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Santiago Segura lleva años presentándose como figura “de concordia” y “harta” de la España de “fachas y rojos.” Esa retórica de equidistancia sitúa en el mismo plano a la ultraderecha heredera del franquismo y a la izquierda democrática, blanqueando de facto a la primera. Quien se declara por encima de la política pero acepta conducir una gala donde se ensalza a figuras de la ultraderecha digital, está ejerciendo una forma de complicidad, aunque no pronuncie él mismo los insultos