Elogio de la mercromina

Química sangre arrumbada

en siniestros botiquines,

salvación menospreciada,

auxilio de paladines

y consuelo de criaturas.

Tú que sabes que no curas

cáncer, évola ni SIDA,

eres caricia sincera

que reconforta al que espera

que no se infecte la herida.

Tú que no eres engreída

y sabes bien lo que vales,

tú que te mides en gotas

y te importan tres pelotas

los cuarenta principales

del mundo de la farmacia,

tú que paseas la gracia

de tu fogoso color

por medio mundo y aún más,

te merecías quizás

un nombre con más honor.

-

Te llamaron mercromina,

y como aun se pronunciaba

guisaron en la cocina

de los nombres otra aldaba

con que atar tu maldición.

Así fue como un cabrón,

un cabrón de tomo y lomo

te llamo MERCUROCROMO. 

Feindesland, 1994