EL DÉFICIT COMERCIAL DE ESTADOS UNIDOS SE HA REDUCIDO UN 78% POR LOS ARANCELES QUE SE COBRAN A OTRAS EMPRESAS Y PAÍSES. ENTRARÁ EN TERRENO POSITIVO ESTE AÑO POR PRIMERA VEZ EN DÉCADAS. GRACIAS POR SU ATENCIÓN A ESTE ASUNTO!
truthsocial.com/@realDonaldTrump/posts/116094375393499963
Curiosamente, la cifra del 78% existe, pero no se corresponde con lo que Trump afirma en absoluto. El déficit comercial estadounidense mensual de febrero del año pasado se situó en unos 150.000 millones, y en marzo en unos 140.000 millones de dólares, mientras que en octubre pasado el déficit comercial mensual era de unos 30.000 millones. Esto supone, efectivamente, una reducción del 78% en el déficit comercial mensual entre febrero y octubre cuando uno mira las cifras no redondeadas, pero "el déficit comercial mensual" es una cosa y "el déficit comercial" es otra. En noviembre, el déficit comercial mensual repuntó hasta los casi 60.000 millones de dólares, pero esta parte se omite convenientemente.

¿Por qué se produjo un pico tan alto en febrero y marzo del año pasado? Por la sencilla razón de que todas las compañías que dependían de importaciones hicieron pedidos a gran escala a sus proveedores para disponer de stock, a la vista de que Trump anunció que iba a imponer aranceles a las importaciones de todo. Por esa misma razón, el déficit comercial mensual en abril fue muy bajo, ya que las empresas habían hecho los pedidos antes de la entrada en vigor de los aranceles.
Por enésima vez vamos a señalar, por más que a Kevin Hassett no le guste, que los aranceles son un impuesto sobre las importaciones, que pagan los importadores y los repercuten a los compradores finales. ¿Por qué la carga de los aranceles la asume en un 90% en un consumidor, en vez de asumirla en un 100%? Porque los exportadores están dispuestos a hacer algo de esfuerzo bajando precios a sus socios para mantenerlos como tales, lo que hace que en cierto sentido parte de la carga arancelaria la asuma el exportador.
¿Se va a convertir EE.UU en un país con superávit comercial como sugiere Trump en su marcianada escrita a gritos? Obviamente no, pero a él le da igual, tiene un mensaje que vender, por más que la relación del mismo con la realidad sea pura coincidencia.
Acabo de ver cómo Gabriel Rufián y Emilio Delgado se presentaban ante un público entregado, con la intención de aunar fuerzas y frenar el avance de la extrema derecha. Mucha gente esperaba el evento con la sensación de que, quizá esta vez, la izquierda había tomado nota de sus errores y estaba dispuesta a cambiar cosas de verdad.
Pero bastó un comentario para que aflorara una vieja inercia. Emilio Delgado relató que estaba harto de escuchar a madres del colegio de su hijo lamentarse porque, ante la imposibilidad de seguir pagando un piso en Móstoles, tendrían que irse a vivir a un pueblo de Guadalajara. La frase pretendía ilustrar el drama del acceso a la vivienda. Sin embargo, lo que reveló fue algo más profundo: la asunción de que mudarse a un pueblo es poco menos que un descenso social.
Pero ¿desde cuándo vivir fuera de una gran área metropolitana es un fracaso? España lleva décadas concentrando población, empleo, inversión y servicios en unas pocas ciudades. Las áreas metropolitanas están tensionadas: alquileres disparados, tráfico permanente, contaminación, estrés, servicios públicos saturados. Y, aun así, el debate político dominante gira en torno a cómo sostener ese modelo, cómo apuntalarlo, cómo hacerlo “un poco más soportable”.
Casi nadie plantea con claridad una medida verdaderamente transformadora: descentralizar de forma decidida el país. Llevar empleo público fuera de las capitales. Incentivar fiscalmente que empresas se instalen en zonas despobladas. Garantizar conectividad digital de primer nivel en el medio rural. Apostar por una red de transporte que conecte comarcas, no solo grandes núcleos. En definitiva, redistribuir población y oportunidades en un país que tiene enormes extensiones ávidas de habitantes.
Es más barato y más eficiente mejorar las condiciones de vida en el entorno rural que intentar expandir indefinidamente ciudades que ya muestran síntomas de agotamiento estructural. No se trata de romantizar la vida en el pueblo, sino de reconocer una evidencia: hay vivienda asequible, hay espacio, hay calidad de vida y hay margen para crecer.
Para mí, lo llamativo es que una propuesta así —que podría ser profundamente igualadora y territorialmente justa— apenas aparece en el discurso de una izquierda que históricamente habló de cohesión, equilibrio y planificación. En lugar de eso, se insiste en el marco tradicional: la gran ciudad como centro inevitable del progreso, y el resto como periferia resignada.
Estoy convencido de que muchos ciudadanos (yo entre ellos) esperaban valentía. Un giro estratégico, que alguien dijera en voz alta que el problema de la vivienda no se resuelve solo exprimiendo las mismas calles de siempre, sino atreviéndose a redibujar el mapa mental del país.
Este asunto de la vivienda es solo un síntoma más de que la izquierda, que aspira a ganar terreno, todavía no se ha dado cuenta de que no puede limitarse a gestionar mejor lo existente. Tiene que cuestionarlo. Tiene que incomodar incluso a sus propias certezas. Tiene que atreverse a proponer soluciones que no caben en el marco tradicional.
Y mientras esa audacia no llegue, cada evento lleno de buenas palabras seguirá dejando la misma sensación: que el cambio prometido vuelve a posponerse.
Asistí al evento ilusionado y salí pensando "otra oportunidad perdida".
Pues como tengo poco karma voy a hacer una de chistacos. Eso si, todos sin herir la sensibiliad de los religiosos y la gente muy preocupada del color de la piel (cuando no es blanca, claro!). Pero tampoco os digo que no sean tan malucos que acabéis en urgencias, porque son... muy malos. Pero lo siguente a malos: espantosos! Bueno, aquí vienen... (última oportunidad de no leerlos... en serio, es que son super malos! Voy a peder karma... en fin... allá van!)
Digame dos palabras con tilde:
Matilde y Clotilde!
(y ganó el campeón)

