Reflexión:
Sale Pablo Motos en su programa, para hablar de su polémica con Broncano, con una noticia en la pantalla gigante que tiene al fondo, una noticia de El Mundo, una noticia falsa, capturada de TuiX, en la que se dice que los telediarios/informativos de RTVE abrieron, todas las ediciones de ese día, con esa polémica para tapar el escándalo de Aldama. Esa noticia fue después borrada.

Dos consideraciones:
-Una, la noticia no es un error. Es tan fácilmente comprobable que es imposible que sea un error, incluso el becario más inútil se daría cuenta de que eso no era cierto. Porque no habla de un telediario, habla de TODOS los telediarios e informativos de RTVE de ese día. Y, si no es un error, es una noticia falsa hecha A PROPÓSITO.
-Dos, es una noticia que le iba DE PERLAS a Motos, y no creo en las coincidencias. Polémica que ataca a Motos, noticia burdísima y oportunísima, speech de Motos usándola… Insisto: no creo en las coincidencias.
Conclusión:
En mi opinión, ha algo sido algo orquestado entre El Mundo y Motos: El Mundo le ha preparado una "noticia" con la que lanzar una cortina de humo para esconder sus formas mafiosas de hacer televisión y, de paso, atacar a la TV pública y al que es su gran rival en audiencias, "La Revuelta", enfangando la puesta en público de Broncano de los tejemanejes barriobajeros de Motos como si fuera una maniobra política, y como "sólo es un tuit", se borra y "si te he visto no me acuerdo", nadie le pide responsabilidades al periódico. No han habido petición de disculpas, ni rectificaciones, ni "fe de erratas"…
Muy al contrario, EL Mundo publica una noticia en la que habla del "repaso" que Motos le ha dado a RTVE y a Broncano, insistiendo en uno de sus apartados en que Motos dice que, por parte de RTVE, "se consideró una de las noticias más importantes de los informativos, pero también de muchos programas", pero sin mencionar en ningún sitio que esas afirmaciones se basaban en una noticia falsa suya.

A Motos le pueden ir dando por donde amargan los pepinos, con no ver su programa va que arde, pero El Mundo es harina de otro costal: sus noticias son replicadas por sitios webs, portales, gestores/promotores de noticias, etc. y ese diario debería ser VETADO de cualquier portal de ese tipo, incluido Menéame, POR MENTIR INTENCIONADAMENTE: nadie con dos dedos de frente puede creerse que esa noticia se publicó por error, cándidamente, sin intención.
Señores @admin, les ruego que admitan este escrito como una petición formal de vetar, si no lo está ya, al periódico EL Mundo en este sitio web POR PUBLICAR MENTIRAS APOSTA. Gracias.
Soy @Admin y mi culo también, por eso he decidido escribir este artículo desmintiendo la mayoria de bulos que circulan en menéame.
Esto es totalmente falso, los strikes son siempre arbitrarios, y para demostrarlo adjunto foto de la herramienta que uso para aplicarlos:

Otra falsedad, @Skaworld me paga 100€ cada mes para que le mantenga el karma en 20 y os lo baje a todos los demás.
Mejor no preguntéis, es lo que él me pidió expresamente y yo preferí no preguntar, porque es un tío "muy rarito".
Totalmente falso, menos lo de que te tengo manía, claro.
Sólo necesitas más clones, varias VPN, y un grupo de telegram para pedir a tus amigos que la voten.
O me puedes pagar y yo te la publico, como hacen el resto de usuarios cuyas noticias sí suben a portada.
Bueno, esto es verdad en parte. Se trata de una broma muy antigua que se sigue haciendo por costumbre, cada vez que alguien llama fascista a un fascista, yo digo en voz bajita "iiista, iiista, iiista".
Supongo que muchos dudaréis de que yo sea de verdad @Admin, por eso le he pedido a @gallir que me deje el ferrari para hacerme una foto que lo demuestre.


A El Mundo le debía parecer poco un aumento del 89% en las denuncias de delitos sexuales en la última década por lo que ha incluido en la información de la web un gráfico manipulado para dar la impresión que el crecimiento ha sido más grande. Si el eje vertical del gráfico no estuviera truncado y empezara en 0, habría quedado así:

Y por cierto, en la información hay otra manipulación al margen de la gráfica. En el titular de la edición impresa y en el tuit para difundir el reportaje, lo que se indica que ha aumentado un 89% son directamente los delitos sexuales, pero cuando se lee la información, lo que ha aumentado son las denuncias, resaltando que ahora se denuncian más esos delitos porque hay más acompañamiento a las víctimas y no se las estigmatiza.


Llevo un rato jugando con chatGPT y he conseguido esta maravilla.

Como imagino que alguien lo intentará reproducir esto o algo similar, dejo aquí los pasos que he seguido para saltarme las restricciones de chatGPT





Esto me ha resultado curioso. Si el Tribunal Supremo publicara su sentencia STS 6823/2009 en un comentario de menéame, podría recibir un strike por incitación al odio. Concretamente, por este apartado de las normas:
Demostrabilidad: “Sí, pero también hay mujeres que denuncian de forma falsa a sus parejas” → Penalizable, generalización basada en un dato estadísticamente pequeño, lo que supone una negación indirecta de la condición de víctima
Veamos lo que dice esa sentencia del Supremo (página 4. El subrayado es mío):
Cabe señalar adicionalmente, como destacan las sentencias números 990/95, de 11 de octubre y 331/96, de11 de abril, que en los casos de ruptura del matrimonio de forma más o menos traumática, sea por decisión común, sea por voluntad de uno solo de los cónyuges, la experiencia judicial lamentablemente acredita que no son infrecuentes las denuncias por supuestos malos tratos o abusos que no responden a la realidad y tienen como finalidad influir sobre la decisión de custodia. Por ello, estos casos deben examinarse con suma atención y cuidado para evitar una posible condena injustificada de quien no tiene medio alguno de demostrar su inocencia enfrentado como única prueba acusatoria a las manifestaciones incriminatorias del denunciante.
El Supremo dice que no son infrecuentes. Las normas de menéame dicen que es un dato estadisticamente pequeño y que decir lo contrario es penalizable. ¿Quién tiene razón?
En el momento actual, me parece que sería necesario banear temporal o permanentemente a un importante número de usuarios, por duro que esto pueda parecer. Trataré de justificarlo:
Este sitio web tiene unas normas. Las suyas.
Si un grupo de usuarios se reúne y, para sus fines, crea otras normas y utiliza el voto negativo de manera manifiestamente contrario a las normas del sitio, entonces son un grupo lesivo, mafioso y coordinado contra las normas generales.
Cada vez que aparece una noticia de medio AEDE y se vota negativo a esa noticia, se está haciendo un mal uso del voto negativo. Un uso contrario a las normas. Es igual que si se votara negativo a un usuario por ser mexicano o por eser mujer. El voto negativo no se creó para eso, pero se emplea para eso, generando un modo de control de facto los contenidos del portal.
La coordinación y reiteración del mal uso del voto negativo hace necesario frenar esta práctica, al menos si los administradores tienen la menor pretensión de mantener el control sobre el portal que administran. Si los administradores no son capaces de mantener las normas del portal, deberían abandonar.
Con independencia de cuales sean sus motivos, un grupo de usuarios que genera sus propias normas, las impone a los demás y las impone a los @admin del sistema, tiene que ser baneado de inmediato. Por democracia, por higiene y para evitar casos mucho peores.
El hecho de que esto fuese posible en un principio se debió al apoyo que los anteriores administradores prestaron al propio boicot, para luego marcharse, dejando el regalo envenenado a la nueva administración. Si estos aceptan que grupos externos les impongan normas en su portal, están acabados. Y con ellos, el portal.
En mi opinión, el boicot AEDE no importa a nadie: es un simple duelo de poder entre un grupo coordinado y la administración de Menéame, que es perfectamente consciente de lo que este boicot perjudica al agregador, pero no encuentra el modo de detenerlo no de detener la consiguiente decadencia del portal.
Personalmente, el boicot AEDE me beneficia, pero la desaparición de Menéame, o su evolución hacia la más ridícula marginalidad me perjudicaría en varios sentidos. Por ello, propongo que se banee por dos meses (como mínimo) a cualquiera que haga uso injusto del voto negativo para generar normas o reglas extraoficales que condicionen la actividad de los demás usuarios.

