Greenpeace advierte en un informe que una gran parte de las presas está cruzando ahora mismo el umbral de su vida útil teórica de proyecto (los 50-75 años). El reto actual no es levantar nuevos embalses, sino mejorar los existentes: se almacena menos agua de la reportada debido a la acumulación de sedimentos en el fondo. Es imperativo integrar la restauración. Las infraestructuras antiguas carecen de la agilidad necesaria para gestionar las “avenidas sólidas” (mezcla de agua y sedimentos) que traen las nuevas borrascas torrenciales.
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