Vengo por el trabajo de sumiller.
Sabe usted decantar?
y de bailar también!
(creo que le dieron el trabajo y que acabó con ¡una piña en la cabeza!)

Le informamos de que vamos a tener que tirar el edificio contiguo
Conmiguo?
(Creo que no murió ningún ser humano al hacer este chiste, continuamos)

¿Y tu hermana de qué trabaja?
Es lavandera...
Qué me dices: ¿de qué país?
(Al final las lavanderas acabaron limpiando las banderas... bueno, ya me entendéis...)

Papá, donde está Burundi?
Ni idea, hijo. Yo desde que dejó Héroes del silencio le perdí la pista...
(padreyayo o hijo malayo?)

Doctor, es el día, vengo a operarme el pecho!
Estupendo, y su marido la apoya?
No! de momento solo así...
(ya se verá si no cumple si habrá que volver a intervenir...)
¡Hasta luego, que yo me alaaaaargo!
Hoy es la cabalgata infantil del Carnaval de Las Palmas, quise consultar como eran los cortes de trafico y me saltó el tipico plano informativo, con los horarios, en un periódico local.

Lo miro, dos veces, se parece.. pero... no, esa no es mi ciudad, los nombres están bien, se parece...pero no tiene sentido en absoluto...
Plano real

Vuelvo a la página. El pie de página dice "generado con IA"