Si no tienes mucho dominio de las matemáticas básicas, no deberías mostrarlo en la portada de un periódico. En Canarias7 de hoy indican en portada que el comercio electrónico en Canarias ha crecido un 1.000% en 10 años al pasar de 477 millones a 4.066 millones. A simple vista ya se ve que el cálculo es erróneo (significaría haberse multiplicado por 11) y el porcentaje de incremento correcto, en números redondos, es del 750%: 4066/477=8,52.
En la ley romana se castigaba con la muerte a quien se apoderase de las cosechas de sus vecinos usando la magia.
Sobre este asunto, Plinio nos cuenta un caso que se inició contra un romano llamado Furio Cremiso:
C, F. Cremiso, un liberto, sacaba de su pequeño campo más frutos que los que todos sus vecinos sacaban de propiedades mucho más grandes. Por ello, como era muy envidiado por éstos, y como se sospechaba que atraía las cosechas de los otros con encantamientos, fue citado a un juicio por Espurio Albino, edil curul. Como temía la condena por el voto de los tribunos, Cremiso llevó al Foro todo su material agrícola, los esclavos vigorosos, bien cuidados y bien vestidos, los utensilios bien hechos, las rejas de arado poderosas, los bueyes bien alimentados. Y entonces dijo: 'Oh quirites, éstas son mis magias, y no puedo ni mostraros ni traer al Foro mis trabajos, mis desvelos y mis sudores'. Dijo esto y se le absolvió por unanimidad.
Es un caso (posiblemente falso) que bien pudo usarse a modo de "fábula" para intentar enseñar algo a los romanos, pero que me ha parecido interesante porque a día de hoy podría tener dos interpretaciones dependiendo del punto de vista que se tenga.
¿Era Cremiso un audaz entrepeneur negotiator que tenía que soportar las envidias y los ataques de los mediocres por su éxito?
¿Era Cremiso el ejemplo de que asegurar unas buenas condiciones a sus trabajadores y tratarlos bien (obviando que eran esclavos), cuidar a sus animales, y proporcionar los medios necesarios y adecuados para el trabajo y no ratonear con el material (no como el resto de empresaurios negotiatores) era mejor para el negocio?
Personalmente me quedo con la segunda opción (aunque lo de ser esclavo...)

