A mediados de diciembre, el alcalde de un diminuto pueblo del Pirineo galo llamado L'Hospitalet-près-l'Andorre sorprendió a los franceses con unas declaraciones espeluznantes. «Hemos encontrado cadáveres delante de la tiendecita de nuestro pueblo en un par de ocasiones», aseguró Arnaud Diaz a RTL mascando sus palabras con acento occitano. El comercio que mencionó el edil es el clásico colmado que vende pan, queso y latas de cerveza barata a los esquiadores que se detienen a repostar en la última población francesa antes de seguir camino
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