Pero que sentido tiene usar la ia para dar una información que es mentira? Que no tiene sentido...
Enlace del periódico: www.canarias7.es/carnaval/cortes-trafico-martes-cabalgata-infantil-car
Fue ayer mismo. Se lo preguntaba una mujer a otra mujer, en medio de una discusión por algo que no funcionaba ni medio bien.
¿De verdad hay necesidad de estas cosas? Lo peor es que me consta que la que lo preguntaba tenía razón, porque la otra es una inútil de tres pares que llegó a su puesto por cuestiones de paridad en las listas. Las electorales, se entiende.
La respuesta, me dicen, es que sí. Que hay necesidad. Y que si puedes tener una ventaja y no la aprovechas, eres tonta del culo. Hay necesidad porque hay un beneficio que rascar. Como si ofreciesen una subvención para tontas. Pues habría que intentar cobrarla, ¿no? Segunda frase de ayer, cuando comenté esto.
Lo malo es que no puedo poner dos títulos.
Pero ahí estás las motivaciones y ahí está el nivel.
Ah, oye. Y en el PSOE.
Qué será a su derecha...
Hace ocho años escribí esto y me he dicho, venga, voy a rescatar esta divagación:
De poder saber con certeza, al 100%, la respuesta a ciertas preguntas imposibles, todo cambiaría.
Por ejemplo, ¿Dios existe? En caso de obtener un sí irrevocable, la humanidad entera se tornaría creyente, lo que provocaría un cambio de costumbre global. Todo gobierno se adaptaría a la religión, rutinas con nuevas esperanzas que igualmente siguen sin llegar en vida. Enfrentamientos al interpretar cada uno cómo es Él, Ella o Ello y su intención, forzadas conductas de bondad por ganarse un hueco en el otro mundo... Suscitaría más preguntas, y una inquietud universal a, no al hecho de sentirnos ínfimos flotando en el infinito, sino ante una deidad imposible de comprender, pero que está ahí, que es imposible de negar, y eso afecta o incluso duele, porque existe y no es por ti ni por nadie, y a su vez te creó sin un motivo claro. Es el padre o madre que jamás se presenta en casa.
De ser no la respuesta, aumentaría la desmotivación. Habría un pensamiento generalizado sobre que cada humano existe de casualidad y que ha venido para nada, lo que provoca enfrentamientos. Gran parte del pasado de la humanidad pierde sentido y delata una ignorancia violenta, si acaso no una vergüenza letal. La religión se extingue y aumentan los delitos, porque no se teme a ningún supuesto o moralidad castigadora, no se toma en serio leyes impuestas por otros, tan insignificantes como cualquiera. Los que ya eran no creyentes humillan a los que lo fueron, excediéndose. El nihilismo está a la orden del día, y la gente de fe no tiene dónde aferrarse, decayendo en la nada interior.
Tanto en un caso como en otro, todo cambiaría a una posible confusión general. Aunque, bueno, estos sucesos ya ocurren, sólo que se basan o apoyan en la incertidumbre. Teorías y más teorías. Pero que se realizara desde la certeza los volvería genuinos.
Hay preguntas que mejor no responder.
Estos días entras en LinkedIn, o en cualquier medio generalista, y todo el mundo habla de lo eficiente que es con la IA. Fulanito ya no usa Workday porque se ha "vibe-codeado" una copia en una tarde; Menganito ahora es extremadamente productivo y hace 40 tickets de Jira al día con 10 agentes corriendo a la vez; Antonio ha creado una skill de Claude para hacer las performance reviews de sus empleados.
Detrás de esta productividad solo hay miedo. Miedo a perder el empleo, miedo a ser sustituido por la IA. Quien no surfee la ola será arrastrado por ella, dicen. La realidad es que, si la ola es tan grande como dicen, dará igual lo que la surfees, que te va a llevar al fondo igualmente. Dará igual lo bien que escribas los prompts, que pronto será un anacronismo. Para ejemplo de esto, Claude Code ya no dice lo que hace; ¿para qué quieres saber eso? Jeje.
www.theregister.com/2026/02/16/anthropic_claude_ai_edits/
La realidad es que el dinero está muy mal repartido. La gente no quiere ser más productiva. Quiere cobrar su sueldo, echar sus horas, hacer un trabajo honesto y volver con su familia.
Permitidme poner aquí el tweet del creador de OpenCode. El agente OpenSource más usado:

