Barrios con obras perpetuas, ambulancias de paso y contenedores de vidrio vaciándose a la una de la mañana. El silencio se ha convertido en lujo: huir del ruido es cada vez más una elección consciente que cuesta dinero de una u otra forma. El estatus ya no se exhibe con coches ruidosos ni relojes que tintinean. Se exhibe, o mejor dicho, se oculta, con silencio. Vivir sin ser interrumpido, sin vibraciones, sin voces ajenas atravesando paredes demasiado finas. Poder cerrar el mundo cuando te apetece.
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