No hay lugar para la ampulosidad en El último Elvis; ni para la joda ni para la caricaturización. Sobria como pocas, justamente por tratar de un tema como el que trata, lo que sorprende es la seriedad de la propuesta y el como desarrollarla apenas teniendo en cuenta el devenir psicológico del personaje principal. La madurez de la película es sorprendente para tratarse de una ópera prima: contada con maestría, despliega un infrecuente lujo narrativo como soporte de una historia al mismo tiempo sencilla y compleja, simple pero enorme, que transita entre lo excelente y lo patético hasta afirmarse en un terreno más humano que manipulador.
“El último Elvis” -como sólo se da en pocos casos- también permite involucrar a distintos tipos de público, frívolo o intelectual; puede verse en Buenos Aires o en cualquier parte del mundo sin perder interés. Nadie queda afuera de este viaje interno y externo de un hombre gris con un don excepcional: este último Elvis, olvidado y postergado que alcanza una dimensión heroica con su costado quijotesco que arremete contra la chatura del mundo.
"Frente a los grandes interpretadores y ante tanta expectación levantada por mi renuncia al acta de diputado, dejo dos preguntas:
1ª) He agotado todas las posibilidades al alcance de mi mano, pero una vez desprovisto de todos mis derechos y deberes, y despojado de toda función, díganme ustedes y dígame la Cámara cuál es la figura y en qué consiste ser diputado.
2ª) Privado de todo ingreso y protección social, díganme también de qué vivo para mantener los compromisos con mi familia y afrontar mi defensa. No me ha quedado otra más que retirarme y optar por la jubilación.
Resulta que apareció un hombre en la calle como dormido, pero como hacía más de un mes que estaba allí, dijo el sargento: «No sé. Mucho sueño para un adulto». Entonces llamamos al forense, que ni era médico ni nada, pero como tenía un Ford le llamábamos El Forense. Vino corriendo, se acercó al tumbado, le dio seis patadas en los riñones y dijo: «Una de dos, o está muerto o lo que aguanta el bestia este». Y estaba muerto.
Una propuesta arriesgada, no apta para todos los públicos y que te exige mucha paciencia y reflexión. Y eso porque te propone un viaje más por una montaña rusa de emociones que por una plácida vía ferroviaria. Partiendo desde la estación de la risa, lugar de embarque con Pilar Castro y Ernesto Alterio como pilotos de este convoy cinematográfico que arranca de forma vacilante y algo disparatada.
Abróchense los cinturones que vienen curvas en esta osada ópera prima con los tiempos de censura y tabúes que campan a sus anchas por nuestra sociedad. Pues poco a poco, el filme de Moreno, ya sobre los raíles del entretenimiento, te hace ir torciendo el gesto hacia el apeadero de la extrañeza y la extravagancia. Rozando temas escatológicos y terroríficos que producen desde asco a repugnancia.
Y finalmente, la película llega a su destino que no es otro que la sensación de haber presenciado algo que, lejos de las puertas del cine y más allá de lo demencial, puede ser un día normal en la vida de muchas personas. Y eso es lo auténticamente trágico y terrorífico. Pero esta sensación no la tendrás hasta pasadas horas de su proyección, pues ya digo que la paciencia es vital para entender y disfrutar de Ventajas de viajar en tren.
"Vehículo de combate de infantería europeo modular y adaptable, que incorporará tecnologías innovadoras. El blindado mejorará la protección, movilidad y conciencia situacional."
Hoy si no viene acompañada de un "amasijo de hierros"... Alguien decide que los atascos son monumentales, y desde entonces, todas las operaciones salida de julio y operación retorno de agosto, se convierten en noticias tales como “el monumental atasco llegó hasta más allá de Arganda”. Con esa lógica, cualquier accidente de circulación no produce chatarra, sino “amasijo de hierros”, aunque en realidad sean trozos de acero, carcasas de plástico, aluminio y polímeros del petróleo. Me pregunto…¿Todos los incendios son dantescos? La actualidad, ¿siempre es rabiosa?
“La biblioteca de los libros rechazados” es un film de evasión que podría sonar a grandilocuente, pero no lo es. Es un entretenimiento que se aparta de vulgaridades o de lo obvio que abunda en cartelera, que es para un público mayoritario, con ciertos detalles en su trama que son bonitos (incluso se habla, aunque sea de pasada, de las diferentes formas de ordenar una biblioteca, cosa que ocurre en pocas películas). Aunque no termine envolviendo, sería justo puntualizar que nunca cae en el aburrimiento. Que el tema podía haber dado más de sí, por supuesto, pero ya podríamos todos tirar cohetes si al menos la mayoría de todo lo que se estrena tuviera un nivel medio decente como el caso presente. Y con este otro bonito pareado doy el comentario por terminado.
“El último Elvis” -como sólo se da en pocos casos- también permite involucrar a distintos tipos de público, frívolo o intelectual; puede verse en Buenos Aires o en cualquier parte del mundo sin perder interés. Nadie queda afuera de este viaje interno y externo de un hombre gris con un don excepcional: este último Elvis, olvidado y postergado que alcanza una dimensión heroica con su costado quijotesco que arremete contra la chatura del mundo.