin excepción forma parte del Debe en el balance de todas las organizaciones políticas progresistas de izquierdas.
El electorado progresista español es mayoritario, pero está desmovilizado, fragmentado, desencantado. Recuperar su confianza implica demostrar que la política puede cambiar vidas reales, que las instituciones sirven para proteger a la mayoría frente a los privilegios de unos pocos, que la democracia es algo más que gestión tecnocrática.
La extrema derecha crece alimentándose del vacío que deja una izquierda ensimismada en sus disputas internas. Cada día que perdemos divididos es un día que ganan ellos para consolidar su proyecto involucionista. La historia nos juzgará no por nuestras diferencias de matiz, sino por nuestra capacidad de unirnos cuando todo lo importante estaba en juego.
El momento es ahora. La unidad, una responsabilidad ineludible. El futuro, por construir.
Vivo con vergüenza el abismo de desigualdad de nuestro mundo. Me ofende y me hace sentir culpable la obscena desigualdad entre los países hiperdesarrollados, como el mío, y los países en los que las hambrunas y epidemias ya no son noticia. Asisto avergonzado al espectáculo frecuente de las multitudes que viven en la calle, a las colas del hambre, al paliativo de los bancos de alimentos, a la exhibición farisea de la caridad.

También me golpean las noticias de la llegada de oleadas de migrantes a las orillas de Europa. Los noticiarios recogen, a diario, el hallazgo de pateras en alta mar, de centenares de muertos, de mujeres y niños ahogados. Las multitudes que huyen de las guerras, el terror y la miseria en Oriente próximo o en África, y acaban estrellados contra los muros terribles de las fronteras de Europa, en las que nuestros gobiernos aplican una política criminal e inflexible, en nuestro nombre, por nuestra seguridad, dicen.
Sé que todas estas situaciones tienen un origen común, estructural, en la explotación por el capitalismo triunfante de las personas y la naturaleza, pero ese argumento no me sirve de excusa, por muy manido que sea. Lo preocupante es que me he ido acorazando, que me he ido acostumbrando a esas dosis diarias de crueldad, cuando debería gritar de rabia.
La pandemia desatada en el mundo por el virus SARS-CoV-2 ha sido un aldabonazo que ha puesto en jaque el status quo, el mantenimiento de las desigualdades y las fronteras. El virus ha agudizado las contradicciones de nuestras sociedades acomodadas, consumistas y acostumbradas al narcisismo de la libre voluntad de sus ciudadanos. También ha puesto de manifiesto el desamparo en el que ha quedado el resto del mundo que, a estas alturas, apenas ha conseguido vacunar al 5% de su población.
En todos los países desarrollados se han producido violentas manifestaciones de protesta, bajo consignas de libertad, de los que no quieren aceptar las restricciones ni vacunarse para evitar el contagio de COVID.
La negativa de amplias capas de la población europea a seguir los consejos científicos para enfrentar la enfermedad y su negativa a vacunarse me resulta escandalosa. Su incapacidad de soportar las restricciones, el uso de mascarilla o los confinamientos preventivos obligados por las sucesivas olas de la pandemia, es decir, su resistencia a aceptar la más mínima restricción a su libre voluntad, contrastan vivamente con la entereza y resignación de los países más empobrecidos, que demandan vacunas y recursos sanitarios para acabar con la enfermedad.
En zonas remotas y poco pobladas de África, los servicios sanitarios se prestan en lugares de reunión, atendidos por profesionales admirables, donde ofrecen atención médica o planificación familiar.
Pues bien, en este marasmo de una sociedad atiborrada de opciones de consumo, ansiosa por satisfacer sus deseos en las compras navideñas y los Black Friday, leo en el Guardian cómo se las ingenian en África para llevar las pocas medicinas que les llegan hasta sus destinatarios. En un territorio agreste, polvoriento y azotado por la sequía, sin vías de comunicación y sin otros medios de transporte que una caravana de camellos, me admira la valentía, la decisión y el esfuerzo de las gentes comunes para transportar las medicinas hasta quienes las necesitan.
El contraste es descorazonador. Países, terriblemente empobrecidos por siglos de explotación colonial y esclavitud, demandan en vano a los países ricos medicinas y vacunas para proteger a su población. Las pocas vacunas que pueden adquirir en el mercado son distribuidas . A la vez, en Madrid se han desechado cientos de miles de vacunas cuya fecha de caducidad ha vencido, del mismo modo que en Estados Unidos se han desechado millones de vacunas.
Qué vergüenza!
Antes de empezar me gustaría decir que Mónica Oltra no tiene condenas y hay que respetar su presunción a la inocencia, ahora bien, recordemos que muchas veces se pidió la dimisión a los imputados por corrupción delito que es menos grave a lo que se le imputa a Oltra, depende de Oltra dimitir o no, yo desde luego no voy a pedir que dimita.
Todo esto digo por lo que me paso ayer aquí:
www.meneame.net/story/tsj-comunidad-valenciana-imputa-monica-oltra
El comentario que hice fue muy parecido a lo que comento arriba, pues se me acuso de blanquear delitos, que estaba vulnerando la presunción de inocencia de Oltra y etc... Claro, no me deja de sorprender que algunos son los que practican la teoría "yo si te creo" estoy convencido de que si el protagonista fuera del PP, VOX o PSOE estarían rasgándose las vestiduras y pidiendo su dimisión, pero como Oltra es de su palo entonces la teoría de "yo si te creo" no se aplica.
A mí me parece estupendo que se defienda la presunción de inocencia de Oltra, pero eso se debería aplicar a todos los casos, en menéame en los casos de Rafael Marcos y del chaval al que Echenique acuso públicamente de violador se les sigue tratando como culpables por parte de algunos que siguen la teoría "yo si te creo".
Dejemos que la justicia aclare todo este asunto.
menéame