Pero ¿alguien se creía que iba a morder la mano de quienes le dan de comer, que el discurso anti élites tenía algún recorrido?
Uno de los eslóganes más impactantes de la campaña de Trump de 2024 —«Kamala Harris is for they/them, President Trump is for you»— se interpretó acertadamente como un ataque contra el «wokismo» y la política identitaria. Pero este eslogan también transmitía un mensaje más amplio y profundo: una denuncia de las élites, de todas las élites —económicas, financieras, culturales, científicas, mediáticas— que habrían abandonado y traicionado al pueblo de Estados Unidos. Sin embargo, desde su elección, Trump ha recibido a los multimillonarios más poderosos en primera fila de su ceremonia de investidura; se niega a publicar los Epstein Files, algo que su base exige con fuerza; su campaña militar contra Irán, del mismo modo, ha reavivado las críticas contra una política exterior que no serviría a los intereses del electorado popular.
Como ocurre siempre, la masificación y el comportamiento incívico de algunos daña la imagen de una forma de viajar.
Que era diferente y ahora se encuentra al mismo nivel de desprestigio que los cruceros o los viajes gregarios.
Los rusos envían a morir a sus ciudadanos al frente, da igual el siglo que leas esto.
Y si son capturados son sospechosos de cobardía y enviados al gulag.
Es una vergüenza, y dice poco de los técnicos de seguridad de ADIF, de sus jefes y de toda la cadena de mando hacia arriba hasta el Ministro.
Y me da igual quien esté ahora en el Gobierno, criticaré igualmente las muertes en las residencias de Madrid o el Estado de las carreteras autonómicas en Castilla y León.