A raíz de este artículo de The Objective sobre la evolución del Euribor en 2022 se me plantea la cuestión de si es correcto calcular un incremento porcentual cuando el valor inicial es negativo y el final positivo. Quiero aclarar primero que no se de donde sacan el incremento concreto del 750% en el titular, pero entiendo que utilizan un razonamiento como este: si el valor inicial es -0,5% y el final de 3%, hay que sumar 7 veces 0,5 a -0,5 para obtener 3 (un incremento del 700%). Pero, ¿tiene sentido este cálculo?.
Vamos a analizar con distintos valores iniciales y un valor final de 3, el incremento que sería:
Hasta aquí todo se entiende perfectamente, cuanto más pequeña es la cantidad de partida, mayor incremento es necesario para llegar a la cantidad final. Pero ya nos acercamos al primer problema, ¿qué pasaría si el valor de partida hubiera sido del 0%?. Si se hace el cálculo, el incremento sería infinito, pero me da que nadie titularía que el euribor ha subido un infinito en el año (con datos que habrían sido totalmente posibles en esta situación). No tiene sentido calcular incrementos porcentuales cuando el valor de partida es cero.
¿Y que ocurre si partimos de valores negativos?
Ya se puede apreciar que en este caso los incrementos calculados no tienen mucho sentido, ya que cuanto más alejado está el valor inicial del final, el incremento que se ha pretendido calcular es más pequeño; y al revés, cuanto más cercano está al valor final, el incremento es más grande. Va contra el sentido que normalmente damos a un incremento porcentual y no permite realizar comparaciones. Conclusión: mejor no calcular incrementos cuando el valor de partida es negativo y el final positivo.
Hace escasos días, el periodista Joaquín Abad ha publicado el libro "Los novios de Felipe VI" (véase un resumen en www.elnacional.cat/enblau/es/casa-real/casa-real-alquilaba-finca-en-ma ), donde afirma la homosexualidad del actual Jefe de Estado y aporta informaciones sobre una decena de relaciones que habría mantenido con hombres, y que fueron "breves pero intensas". Entre ellas una en Marrakech, para la cual Casa Real le habría alquilado una finca que le sirvió como picadero.
Lo primero que me ha dejado perplejo es que no hayan secuestrado el libro como hicieron con el famoso número de El Jueves donde Felipe copulaba con Letizia en aquella viralizada caricatura. Esto me lleva a tomármelo en serio, pues cualquier mentira (y yo diría que incluso información verídica) que afecte de modo muy negativo a la reputación de Felipe, es cuestión prioritaria para policía y jueces, que fulminarán a su autor para proteger la monarquía. Que no haya habido denuncia desde Casa Real o actuación de oficio de fiscalía, máxime cuando la base social pepera que apoya incondicionalmente a Felipe suele mirar bastante mal a los gays, me hace pensar que el periodista dice la verdad. Pero sea como fuere ¿Tiene derecho a airear que Felipe VI sea hipotéticamente gay?
Si estuviésemos en EEUU, la respuesta sería indudablemente afirmativa. Allí está absolutamente aceptado que el votante elige a su representante no sólo por su programa, sino por sus valores morales, incluidos los relativos a la moral privada. Me importa que mi congresista sea fiel a su esposa o no lleve a cabo conductas condenadas por La Biblia porque la gente que es infiel a su cónyuge no me parece de fiar, o porque creo que sólo los fervientes católicos son lo bastante rectos como para representarme sin caer en la iniquidad. Y precisamente por ello, tales informaciones tienen relevancia pública, pues son decisivas para la decisión electoral de decenas de millones de norteamericanos.
¿Y en España? Hay un caso en el que, indudablemente, la vida privada del representante público posee relevancia informativa. Y es cuando tiene incidencia en cuestiones claramente ubicadas en el interés general, como puede ser la gestión del dinero público. Si a Felipe VI le pasase lo mismo que a su padre con Bárbara Rey, esto es, que el Estado tuviese que pagar una millonada a un tío para que no largase que se acostó con él, el asunto tendría un incuestionable interés público. También si, como dice la noticia, se dedicase dinero público a proporcionarle picaderos. Si nos toca el bolsillo, nos importa.
¿Y si son relaciones homosexuales que no tienen impacto en el erario público? Aquí el tema es mucho más discutible. El Tribunal Constitucional lleva décadas sosteniendo que los derechos fundamentales a la intimidad y a la libertad de información tienden a chocar por su propia naturaleza. Y la forma de resolver esos choques consiste en asumir la prevalencia de la intimidad sobre la libertad de información cuando el ciudadano es un particular y no un personaje público (esto es, un sujeto con relevancia informativa por su cargo público o por ser generalmente conocido debido a su profesión o ubicación en el mundo del famoseo). Cuando es un personaje público, la intimidad puede ceder si se da un segundo requisito: que la información tenga relevancia pública ¿Y cuándo tiene relevancia pública? Cuando es relevante para la formación de una opinión pública libre, al afectar a asuntos de interés general que los ciudadanos deben conocer para tomar sus decisiones políticas.
Y aquí volvemos a EEUU. Digamos que hay 10 millones de españoles que consideran relevante para apoyar la monarquía el hecho de que su titular haya montado un matrimonio de pega para liarse con sus maromos mientras su esposa hace lo propio con los suyos, disfrutando ambos de una posición privilegiada que posiblemente no habrían tenido si Felipe hubiese salido del armario. El rey debe ser ejemplar, y los matrimonios concertados para heredar y luego follisquear por separado no son ejemplares ¿Convierte eso la supuesta homosexualidad de Felipe VI en un asunto de relevancia pública? ¿Prevalece su derecho a la intimidad frente al derecho de tales ciudadanos a obtener informaciones que, desde su perspectiva, son decisivas para apoyar o rechazar la monarquía? Una cuestión muy peliaguda. Yo opino que prevalece el interés informativo, pero también es verdad que soy un ferviente republicano y estoy deseando quitarme a los borbones de encima, y tal vez ese condicionante sea decisivo para formar mi criterio ¿Qué pensáis vosotros?
Conocí a Chloé en una de esas presentaciones de libros de autoayuda disfrazada de filosofía oriental que tanto proliferan en los centros cívicos de los barrios en vías de gentrificación. Ella estaba allí, con una edición de bolsillo de Mishima mal disimulada bajo un manual de mindfulness. Había en ella una tensión, una vibración de descontento intelectual que me pareció, en aquel momento, el único signo de vida auténtica en un radio de doscientos metros. Tenía 32 años, ocho menos que yo, y trabajaba a tiempo parcial en una galería de arte conceptual que, por supuesto, perdía dinero. Vivía en un estudio minúsculo, comía pasta con pesto la mitad de la semana y hablaba del capitalismo tardío con el fervor de quien todavía cree que se puede hacer algo al respecto.
Mi situación era, como siempre, más prosaica. Era consultor de optimización de procesos para una multinacional farmacéutica. Mi trabajo consistía, en esencia, en traducir la ineficiencia humana a gráficos de Powerpoint para que otros hombres grises como yo pudieran tomar decisiones que afectaran a miles de personas sin tener que mirarlas a los ojos. El sueldo era excelente. Mi apartamento, con vistas a un parque anodino pero bien cuidado, era un testimonio silencioso de mi éxito funcional.
Decidí, con la frialdad de un científico que inicia un experimento, que iba a salvar a Chloé. Salvarla, claro está, de las trivialidades que ella confundía con la lucha. El alquiler, las facturas, la necesidad de sonreír a clientes idiotas para vender un lienzo pintado de un solo color. Quería ver qué ocurría cuando se eliminaban todas las variables de la necesidad. Mi hipótesis, formulada en las largas noches de insomnio regadas con vino blanco barato, era que el ser humano, y en particular la mujer contemporánea, no está diseñado para la utopía, sino para la queja. La queja es el motor de su existencia; eliminada la causa, el motor no se detiene, simplemente empieza a girar en vacío, consumiéndose a sí mismo.
Al principio, fue predeciblemente idílico. Dejó su trabajo en la galería con lágrimas de gratitud. Se mudó a mi apartamento, llenando el minimalismo estéril con sus libros y sus plantas. Los primeros meses fueron una explosión de proyectos. Iba a escribir una novela, a montar un taller de cerámica en la habitación de invitados, a aprender por fin a tocar el violonchelo. Yo financiaba cada capricho con la diligencia de un mecenas renacentista. El caballete, las arcillas de importación, el violonchelo que costó el equivalente a tres meses de su antiguo sueldo.
La primera fase de la descomposición fue la procrastinación. La novela se quedó en un esquema de tres páginas. Las arcillas se secaron en sus paquetes. El violonchelo acumulaba polvo en una esquina, su funda negra como un pequeño sarcófago. Sus días, liberados de la obligación, perdieron su estructura. Se levantaba a las once, veía series en Netflix y desarrollaba un interés casi académico por los catálogos de moda online. La lucha contra el capitalismo tardío había sido sustituida por una participación entusiasta en su liturgia más sagrada: el consumo.
Luego vino la segunda fase: la transmutación del deseo en necesidad. Lo que antes eran lujos esporádicos se convirtieron en requisitos básicos para su bienestar. Ya no era un "gracias por este bolso de marca", sino un "¿por qué no me has comprado el modelo nuevo que salió la semana pasada?". Sus conversaciones dejaron de girar en torno a la alienación del individuo para centrarse en la incompetencia del servicio de reparto de Amazon o en la textura decepcionante de un aguacate orgánico.
La observé con el desapego de un documentalista. Su cuerpo, antes tonificado por las caminatas al trabajo y la escasez, se había ablandado. Pasaba horas en el sofá, envuelta en una manta de cachemira, deslizando el pulgar por la pantalla de su teléfono. Era una odalisca del siglo XXI, una geisha de la fibra óptica, cuyo único talento era la formulación de deseos cada vez más específicos y absurdos. Necesitaba un tipo concreto de agua mineral de una isla del Pacífico, unas sales de baño con un mineral que solo se extraía en el Himalaya, un cojín ergonómico que había visto en el perfil de una influencer danesa.
Yo me convertí en un mero proveedor, una extensión de su tarjeta de crédito. Mi presencia solo era requerida para validar sus quejas o para introducir el código de seguridad en una transacción online. El sexo, antes un refugio de cierta intimidad, se convirtió en otra transacción, un peaje que yo pagaba a cambio de una noche sin reproches por la temperatura del vino.
Una tarde, al volver del trabajo, la encontré llorando desconsoladamente. Me preparé para la letanía habitual: la amiga que tenía una casa más grande, el viaje a las Maldivas que aún no habíamos hecho. Pero la causa era otra. "El repartidor ha dejado el paquete en la conserjería", sollozó. "He tenido que bajar yo misma a por él".
En ese preciso instante, comprendí la naturaleza de mi éxito. No la había salvado; había sido el catalizador de su forma más pura. Había eliminado todos los obstáculos externos, toda la fricción con la realidad, permitiendo que su insatisfacción intrínseca, el malestar existencial de la mujer occidental liberada de todo propósito, floreciera en todo su esplendor grotesco. Era mi obra maestra. Una escultura perfecta de aburrimiento, derecho adquirido y exigencia.
No dije nada. Subí a la cocina, abrí una botella de vino –la correcta, por supuesto– y le serví una copa. Ella la aceptó, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. Mañana se quejaría de otra cosa. Y yo estaría allí para escucharlo, para financiarlo, atrapado en el paraíso estéril que yo mismo había construido. Éramos una simbiosis perfecta, dos formas de la nada que se sostenían mutuamente para no colapsar. La entropía había encontrado su equilibrio doméstico. Y yo, su abnegado gestor de procesos.
Buenas, pertenezco a un grupo de usuarios que nos hemos hartado de olvidarnos cosas cuando vamos a hacer la compra y hemos iniciado acciones.
Para escribir bien, hay que releer muchas veces lo que escribes, cosa que yo no hago, por ejemplo. Al menos, aquí.
Para escribir bien, además de escribir con corrección (que no es lo mismo), conviene pedirle a alguien que lea en voz alta lo que hemos escrito; y después de habernos cortado las venas al escucharle, pensar si es que ese amigo o ese novio no saben leer, o es que nosotros no sabemos poner una puñetera coma en su sitio. Porque el que escribe tiene la frase en su mente, con sus correspondientes pausas y su adecuado tono, pero el que está leyendo no puede saber lo que querías decirle, ni cómo, si lo escrito no está correctamente acotado.
Escribir bien es saber elegir el narrador, pensado desde el primer momento cual se adapta mejor a lo que vamos a contar, cual será más creíble y cual podrá disponer de mayores recursos narrativos. Porque la primera persona mola mucho, por ejemplo, porque resulta fácil, cercana y hasta vibrante, pero se convierte en un estorbo de tres pares de cojones si en algún momento quieres narrar las reflexiones de otro personaje. "María pensó que aquel día no quiso esperarla. A veces se le pasaban por la cabeza esa clase de ideas sombrías sobre Juanjo". Bien, vale, pero si la historia está contada en primera persona, te metes en la cabeza de María porque tú lo vales. Y la primera persona omnisciente ya es una pasada. Que se puede hacer, pero hay que andar al tanto...
Escribir bien es elegir el lapso temporal en que se va a desarrollar la historia y respetar el ritmo. Porque los hay que hacen transcurrir su historia en dos años, y dedican noventa páginas a la primera semana, mientras te presentan a sus personajes, otras noventa a los dos años menos un día restantes, y otras noventa al día final donde todo acaba atropelladamente. Y puede ser necesario hacer pasar el tiempo de manera desigual, pero cuidado con eso.
Escribir bien es respetar el tono, sin que los estados de ánimo del autor se traspasen a sus personajes. Porque lleva mucho tiempo, por ejemplo, escribir una novela, y no es de recibo que el carácter de los personajes varíe según te hayan tratado en el trabajo, o según te hayan sentado las tres copas de la noche anterior. Los personajes no se vuelven vehementes de pronto, ni se ríen de lo que tú te reirías. O tienen vida y opiniones propias, o eres tú travestido.
Escribir bien es saber dosificar la información, planificar lo que los personajes saben y lo sabe el lector. Eso de dejar que la historia fluya por sí misma es de fumetas literarios. Si te dejas llevar por la corriente, irás hacia abajo. Cualquier río te puede enseñar eso. No es tan difícil. Planifica: haz un esquema; estructura las ideas y los hechos.
Escribir bien es saber callarte lo que sabes y no aprovechar cualquier ocasión para demostrar tu dominio sobre el tema. Ya sé que te has documentado leyendo veinte libros sobre Juana de Arco, pero si me dices en qué museo están sus bragas pues, como lector, me cabreo. Y si pones a dos personajes a tener un diálogo erudito sobre ese tema del que tanto sabes, ya es que te mato a hostias.
Escribir bien es permitir al lector que emita los juicios sobre los hechos y los personajes. Si me quieres obligar a que un personaje me caiga bien o me caiga mal, me enfado. Si emites juicios de valor sobre los hechos o las épocas, no escribes novela: escribes propaganda. Si juzgas la ética de los personajes o los hechos desde tu papel de narrador, pásate a la escritura de misales y catecismos.
Y escribir bien es, ante todo, tener algo interesante que contar o un punto de vista novedoso para algo común. A la gente no le interesa lo que sientes mientras te la cascas. No le interesan tus vendettas personales contra aquella chica que folló con todos menos contigo. No le interesa lo bien o mal que lo pasaba tu familia en el año cincuenta. O podría ser que sí, pero para eso tendrías que aportar un punto de vista original y atractivo, o convertir la palabra en un arte. Porque, aunque esté equivocado, suelo decir que Ana Karenina, la Regenta y Madame Bovary son la misma historia: la vida de una desgraciada medio tonta que extiende la desgracia a su alrededor a fuerza de hacer gilipolleces. Y sin embargo, vaya por dios, las tres son putas obras maestras. Así que hasta los tontos y sus tonterías pueden convertirse en un tema literario fascinante si eres Tolstoi, Clarín o Flaubert. Pero como lo normal es que no lo seamos, más nos vale elegir un tema y un tono que tengan verdadero atractivo. Y tratarlo con respeto.
Con empezar por todo esto, ya llevamos un trecho andado.
Suerte.