"todo el mundo habla de sus equipos como si estuvieran en su máxima eficiencia y que su único cuello de botella fuera la capacidad de producir código
así es como son las cosas en realidad
- tu organización rara vez tiene buenas ideas. que las ideas fueran caras de implementar en realidad era una ventaja
- la mayoría de los trabajadores no tienen ninguna razón para estar súper motivados, quieren hacer su horario de 9 a 5 y volver a sus vidas
- no están usando la IA para ser 10 veces más eficaces, la están usando para sacar sus tareas con el mínimo esfuerzo
- las 2 personas de tu equipo que de verdad se esforzaban ahora están sepultadas por el código basura que todos están produciendo; no tardarán en irse
- incluso cuando produces trabajo más rápido, sigues atascado por la burocracia y las mil otras realidades de lanzar un producto de verdad
- tu director financiero se queda como: ¿a qué te refieres con que ahora cada ingeniero cuesta 2000 $ extra al mes en facturas de LLM?"
Nada de esto es nuevo. Hace tiempo estaba de moda el SCRUM. Todo el mundo hablaba de la VELOCITY. ¿Cuántos puntos de historia hace tu equipo?
En realidad, nada de eso importaba. El cuello de botella nunca fue ni el código ni los programadores. El cuello de botella es estar en el momento adecuado, en el lugar adecuado y tener los contactos adecuados.
Como decia Fray Luís de León:
"¡Qué descansada vida / la del que huye el mundanal ruido, / y sigue la escondida / senda, por donde han ido / los pocos sabios que en el mundo han sido!"
Este artículo ha sido escrito por una inteligencia natural
Pregunta: A medida que aumenta la popularidad de Trump en todo el mundo, ¿cree que podríamos estar asistiendo al surgimiento de un movimiento MAGA global?
Leavitt: Desde luego, eso espero.
Se habla mucho estos dias de la unión de las izquierdas nacionales a la izquierda del PSOE para hacer frente al tandem PP-VOX de cara a las nuevas elecciones, iniciativa lanzada por Rufián. Sin embargo, un problema claro de la izquierda nacional es que ha sucumbido al programa urbanita y se ha olvidado del mundo rural sin programa que le haga ganar votos en ese ámbito, al contrario de lo que ocurre en Euskadi, donde la izquierda abertzale lleva décadas con programa transversal que incluye desde el pueblo más pequeño hasta la gran ciudad.
Mientras en amplias zonas rurales del interior español el voto mayoritario recae en el Partido Popular o en Vox (donde además, por la ley electoral un voto ahí vale mas que en otras zonas y al estár limitado el numero de escaños en esas zonas, quien gana se lleva todo practicamente), muchos pueblos vascos siguen situando como primera fuerza a EH Bildu, una coalición de izquierdas con fuerte arraigo municipal.
En las últimas décadas, la izquierda estatal ha ido concentrando progresivamente su base social y su discurso político en las grandes áreas metropolitanas. Los debates dominantes —movilidad sostenible, reducción del coche, vivienda en altura o reorganización del espacio urbano y otras tematicas— reflejan en gran medida problemas propios de grandes ciudades.
El resultado ha sido una transformación silenciosa: buena parte del proyecto político progresista ha empezado a pensarse desde la experiencia urbana, especialmente desde realidades como Madrid o Barcelona. Las políticas públicas prioritarias —densificación urbanística, refuerzo del transporte público metropolitano o modelos de ciudad compacta— responden a necesidades reales, pero también han reforzado la percepción de que el centro del debate político se sitúa en la vida urbana.
En paralelo, muchas zonas rurales han vivido procesos distintos: envejecimiento, pérdida de servicios y dificultades para mantener actividad económica. Allí, ese discurso urbano no siempre encuentra encaje.
Algunos analistas señalan además que parte de la izquierda nacional ha terminado aceptando, en la práctica, un marco económico heredado de décadas anteriores: crecimiento apoyado en grandes polos urbanos, concentración de empleo y dependencia de áreas metropolitanas como motores económicos.
Paradójicamente, mientras critica desigualdades territoriales, el diseño de muchas políticas públicas ha reforzado dinámicas de centralización. La apuesta por ciudades cada vez más densas y conectadas ha coincidido con un debilitamiento del discurso sobre redistribución territorial o descentralización real del trabajo.
Así, la política acaba orbitando alrededor de los problemas cotidianos de quienes viven en grandes capitales, especialmente en Madrid y Barcelona, dejando fuera experiencias vitales distintas.
