La neutralidad de Suiza viene de la guerra de los Treinta Años (1618-1648), que enfrentó a algunas de las principales potencias europeas. Los cantones suizos apoyaron a distintos bandos según sus intereses y, tras un conflicto con resultados a menudo contradictorios, comprendieron que esto podía comprometer la cohesión interna. Para sobrevivir en la Europa de los Estados nación emergentes en el siglo XVII, los cantones suizos necesitaban una estrategia para garantizar su integridad y armonía interna.
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