Me dijeron que, si algo no me gustaba, protestara. Que me quejara. Pero que tampoco me quejase mucho; a nadie le gustan los quejicas. Así que protesté, poquito, pero protesté.
Pero a la vida le da igual lo que digas. Y aún menos le gustan los quejicas; es más, se la pela totalmente. Así que me aburrí de protestar y de que nada pasara. Bajé los brazos ante la vida y me pasó por encima como un autobús.
¿Y sabéis qué?
Es lo mejor que te puede pasar.
Ya no protesto; ahora cojo lo que quiero y desecho lo que no.
A la vida le da igual lo que protestes o patalees.
Si algo no te gusta, cámbialo.
EldelaPepi