Mientras su obra ganaba presencia en la ciudad, la trayectoria personal de Palacios se movía dentro de un marco social rígido, donde el origen y las relaciones contaban casi tanto como el talento. Procedente de un entorno ajeno a las élites madrileñas, su carrera puede leerse como la del profesional que asciende en un sistema corporativo fuertemente estratificado, en el que la respetabilidad se consolida no solo con concursos y encargos, sino también con capital social, alianzas y de la obediencia a normas implícitas.
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