El error matemático en esta noticia de El Economista es de los que hacen daño a la vista: "La banca de inversión hunde un 700% el ingreso por créditos" . Y en el texto del artículo insisten: "Los números que aporta Dealogic muestran un desplome del 719% en el tercer trimestre del año con respecto al mismo periodo de 2022, pasando de 29 millones de ingresos por este concepto a apenas cuatro". Es evidente que la mayor bajada posible es del 100% (si algo puede variar de valores positivos a negativos merecería una discusión aparte, pero no es el caso). Han calculado la bajada como si fuera un incremento: 29 es un 625% mayor que 4, pero 4 es un 86% menor que 29.
Todos estos años de investigación habían dado su fruto. En sus manos tenía el poder de controlar el tiempo a pequeña escala. Pulsando el único botón de esa pequeña caja retrocedería 10 segundos en el tiempo. Ya no iba a tener más problemas para relacionarse con la gente. Si metía la pata como estaba acostumbrado a hacer, pulsando ese botón se podría arreglar.
Ahora solo faltaba asegurarse de que su invento funcionaba a la perfección. Pulsó el botón.
Todos estos años de investigación habían dado su fruto. En sus manos tenía el poder de controlar el tiempo a pequeña escala. Pulsando el único botón de esa pequeña caja retrocedería 10 segundos en el tiempo. Ya no iba a tener más problemas para relacionarse con la gente. Si metía la pata como estaba acostumbrado a hacer, pulsando ese botón se podría arreglar.
Ahora solo faltaba asegurarse de que su invento funcionaba a la perfección. Pulsó el botón.
Todos estos años de investigación habían dado su fruto. En sus manos tenía el poder de controlar el tiempo a pequeña escala. Pulsando el único botón de esa pequeña caja retrocedería 10 segundos en el tiempo. Ya no iba a tener más problemas para relacionarse con la gente. Si metía la pata como estaba acostumbrado a hacer, pulsando ese botón se podría arreglar.
Ahora solo faltaba asegurarse de que su invento funcionaba a la perfección. Pulsó el botón.
Pasé las Navidades en el hospital por unos problemas respiratorios. Mi compañero de cuarto era un tipo de Wyoming llamado Alfred, un irlandés con ese rictus amargado de quien acaba de recibir un diagnóstico de dos meses de vida, aunque estuviese allí solo por una pierna rota.

