Por las tardes entre semana, cuando me dirijo a casa en metro desde Union Square en Nueva York, me conecto a una herramienta de inteligencia artificial desde mi teléfono y escribo una instrucción, o prompt. “Mira los datos de los archivos que acabo de cargar”, escribo. “Cárgalos a una base de datos y luego haz que se puedan buscar con una interfaz web”. Bajo tierra, en los túneles del metro, mi conexión a internet se cae, pero cuando mi tren emerge en el puente de Manhattan, tengo unos minutos para ver todo el trabajo que ha hecho mi agente.