En plena resaca del 8M, cuando todavía se celebran eventos conmemorativos, vale la pena subrayar lo obvio. Ni el token de la señora que decora la mesa del coloquio, ni la de aquélla que da las gracias al percibir su discurso al fin enunciado –lo de "escuchado" no siempre sucede– gratifican lo suficiente como para cubrir las grietas que deja el sistema capitalista. Precisamente, la lucha por la igualdad debería conllevar un trato digno desde las mismas organizaciones y espacios que la promueven...