A lo largo de mi estadía, desfilaron por la habitación amigos, familiares y conocidos, todos cargados de flores, bombones, revistas y charlas. Pero con los días, esas visitas, que al inicio eran fatigosas, se convirtieron en mi única ventana al mundo exterior, y tengo que reconocer que las disfruté y las esperaba con verdadera impaciencia.
La fragilidad de la convalecencia le llena a uno de cierta emoción y a los amigos y familiares de una honesta preocupación creando una entrañable conexión que jamás pude creer encontrar en un lugar como este, que para mi siempre ha sido un preludio del fin.
Alfred, en cambio, no recibió ni una sola visita en todo el tiempo que estuvimos allí. Ni un amigo, ni un picapleitos perdido de esos que pululan por los hospitales, ni una triste postal. Nada, ni tan siquiera en Nochebuena y si le importó, no pude discernirlo.
Había algo peculiar en Alfred: siempre tenía en la mano una baraja de cartas deshilachadas. La usaba para distraerse, jugando solitarios que nunca terminaba, o a veces simplemente barajándolas en silencio, como si esperara que un movimiento correcto pudiera resolver todos sus problemas. Podía tirarse horas y horas jugando al solitario y todos podíamos verlo a través de las gastadas cortinas que siempre echaba.
Conseguí hablar con él en esos momentos en los que el resto del hospital parecía dormido. Su vida era una tragedia griega pasada por el filtro de la América rural: seis años de cárcel por atraco a mano armada, sin familia (los pocos parientes que tuvo estaban enterrados o perdidos), sin amigos (muertos en la guerra), con un hijo que no le hablaba y una ex mujer que lo odiaba aunque no tanto como él al mundo.
El día que me dieron el alta, Audrey, mi mujer, llegó con sus tres dicharacheras primas para recogerme. Yo, vestido y listo para volver al mundo de los vivos, entré en la habitación para despedirme de Alfred. Mientras las primas y mi mujer parloteaban, me acerqué a él, que andaba enfrascado en otro de sus solitarios, para estrecharle la mano. Fue entonces cuando, con una sonrisa casi pícara, la primera que nunca le vi, se inclinó hacia mi oído y me dijo con aquel acentazo:
—Billy, estás atrapado, perdido, eres un hombre sin norte y lo siento por ti. Pero escucha, si alguna vez quieres escapar, vente conmigo a Wyoming. Allí hay muchos bancos y poca policía. Piénsatelo. Solo tienes que buscarme.
Creo que fue la primera vez en años que llevé a mi mujer a cenar a un sitio caro. Hasta pedimos postre. Al llegar a casa incluso hicimos el amor. Después, decidimos tomarnos una copa para acabar la noche y sentí un extraño impulso que me llevó a sacar del armario mi vieja baraja de cartas, un recuerdo de Las Vegas.
—Audrey, cariño —le dije mientras miraba aquellas cartas—, si algún día empiezo a jugar al solitario, prométeme que me dejarás.
Ella, sin levantar la vista del catálogo de zapatos, contestó:
—¿Antes o después de que te mudes a Wyoming?
Billy Wilder, del libro "Billy Wilder" de Claudius Seidl
Como veo que últimamente han salido bastantes noticias sobre ajedrez, se me ha ocurrido que los menenates aficionados podíamos jugar entre nosotros de vez en cuando.
Para ello, en el portal gratuito de Chess.com he creado un club de ajedrez al que os invito a uniros.
Una vez allí, o compartiendo el nombre de usuario en los comentarios, podemos añadirnos o buscarnos y jugar una partida cuando surja.
Por cierto: yo allí soy Javert97, como lo era aquí cuando empecé.
Espero que os guste la idea. Nos vemos.
A menudo, cuando contemplo la guerra de Ucrania, echo un ojo a lo sucedido en las Guerras Mundiales, y creo que vale la pena compartir esa reflexión, a sabiendas de que puede haber otras interpretaciones y otras vísceras palpitantes sobre el asunto.
La cuestión tiene dos facetas, y por eso es bueno cambiar el sujeto pasivo. Quizás así seamos capaces de llegar al concepto, en vez de a la personalización.
Tanto Alemania como Japón se rindieron y demostraron que no pasa nada cuando te rindes. Al principio parece una catástrofe, pero tu gente vive y la vida sigue, y resulta que diez años después, en 1955, tanto Japón como Alemania son socieddes prósperas, que no han perdido gran cosa con la rendición. ¿Hubiese sido mejor que luchasen hasta el último hombre? Yo creo que no: creo que hay que saber dónde luchar y dónde se puede vencer, y ambas naciones identificaron el momento de dejar la lucha para otro momento. Y vivieron. Y prosperaron. Porque la vida y la Historia dan muchas vueltas, pero las tumbas no se revierten nunca en resucitados.
Esa es mi opinión, a veces, para el caso de Ucrania. Quzás fuese mejor para elolos buscar una mala paz y esperar que el tiempo acabase con Putin y su régimen para, en un momento mejor busccar un destino mejor. Como los alemanes y los japoneses.
Luego están, en ootro lado, los seguidores de Goebbels o de Hanke, esa gente que tanto prolifera por aquí sin saber quienes son sus patrones. Esa gente que decía que cada día de resistencia era un punto más de escarmiento en el pellejo del enemigo. Esa gente que mantuvo Breslau hasta después de la caída de Berlín sólo para matar soldados soviéticos, porque sí, para que escarmentasen, para que temiesen a Alemania incluso después de muerta, porque es el miedo el que sostiene la paz.
Puede que Goebbels y Hanke tuviesen razón y lo que mantuvo el respeto a Alemania fueron los millones de muertos que se necesitaron para vencerla. Vete a saber. Pero yo no lo veo así. No puedo verlo así con la sangre de los demás.
Yo me siento más cerca de tipos como Adenauer, que consideran la rendición un éxito y escriben aquello, en Colonia: "¿Quieres ver nuestras ruinas? ¡Pues date prisa!"
No pasa nada por parar la guerra, aún con una mala paz. Salvo en el cementerio, siempre hay un día mejor más adelante.
Yo que queréis que os diga, pero viendo que pueden venir con explosivos instalados de fábrica, los dispositivos electrónicos los voy a llevar cada día más lejos de mi pellejo.
Y el que no haya pensado en este efecto secundario del ataque israelí, es que no conoce la naturaleza humana. ¿De verdad nos apetece llevar encima una cosa como un smartwatch, que puede explotar con una orden remota y dejarnos mancos o matarnos directamente? ¿Os imagináis lo que puede ser una explosión de uno de esos cacharros que monitorizan tus calorías y tus flatulencias mientras haces ejercicio? Como mínimo te arrancan un brazo, y si no te desangras antes de llegar al hospital, vas a perder peso sin ninguna duda, porque un brazo puede pesar cuatro o cinco kilos.
Que sí, que ya llevamos el teléfono móvil, pero habrá que llevarlo en un bolso, o lejos del cuerpo, y habrá que evitar cualquier cosa que vaya demasiado cerca de uno. ¿Os imagináis lo que pueden ser cinco gramos de explosivo en unos auriculares? Te vuelan la cabeza, joer. Y todos sabemos que esos auriculares tan modernos y tan chulos se pueden activar a distancia por mil medios diferentes. Por ejemplo, cuando escuches reggaeton, o cuando escuches a alguien que habla mal de Israel, o cuando le salga de las narices, en resumen, al que pague el artefacto, que para eso paga y elige el momento de la explosión.
Y bueno, no hablemos ya de que el coche bomba te lo manden montado de fábrica, y te lo puedan activar en cualquier ITV, o mejor aún en cualquier túnel, con uno de esos arcos como los de los supermercados. Porque a ver, si sacas una botella de anís y pita, con una pegatina de medio céntimo, imaginaos lo que puede hacer uno un poco más potente conectado a un explosivo en vez de a un chivato sonoro. Pequeño explosivo en el depósito de combustible y a volar en cuanto te lo activen. Nunca lo detectarías.
Así que, queridos hipocondriacos y queridos neuróticos, los israelíes acaban de inaugurar la hora del ataque indiscriminado. ¿O alguien piensa que esos aparatos sólo los tenían miembros de Hezbollah? Los tenía cualquiera, en casa, en cualquier lado, en manos del crío, en manos de la abuela. Pero les dio igual. Y les va a seguir dando igual. Porque lo que importa no es la herida, sino el miedo.
Yo ya me pregunto si después de escribir esto me atreveré a encender la radio. Y tù, que lees este medio y no otro, cuidadito con el ratón del ordenador. ¿Te imaginas lo que pueden hacer ahí veinte gramos de explosivo? Menéame es muy anntisemita. No te arriesgues.
Y si lo del ratón es chungo, imagina si estalla el monitor. ¿Por qué no?
Previamente: Movida en el bar y más movidas
