Y entre los amasijos de metal, el rumor de las máquinas descarriladas y los quejidos exangües; allí estaban: los móviles sonando. Uno. Dos. Cinco. Quién sabe cuántos móviles. Encendiéndose lo mismo que cuando las estrellas comienzan a aparecer en la bóveda celeste, una tras otra, a medida que se va yendo la luz. En un titilar sin respuesta de humano escalofrío.
|
etiquetas: pedro simón , accidente , adamuz