Pocas personas imaginan que un pez pueda sobrevivir fuera del agua durante semanas o meses sin morir asfixiado. Sin embargo, el pez rivulus (Kryptolebias marmoratus), desarrolló una estrategia extrema que desafía los conceptos básicos de la fisiología animal. En sequías periódicas, este pez simplemente abandona el agua, se esconde en troncos podridos o grietas húmedas y comienza a vivir fuera del entorno acuático respirando por la piel en vez de por las branquias. Este comportamiento no es ni ocasional ni accidental sino evolutivamente estable.
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