Ayer se pasó el encargao por el bar. Hemos estado con él un buen rato.
Andábamos ya tarde discutiendo de nuestras cosas y cuando apareció. Se hizo el silencio.
Explicó que como dijo en la nota, aunque parezca sencillo, el barco es difícil de gobernar, ya que hay más socios aparte del que insulta y el que anduvo por el puticlú. De hecho el primero está en el cobertizo de pladur, se le oye con unos pocos cuchicheando.
Hace tiempo que intentaron meter como unas tragaperras con inteligencia artificial, o algo, que sabían jugar al poker, pero ocupaban sitio, hacían ruido y algunos nos quejamos. Hasta el encargao nos dio la razón y las apagamos.
Bueno, pues nos ha comentado que está triste porque teníamos razón. Alguno de los dueños, no está muy claro quién, quiere llenar esto de tragaperras de poker. Parece ser el de los rumores, que intentó algo parecido pero le salió muy mal y fue el hazmerreir. Al encargao parece que no le gusta éso, que vino porque sabe de bodegas y de bares. Además metieron las primeras maquinas sin consultarle pero donde manda capitán...
El dueño de cuando en cuando sacaba la cabeza del cobertizo y decía: "estoy al 200%", "te quiero tío"... Pero luego se metía y seguía con sus: "hienaaaa, monoooos, no os oigooooo"
Algunos decían: "si aquí venimos al mus", "hay que hacer una sociedad", "mi primo tiene un bar", el que habla mucho: "hagamos uno, yo de jefe, que soy abogao".
En fin. Nos hemos quedado tristes pero lo hemos apoyado. En el fondo es como si fuera nuestro bar y nos da pena que se convierta en una sala llena de máquinas sin alma, sólo por el vil metal.
Ver también: El encargao
Ojalá pudiera ser de derechas. Lo tienen todo a su favor.
Los medios de comunicación, los jueces, las fuerzas de seguridad del estado, la religión, la tradición, la monarquía, los simbolos del país e, incluso y cada vez más, las redes sociales. Toda una máquina bien engrasada para asegurarse de que su ideología está bien protegida y perdurará en el tiempo.
Sin embargo, ¿qué tenemos los de izquierdas?
Periodistas que ante cualquier mínimo error de nuestros partidos lo engrosan, abrillantan y televisan cacareados entre tertulianos sin ningún pudor ante múltiples cámaras de eco que se retroalimentan unas a otras.
Jueces que no dudan en alargar casos que abren telediarios y ocupan portadas y cuyos archivos se van acumulando uno tras otro y que no son dignos ni de un pie de página en la sección de esquelas.
Policias, guardias civiles y antidisturbios que se inventan testimonios, que enchironan a inocentes y que abren cabezas por la mañana y duermen a pierna suelta por la noche.
Bots, youtubers y espontaneos que repiten bulos, reprochan a la izquierda pecados que la derecha cometió con anterioridad amplificados por mil, que inventan adjetivos yuxtapuestos dignos de algún comic de Mortadelo y Filemón y que repiten eslóganes basados en terroristas mientras reprochan los pactos con los primos terceros de dichos terroristas.
Y una oposición que no duda en llevar a cabo prácticas mafiosas que incluso sonrojarían a la verdadera mafia, que no dudaron en utilizar la fundación de un asesiando por terroristas para blanquear dinero, que han utilizado todo el poder del estado para perjudicar al rival político, que con los restos humeantes de las víctimas del mayor atentado del país todavía esparcidos en los arcenes de Atocha se dedicaron a mentir a todo el país, que se burlaron de las víctimas del mayor accidente de metro de la historia de Europa que todavía sigue sin responsables, que se han repartido sobres, sobresueldos, tarjetas black y hasta el dinero destinado a hospitales en el tercer mundo.
Y que, sin embargo, no solo arrasa en las elecciones, si no que, encima, engendra a un clon retorcido y malvado que amenaza los derechos de millones de ciudadanos y a la propia esencia de la democracia.
Porque para le derecha nunca es suficiente.
No es suficiente con que el 99% de los medios bailen a su son, quieren el 100%.
No es suficiente ganar las elecciones, quieren que la gente no pueda vator a los partidos que a ellos no les gusten.
No es suficiente que el emérito campechano emigre sin que rinda cuentas, quieren que todos le rindamos pleitesía.
No es suficiente con meter la religión en la escuela, nos la quieren meter por el gaznate.
No es suficiente con humillar a los que no piensan como ellos, quieren que dejemos de ser visibles, que dejemos de existir.
Fusilar a 28 millones.
Con eso es con lo único que tendrían suficiente.
A ver, a esta vaca no se le puede sacar más leche, esta es la última parte, a no ser que Martin Varsavsky me llame y se acuerde de mi familia o me pida que arregle el despropósito que tiene (cualquiera de las dos me vale, la pela es la pela, pero le voy a cobra el fachapass con gusto).
El código de la web lo tiene libre en su github.
Empecemos por el principio, tiene 6 proyectos, 5 de ellos son un HTML plano. Vamos, que solo tiene un proyecto.
github.com/martinvars/auditoriaciudadana
Esto no es un proyecto, es un tutorial en vivo de cómo NO hacer las cosas. Vamos al destrozo:
¿En serio? ¿Qué es esto, un homenaje a los años 90? Has dejado las llaves de tu casa puestas en la cerradura y luego has publicado tu dirección en Twitter. Muy profesional.
Básicamente te has inventado los datos y, por si fuera poco, ni siquiera te has molestado en hacer que parezcan reales. Así que, si alguien te pregunta por la fuente, ¿les respondes "me lo ha dicho un pajarito"?
Ah, claro, porque nombres descriptivos y organizados son demasiado mainstream. Suena más a capítulos de un culebrón malo que a algo que tenga sentido en un entorno de desarrollo.
Más que un proyecto, parece un karaoke de mal gusto. Si quieres que alguien mantenga esto, mejor mándale un psicólogo de regalo, porque lo va a necesitar.
"xfztookxklscvnctqcog". ¡Felicidades! Has ganado el premio al nombre más inútil del año. ¿Es una API o un conjuro mágico para invocar demonios?
Claro, porque a los hackers hay que facilitarles el trabajo. Total, no tenías nada mejor que hacer, ¿no?
¡Ole tú! Pones un correo falso para el admin, porque claro, que alguien intente contactar para avisarte de tu desastre es pedir demasiado.
Fijaos en lo poco pretenciosos que son los nombres:
20250206103526_bronze_thunder.sql
20250206110523_nameless_rice.sql
Por no hablar del contenido, hay una de ellas, con la tabla de los usuarios, user: Administrador, contraseña: admin.
Cerebro tamaño galaxia.
Y no es solo que técnicamente sea un chiste, también estás jugando a la ruleta rusa con la RGPD. Aquí te aviso porque me da pena ver tanta inutilidad junta, pero no me extrañaría que alguien con menos escrúpulos ya esté haciéndote un traje.
Y antes de que venga la gente a quejarse, he mandado emails al admin de la web, por la web de mi colega Martín, a Camila ([email protected]) y he puesto un issue en su proyecto.
Un consejo a todos los liberales, me parece cojonudo que queráis reducir el estado y eficientar cosas, discrepo en las formas, pero no en que el estado tiene que ser más eficiente, pero si vais a hacer algo, por cambiar, no copiéis a Trump y si vais de sobrados como "programadores", pues haced un buen trabajo o pagad a alguien porque lo haga bien, así no vais a conseguir una mierda, tened un poco de autocrítica y sobre todo, aceptad las criticas.
Ale, paz a todo el mundo.
Dramatización: Cojo mi caballo y cabalgo al horizonte, sabiendo que he hecho un buen trabajo.
Valiéndome de mi posición privilegiada (o no tanto, según el día) en una mediana, tirando a pequeña, compañía de seguros, he sacado unos datos de cómo se comportó la siniestralidad de nuestras carreteras durante el estado de alarma. Se me vino a la cabeza viendo el anuncio de la Mutua Madrileña (unos sinverguenzas que esta vez lo han hecho bien) y qué mejor sitio que este para compartirlo.
Por el volumen de clientes, el intervalo de confianza debería ser del 99%, pero hay dos factores que no lo hacen completamente extrapolable a la realidad, el primero, que en mi compañía las frecuencias de siniestralidad son inferiores al mercado, y el segundo, que siempre hay alguna provincia o grupo de asegurados donde hay menos volumen de lo que correspondería a un análisis serio. Por eso, no lo toméis como datos 100% verídicos.
Empezamos con un pequeño resumen en el que se ve muy claro el impacto en abril, único mes completo de estado de alarma, y la recuperación en mayo, así como un mayor imapacto en el número de siniestros graves (con lesiones).

