Envejecer es inevitable. Desde el mismo momento en el que nuestro organismo alcanza su plena maduración, comienza el declive progresivo de nuestras funciones, aunque afortunadamente no llegamos a notar los signos de la edad hasta décadas más tarde. Si bien no podemos hacer nada para frenar el paso del tiempo, existen maneras de retrasar los efectos clínicos del envejecimiento para llegar en mejores condiciones a las últimas etapas de la vida, conservando la autonomía y evitando muchas de las dolencias asociadas a la edad.
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