En la Universidad de Duke se alió con supremacistas como Richard Spencer y aprendió de David Horowitz a manipular la Primera Enmienda: no para expandir derechos, sino para blindar el discurso racista en los campus. Lo que el movimiento por los derechos civiles había conseguido, Miller lo pervirtió para dar voz al supremacismo blanco. Su estrategia siempre fue la misma: usar la libertad como coartada para promover el odio. Cuando Trump apareció en 2016, Miller encontró a su títere perfecto: un millonario necesitado de un guión. Él lo escribió.
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