Hace solo unos meses que antes de abandonar Stellantis, Carlos Tavares presagiaba un escenario complicado para la industria del automóvil española. Literalmente vino a decir que las fábricas españolas lo estaban haciendo muy bien, pero que debían dejar de mirarse en el espejo de las plantas de automóviles europeas, en referencia fundamentalmente a las francesas y las italianas, y preocuparse por las del sur.
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