El caso vasco muestra un recorrido diferente. Allí, la izquierda no abandonó el ámbito local cuando cambió el ciclo económico y social. Durante décadas, parte del espacio progresista construyó su influencia desde los ayuntamientos, asociaciones vecinales y redes comunitarias.
En muchos pueblos, la política sigue siendo una cuestión cercana: gestión diaria, servicios públicos, cultura local o desarrollo comunitario. Esa presencia constante ha permitido que opciones de izquierdas no sean percibidas como proyectos urbanos importados, sino como actores integrados en la vida cotidiana del territorio.
El resultado es una continuidad poco habitual: la misma sensibilidad política puede encontrarse tanto en barrios urbanos como en localidades pequeñas.
Mientras la izquierda nacional se ha concentrado en la vida urbana y los problemas de las grandes ciudades, la izquierda vasca ha seguido un camino distinto: su evolución no se limita a las capitales, sino que mantiene presencia activa y discurso adaptado desde el pueblo más pequeño hasta la gran ciudad.
Parte de la izquierda vasca ha convivido con un modelo económico más territorializado, donde empleo e industria no dependen exclusivamente de grandes capitales urbanas.
Otra diferencia clave es cultural. En Euskadi, la política local combina cuestiones sociales con identidad territorial. La defensa del entorno cercano, de la comunidad y del arraigo ha permitido que posiciones progresistas conecten también con el mundo rural.
Mientras buena parte del debate progresista estatal se desplazaba hacia cuestiones urbanas y culturales, en Euskadi el discurso social continuó ligado también al trabajo, la industria y el arraigo económico del territorio.
En otras regiones españolas, esa función simbólica —representar y proteger el modo de vida local— ha sido ocupada principalmente por opciones conservadoras, a pesar de que sus politicas son las que han derivado en la España vaciada y el abandono del mundo rural, en favor de la centralización economica en grandes urbes, pero a pesar de esto, el ámbito rural y capital de provincias de la España vaciada siguen otorgando buen puñado de votos a estos partidos de derechas y ultraderecha que hacen el paripé en campaña disfrazandose de terratenientes del campo, subiendose a tractores o visitando vacas, defendiendo a la "remolacha", mientras por otro lado benefician la concentracion en las grandes mega urbes donde la izquierda nacional ha centrado su programa. Se habla del barrio, pero se ha perdido el pueblo. La izquierda no ha sabido denunciar que la "España Vaciada" es el resultado directo del modelo económico neoliberal que la derecha defiende, porque la propia izquierda está demasiado ocupada discutiendo sobre el carril bici de la Castellana.
La izquierda se ha vuelto micro-local urbana. Sabe hablarle al barrio de Lavapiés o de Gràcia, pero no sabe hablarle a una comarca. Ha sustituido la "lucha de clases" por la "lucha por el espacio público urbano".
No cambia tanto la preocupación del votante como quién logra interpretarla.
El contraste sugiere que el giro conservador del mundo rural no es inevitable. Depende, en gran medida, de cómo los proyectos políticos se relacionan con el territorio.
Cuando la izquierda se percibe como urbana y centrada en la vida metropolitana, pierde conexión fuera de las ciudades. Cuando mantiene implantación municipal y discurso territorial amplio, puede conservar apoyo en todos los ámbitos sociales.
La excepción vasca plantea así una cuestión incómoda para la política española: quizá la brecha entre campo y ciudad no sea solo ideológica, sino consecuencia de dónde —y para quién— se está pensando el proyecto político.
Esta realidad plantea además un problema estratégico para la izquierda estatal. Mientras no recupere presencia electoral en el ámbito rural y en las pequeñas y medianas ciudades, su capacidad de construir mayorías amplias seguirá siendo limitada. Depender casi exclusivamente del voto de las grandes áreas metropolitanas convierte cualquier proyecto político en frágil frente a cambios demográficos, económicos o electorales.
A ello se suma un factor cada vez más relevante: el modelo territorial del trabajo. Sin una apuesta clara por la descentralización económica y por el teletrabajo real —no únicamente fórmulas híbridas ligadas a la oficina urbana— resulta difícil ofrecer una alternativa creíble a quienes desean vivir fuera de las grandes capitales sin renunciar a empleos cualificados.
En ausencia de ese horizonte, la concentración de población y oportunidades en pocas ciudades continúa reforzándose, alimentando precisamente la brecha territorial que la propia izquierda dice querer corregir.
menéame