Una mente tan formidable como la de Sir Isaac Newton sospechó que comprender las pirámides significaría comprender mucho más, desde la naturaleza de la gravedad —un tema en el que se convertiría en una autoridad— hasta la profecía bíblica. La clave, según él, residía en una antigua unidad de medida egipcia llamada codo real. Establecer la longitud precisa del codo egipcio le permitiría reconstruir a su vez otras medidas antiguas, fundamentalmente el codo sagrado de los hebreos, y así poder reconstruir con precisión un edificio que, para Newton,