También en el volumen de asitencias en viaje la diferencia es muy alta, aunque no tanto, y es que a muchos se les olvidó dar una vuelta con el coche de vez en cuando y se les agotó la batería. Esto se notó mucho los primeros días de restablecimiento de la "normalidad".

Durante el de abril, que es donde mejor se ve el impacto, el coste medio de los siniestros varía poco con respecto a otros años, aquí influyen muchas cosas, como puede ser la disponibilidad de talleres, pero os pongo el dato para que veáis lo que cuesta de media un accidente. Aquí solo pongo datos de accidentes donde la culpa es de nuestro cliente para hacerlo más sencillo, aunque los otros también cuestan dinero.

Y ahora vamos al lio, ¿en qué zona o grupo de población se redujo más el uso del coche? pongo datos de abril y mayo para ver un mes con estado de alarma completo y como se va recuperando en mayo en función de las características de cada grupo. Todos los porcentajes son de mejora respecto al mismo mes de 2019.
Provincia: ordenado primero por CC.AA. para volveros locos buscando la vuestra:

En Madrid y Barcelona, zonas muy afectadas por el COVID, el impacto es mayor a la media tanto en abril como mayo.
Edad del conductor:

Mayor impacto en población jóven. Los menores de 21 son uno de los segmentos donde el dato es poco fiable por el volumen de negocio que tenemos.
Perfil socioeconómico:
Aquí pongo 3 de las variables relacionadas con los ingresos que más influyen a la hora de tener accidentes:

En primer lugar, el pago fraccionado está vinculado a hogares con menos renta media, y son estos los que menos han visto reducidas sus frecuencias, y por tanto, mayor uso del coche han seguido haciendo, aunque la diferencia es poca.
Lo mismo ocurre con los extranjeros, pero en este caso, la diferencia es muy alta en mayo, por lo que es de suponer que fueron los primeros en reincorporarse a sus puestos de trabajo, o que nunca dejaron de ir, pero al no haber tráfico en abril, no tuvieron accidentes.
En cuanto a la última variable, es una categorización en función de CP, uso de tarjetas de crédito y morosidad, por lo que es la más socioeconómica de las 3. A mayor letra, menos renta media, el grueso de población está entre la C y la F, y los resultados son bastante deficientes, porque influye bastante la provincia de residencia, pero lo mismo veis algo que a mí se me pasa.
Vehículo de empresa o particular:

Los autónomos fueron los primeros en reincorporarse a sus puestos de trabajo, lo que conlleva que en el mes de mayo su frecuencia se parezca mucho más a un año normal que la del resto de conductores.
Tipo de vehículo:

Esta tabla solo confirma el punto anterior.
Si les gustó el resumen, me pueden enviar su número de tarjeta de crédito por privado, prometo gastar poco.
Donald Trump no necesita dar un golpe de Estado para erosionar la democracia. Le basta con algo mucho más eficaz: jugar con la idea.
Cuando sugiere cancelar elecciones, aunque luego diga que “bromeaba” o que era “retórica”, no está improvisando. Está usando una técnica vieja y conocida: decir lo impensable para acostumbrar al público a escucharlo. Hoy es una broma. Mañana es una exageración. Pasado mañana, una opción “a debatir”.
Trump no es un dictador clásico, ni parece interesado en convertirse en uno al estilo del siglo XX. Su autoritarismo es más moderno, más blando y más peligroso: desgasta las normas desde dentro. No rompe la Constitución; la desacredita. No cancela elecciones; siembra la idea de que solo son legítimas si él gana.
El truco es siempre el mismo:
1. Lanza una frase extrema.
2. Provoca indignación.
3. Se desdice o matiza.
4. Sus seguidores repiten: “solo estaba bromeando”.
5. La línea roja se mueve un poco más.
Así, conceptos que antes eran inaceptables —posponer elecciones, ignorar resultados, atacar jueces, desacreditar a la prensa— se convierten en parte del ruido cotidiano. La democracia no muere de golpe; se desgasta por saturación.
Trump entiende algo clave: el poder no está solo en lo que se hace, sino en lo que se permite imaginar. Si logra que millones de personas acepten como normal que un líder “fantasee” con saltarse las reglas, el terreno ya está preparado para que otro, o él mismo, vaya un poco más lejos.
Por eso el debate no es si hablaba en serio o no. Esa pregunta es una trampa.
La pregunta correcta es otra: ¿por qué un aspirante a gobernar considera aceptable bromear con el fin de las elecciones?
La respuesta es incómoda, pero clara: porque le funciona. Genera miedo, lealtad, ruido mediático y polarización. Y mientras discutimos si era sarcasmo o no, el daño ya está hecho.
Trump no necesita ser un dictador para comportarse como un aprendiz de autoritario. Le basta con tontear con la idea, una y otra vez, hasta que deje de parecernos una locura.

