Todos sabemos lo mentiroso que es Trump y el descaro y la desvergüenza con los que publica bulos para que su público y los incautos mal informados (que son millones) jaleen sus inventos.
No obstante, aquí presento cuatro afirmaciones falsas o desinformadoras sobre el sector eólico y su impacto que el presidente de EE. UU. ha decidido difundir, indicando por qué son bulos y tergiversaciones infundadas.
PUBLICACIÓN 1: truthsocial.com/@realDonaldTrump/115810938895873142

Este post de Donald Trump en Truth Social es bulo por varios motivos claros.
www.timesofisrael.com/environment-minister-seeking-moratorium-on-new-w
pubs.usgs.gov/publication/ofr20231016/full
PUBLICACIÓN 2: truthsocial.com/@realDonaldTrump/115810936844871833

www.factcheck.org/2018/09/trump-again-overblows-risks-of-wind-power/
www.cetjournal.it/cet/25/116/120.pdf
www.phmsa.dot.gov/data-and-statistics/pipeline/pipeline-incident-20-ye
PUBLICACIÓN 3: truthsocial.com/@realDonaldTrump/115810934711959436

www.mdpi.com/1660-4601/18/17/9133
www.nature.com/articles/s41599-025-04645-x
PUBLICACIÓN 4: truthsocial.com/@realDonaldTrump/115810932655688574

En resumen, sí es cierto que hay que poner énfasis en reducir el impacto del sector eólico en el ecosistema y en la sociedad, pero incluso cuando se ataca de forma insistente al sector mediante la maquinaria propagandística de un gobierno tan poderoso como el de EE. UU., sigue siendo aún más cierto y evidente que la alternativa al sector eólico (y a las energías renovables en general) es mucho más perjudicial en todos esos aspectos, incluido el económico, en el caso de las opciones basadas en combustibles fósiles, tan idolatradas por esa misma maquinaria propagandística.
Es decir, el relato de Trump se basa en el engaño, el cinismo y, como bien sabemos, en el beneficio personal.
Relacionada: www.meneame.net/m/actualidad/trump-publica-foto-halcon-muerto-israel-d

Publica El Economista un artículo sobre la desigualdad en la pensiones de jubilación centrándose en el País Vasco y Extremadura que tienen las pensiones medias más alta y más baja. La primera pega es sobre el tipo de gráfico utilizado, ya que un gráfico de columnas apiladas no creo que sea la mejor opción si se quiere mostrar las diferencias entre las dos series de datos. Pero, además, la conclusión no es del todo correcta, porque es verdad que la diferencia en valor absoluto ha aumentado un 20% (casi 100 euros) y más adecuado comparar en términos relativos, es decir, que porcentaje es mayor la pensión en el País Vasco respecto a la de Extremadura. Y si realizamos esa comparativa, comprobamos que se ha pasado de un 48% en 2019 a un 44% en 2025. Por tanto, la brecha está decreciendo en términos relativos, y lleva bajando año a año (si comparamos con los datos de 2005, la diferencia era del 54%, con una pensión media de 882,67 € en el País Vasco y 572,83 € en Extremadura) . Es mas, en el propio artículo también se alude a esa diferencia en términos relativos, pero con un razonamiento erróneo: "Una diferencia que sitúa la brecha actual en un 44% y que se repite año a año desde que existe registro, pero que se ha ido ensanchando a lo largo del tiempo"

Las analogías simples es cierto que pasan por alto los detalles y las sutilezas, pero uno no puede dejar de mirar al pasado y comparar las barbas que vimos pelar del vecino con las nuestras de ahora.
Esparta y Atenas, junto con otras ciudades estado partidarias de cada una, se estuvieron dando leña y poniéndose zancadillas durante un par de siglos. A pesar de haber peleado contra los persas en las Guerras Médicas (y las famosas batallas de Maratón, las Termópilas, Salamina, etc.), nunca llegaron a formar un conjunto estable y unido de griegos con una cultura e intereses comunes. Al más puro estilo cainita, los espartanos, con tal de pisotear a sus vecinos atenienses, llegaron a aliarse con los persas que eran enemigos de toda la vida. Ganaron las guerras del Peloponeso a costa de dejar en la ruina a Atenas, pero también a su propia ciudad, Esparta, y a sus aliados. Esto fue en el 404 a.C. Treinta años después, Tebas al mando de Epaminondas, derrotó a Esparta, y ya no quedó fuerza real que pudiese contener a invasores externos. Otros treinta años después Filipo II y Alejandro Magno vinieron de Macedonia a poner firme al cachondeo griego. Y a la muerte de Alejandro, llegaron sucesivas fragmentaciones, derrotas, divisiones e invasiones que culminaron con el Imperio Romano pasándoles por encima sin que nadie allí meneara una pestaña porque no tenían con qué defenderse de una potencia militar tan apabullante.
Quienes habían fundado buena parte de los principios de la civilización en el Mediterráneo, habían enseñado a todo cristo cómo construir magníficos templos y palacios, cómo hacer esculturas dignas de dioses, habían creado poemas, tragedias y comedias excelsas, acabaron siendo el parque de atracciones de los romanos, que admiraban la cultura (y la asimilaban) pero que despreciaban su falta de fuerza. Era muy normal que las buenas familias romanas tuviesen un maestro griego para sus hijos, esclavo o simplemente siervo. Para eso quedaron.
En la Europa moderna, y vuelvo a las analogías simples, aquí estamos peleándonos como atenienses y espartanos, algunos incluso aplaudiendo a los nuevos "persas" que se están empezando a merendar parte del planeta, mientras nos debilitamos sin querer ver la horda que se nos viene encima.
¿Seguiremos los europeos formando liguillas internas para fostiarnos entre nosotros, o por una vez, alguien reaccionará y pararemos los pies a quien quiere convertirnos en un monigote, pisotear nuestros derechos, y reírse de nuestra Historia?

Trump sigue empeñado en hablar de descensos matemáticamente imposibles cuando promociona sus acuerdos con farmacéuticas para bajar el precio de los medicamentos. En un reciente discurso en Palm Beach ha asegurado que su administración ha reducido el precio de los medicamentos “un 1.000% y en algunos casos en un 1.200%, 1.300%, 1.400%”. Matemáticamente, la mayor bajada es del 100%, en que el valor quedaría convertido en cero (podríamos discutir si hay descensos superiores si la cantidad puede pasar de valor positivo a negativo).
Lo más gracioso es como los miembros de su gobierno intentan justificar esas incongruencias matemáticas:

menéame