Antes, cuando no operaban en España los Ouigo ni los Iryo, la puntualidad de los trenes de alta velocidad era sorprendente. Hasta el punto de que Renfe te abonaba el billete (o una parte) si sufrías un retraso de 15 minutos. Pero no ha cambiado sólo la puntualidad, sino algo más difícil de definir. Lo llamaron “liberalización” de la alta velocidad y se nos vendió la idea de un abaratamiento de billetes que duró poco. Lo que acabó llegando, para las viajeras y viajeros, es la sensación de que algo no está bien ajustado...
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