Los recién nacidos detectan patrones rítmicos, de tiempo y altura tonal en forma espontánea y sin instrucción. Los humanos somos fundamentalmente "animales musicales", y nuestra capacidad para la música tiene sus raíces en la biología, no solo en la cultura, de acuerdo a un nuevo estudio de científicos de la Universidad de Ámsterdam concluye que la musicalidad debe entenderse como una capacidad biológica, concretamente un conjunto de disposiciones cognitivas, que permite a los seres humanos percibir, producir y disfrutar de sonidos organizados.