Que hoy lo llame mierda pero también presidente nos confirma que, aunque la rabia y la frustración sigan ahí, el milagro de la aceptación se va abriendo paso.
Ni Rajoy ni Cospedal recordaban nada de lo que sucedió frente a las narices de la dirección de un partido beneficiario de aquel trabajo sucio. ¿Resulta indignante? Quién sabe. Hace ya tanto tiempo...