El profesor Mark Iutcovich me advirtió: los verdaderos hilos del poder no están donde los buscan las multitudes, no ondean en banderas ni se anuncian en boletines. Habiendo escapado del régimen de Nicolae Ceaușescu, entendía mejor que nadie que la dominación moderna no se impone con tanques, sino con símbolos. Me habló de constructos, de esas realidades consensuadas que operan como cárceles cognitivas. Y lo más inquietante, también sabía cómo desmantelarlas.