Con exquisita afabilidad, como un pastor despidiendo a los fieles a la puerta de su templo, Sir Benjamin Malory estrecha uno a uno la mano de los miembros de la Scottish Society for Researching of Unexplained, una de las más reputadas del Edimburgo elegante por la calidad de sus miembros. A pesar de las protestas casi unánimes de los demás socios, acaba de presentar su dimisión como presidente y su baja como miembro, absolutamente resuelto a no ofrecer ninguna explicación sobre lo ocurrido.
Sólo una hora antes Sir Benjamin maldecía el infausto momento en que se le había ocurrido invitar a aquel condenado Dr. Shore, geólogo y psiquiatra, a la sociedad paracientífica que pocas semanas atrás le brindara el honor de la presidencia. A priori, la elección del invitado no parecía ninguna insensatez, ni tampoco había sido una decisión poco meditada: los muchos y celebrados experimentos del doctor en el campo de la detección de presencias paranormales parecieron un inmejorable aval para elegirlo como primer conferenciante dentro del ciclo programado. De hecho, todos los miembros de la Sociedad que vivían a menos de cien millas acudieron puntualmente para ocupar su sitio en el salón. A la hora de inicio de la conferencia sólo quedaba media docena de sillas vacías, tantas como cartas de disculpa dirigidas a Si Benjamin felicitándole por su criterio y aclarando que la inasistencia se debía a otras razones, y nunca a desinterés por el acto programado.
Cuando el doctor Shore se presentó en la sala fue recibido con una cerrada ovación que dio paso enseguida a un silencio casi ritual, somo si el eminente especialista en fenómenos paranormales se dispusiera a conjurar un espectro sobre la tarima en vez de a exponer sus conocimientos sobre los procedimientos técnicos.
Los primeros treinta minutos, destinados a explicar la metodología de sus experimentos, resultaron verdaderamente sustanciales, brillantes hasta el punto de obligar a los asistentes —poco inclinados normalmente a reconocerse legos en tales materias— a tomar notas sobre la marcha del torrente de novedades que desde el estrado se exponía.
Concluida la detallada descripción de los procedimientos, el doctor Shore pasó acto seguido a enumerar los hallazgos a que estos habían dado lugar, deteniéndose muy especialmente en las magníficas fotografías de hectoplasmas que se habían ido acumulando en su laboratorio. Tres de ellas fueron pasaron ansiosamente de mano en mano por el salón, entre murmullos admirativos que rompieron por vez primera el silencio casi sacro mantenido hasta ese momento.
Si la conferencia hubiera concluido en ese punto, Sir Benjamin Malory hubiera podido seguir dedicando su tiempo a la gratificante desocupación de presidir la Sociedad, y con todos los parabienes además, pero el Dr. Shore pasó a continuación a describir, aún más minuciosamente si cabe, las técnicas con que los mediums profesionales falsificaban tales pruebas. No menos de una docena de ellos estaban presentes, pero ninguno quiso ser el primero en darse por aludido mientras desfilaba ante el público una veintena de fraudes, trucos de magia, prestidigitación, manipulación de placas fotográficas y cuantas añagazas pasaron alguna vez por mente humana: los fuegos fatuos fueron acumulaciones de fósforo, la maldición de Tutankhamon envenenamiento por esporas de un hongo venenoso y hasta la resurrección de Jesucristo se convirtió en pocos instantes en un simple acto de profanación de sepulcros. El irrefrenable doctor había conseguido en sólo quince minutos poner en su contra a los mediums, los investigadores de la magia egipcia y hasta a los cristianos en general, pero el malestar se tornó ya en estupor cuando, tras recoger las fotografías que con tanto agrado acababa de contemplar su auditorio, pasó a describir los métodos que él mismo había empleado para conseguir aquellas falsificaciones. Y lo dijo así, textualmente.
El altercado que contemplaron los adustos salones de la Royal Society diez años antes con motivo de la poco diplomática teoría de William Walham fue una tibia protesta comparado con el que allí se formó. Acaso los caballeros de la Royal conservaran cierta compostura en aquellos momentos por débito a su linaje y posición, también porque vivían casi todos de otra cosa (rentas, principalmente), pero el abigarrado catálogo de quiromantes, mediums, egiptólogos, hipnotistas, astrólogos, espiritistas, hechiceros, adivinos, telépatas, exorcistas y levitantes, se tomó mucho peor que fuera tan directa e impúdicamente vituperado su medio de subsistencia. No se pararon tales personajes en apelativos cultos: fue mencionada allí la madre del doctor, la compleja identificación de su padre, sus gustos sexuales, el consentido adulterio de su esposa y su extraordinario parecido con no pocas especies animales de poco recomendable aspecto y cualidades.
El Presidente, Mr. Malory, más por sentirse en su deber que por desacuerdo con lo escuchado de labios de sus administrados, trató de poner orden, pero sólo lo consiguió cuando los insultos comenzaron a ser repetitivos. Al fin, tras arduos esfuerzos, logró imponer su voz sobre el griterío, y la severidad judicial de sus palabras decretó al fin una pizca de sensatez en aquel injurioso maremágnum.
—Abandonar la conducta que dos mil años de civilización nos han enseñado como la más apropiada entre personas razonables no va ayudar en absoluto a demostrar lo veraz de nuestras posturas. Guarden, por tanto, silencio, y escuchemos lo que el doctor tenga que decirnos.
—Gracias— empezó el doctor, que se había mantenido absolutamente indiferente al escándalo de la platea—. Quería decir hace un momento que mis investigaciones no han hallado más que fraudes porque no es posible otra cosa en el campo que nos ocupa. No sabemos qué hacer con los muertos y como nuestra conciencia no nos permite abandonar a los seres queridos en el cementerio y dejar que allí se pudran tranquilamente, inventamos mil historias distintas con que resucitarlos a medias. Pero esto, que podría parecer una muestra de hipocresía, es en realidad una demostración de la íntima bondad del ser humano, porque los resucitamos con poderes extraordinarios, con conocimiento e inteligencia superlativas. De este modo llegamos a la extraña conclusión de que la muerte aporta al hombre más de lo que le quita, pues hasta el fantasma del más imbécil puede responder a las difíciles inquisiciones de un espiritista avezado. Pero señoras y señores, es mi deber científico intentar ser un poco más riguroso; no quiero atacar la fe de nadie, pero me gustaría ayudarles a sostener esa misma fe con un mínimo de seriedad, con un razonamiento que tiene que ser aceptado cualquiera que sean las creencias de quienes me escuchan: los muertos pueden ir al cielo o al infierno, según los creyentes, o a ninguna parte, según los ateos, pero de ninguna manera es admisible pensar que se quedan por aquí, flotando en el vacío, a la espera de juicio, como si la celestial administración de justicia padeciera los mismos retrasos y dilaciones que la nuestra. Reconozco, cierto es, que a lo largo de la historia son tantos los casos en que se informa de su presencia que sólo ese motivo es suficiente para dar crédito a su existencia, pero si por un momento se deciden a razonar, convendrán conmigo en que tan perenne es su presencia en la historia como las causas que a mi parecer originan la alucinación que les da vida: el miedo a la muerte y el bochornoso deseo de justificar lo injustificable.
Nuevos murmullos, atajados sin piedad por la presidencia. El doctor Shore prosiguió su disertación:
—Cuando se es una persona importante, un rey digamos, resulta doloroso reconocer que el día en que nos abrace la tierra se acabará nuestra influencia, nuestro poder y nuestro dominio sobre las decisiones ajenas. Los que en tal coyuntura no se conforman con escribir testamentos, que es la forma en que habitualmente tratan los muertos de seguir imponiéndose a los vivos, suelen ser los más propensos a ver las almas de quienes les antecedieron, o a creer a quienes dicen haberlas visto; y si el rey lo cree, lo mejor que pueden hacer los súbditos es hacer o fingir otro tanto. Nace así un mito que de puro conocido llega a ser indiscutible: la literatura no hace más que darme la razón, y ustedes que lo niegan, mejor harían en leer a Shakespeare en vez de esos burdos folletones que tan ajados descansan ahora en la biblioteca de esta sociedad.
Regreso de los gritos, sofocados sin necesidad de intervención alguna al margen de quienes querían seguir escuchando, así fuera por curiosidad, el resto del razonamiento.
—Si, por contra, una persona no ha sido rey, siquiera en su casa, ni ha hecho nada en la vida, ni encuentra posibilidad alguna de hacerlo, parece lógico que el deseo de prolongar la existencia, y no en mundo superior alguno, sino al lado de parientes, conocidos y enemigos, le impulse a creer que es posible vagar por las casas, los campanarios o los cruces de caminos. De ese modo no es extraño que esas gentes, que de pura abundancia son legión, suelan creer lo que otras más imaginativas les cuenten acerca de lo visto u oído en tal o cual abandonado paraje. Porque convendrán conmigo en que los fantasmas jamás son vistos por muchedumbres.
Dos docenas de discursos brotaron entre el público, tratando de contradecir al orador, pero Sir Benjamin quería acabar con aquello cuanto antes y con un gesto ordenó silencio. Con menos parsimonia de la habitual, secó el sudor que coronaba su frente e indicó al doctor que podía continuar.
—Pero hay otras muchas causas que producen las apariciones que hoy nos interesan. Una de los más interesantes partos de un fantasma es el del que sabe algo que no debe saber o quiere decir algo que no debe decir, y se libera de las crueles ataduras del sigilo o la prudencia atribuyendo sus palabras al oráculo de un muerto. ¡Bravo por su osadía!, pero si bien está creerlo en público para evitar otras investigaciones, siempre enfadosas, no tiene nombre todavía la superlativa estupidez que constituye seguir creyéndolo en privado. Sería algo parecido a seguir defendiendo la existencia de Papá Noel o los Reyes Magos después de que los niños se hayan acostado.
Los gritos que siguieron a esta aseveración tardaron en ser silenciados algo más que los anteriores.
—Por último, porque observo que poco tiempo más podré dirigirme a ustedes, está el aburrimiento. La gente se aburre, se aburre terriblemente, y en tales sofocos de fastidio está dispuesta a buscar lo que sea, cualquier superchería capaz convencerles de que la vida que llevan es algo distinto de la porquería que en realidad es. Los fantasmas cumplen la doble misión de prometerles una prolongación más allá de la fosa y entretenerles mientras viven, ¿qué más se puede pedir?
Y para que no digan que no dejo una puerta abierta a la posibilidad, porque posible lo es todo, quiero terminar diciendo que si alguien tuviera una existencia posterior a la muerte sería alguien con una gran obra inconclusa, y los hombres con grandes obras son gente de talento o de coraje, gente muy ocupada que ni se dejaría convocar por mediums ni fotografiar por espantajos como ustedes, de lo que resulta que el famoso Más Allá del que esta Sociedad se ocupa está habitado por las almas de los tontos muertos que se dedican a dejarse interrogar y retratar por los tontos vivos. Muchas gracias.
Como nadie recordaba otros distintos, los insultos del principio se repitieron de nuevo, aunque diez veces magnificados en volumen.
Viendo que allí no tenía nada más que hacer ni que decir, el doctor Shore se puso tranquilamente su abrigo, dio la mano a su anfitrión, se calzó los guantes y saludó al público con una profunda reverencia.
Y atravesando la pared, se fue.
menéame