Ya no queda nada de aquella China aislada que ofrecía trabajos precarios y productos de mala calidad. En apenas una generación el gigante asiático ha despertado de su letargo para convertirse en la mayor de las potencias industriales del planeta. El sector de la automoción demuestra, como ningún otro, el gran avance del país. A pesar de su éxito, la industria del automóvil chino vive un momento delicado. Las elevadas cifras de ventas camuflan un problema de competencia.
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