LITERATOS. Compartimos fragmentos.
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William Shakespeare - Macbeth

Me pareció oír una voz que gritaba: «¡No dormirás más!… ¡Macbeth ha asesinado el sueño!» ¡El inocente sueño, el sueño, que entreteje la enmarañada seda floja de los cuidados!… ¡El sueño, muerte de la vida de cada día, baño reparador del duro trabajo, bálsamo de las almas heridas, segundo servicio en la mesa de la gran Naturaleza, principal alimento del festín de la vida!

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«... fodidenculo, siervo, çigulo, traydor...»

Los fueros de la Corona de León (Gallecia, Asturias y Legione, o reino de León, que incluía Asturias, reino de Galicia, y condados de Portugal y Castilla) son las disposiciones legales redactadas en astur-leonés y galaico-portugués durante algo más de dos siglos, empezando el segundo milenio. Los del siglo XIII emanan directamente de las primeras cortes democráticas y constituyen «el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo» según la UNESCO.

En ellos podemos encontrar este fragmento en asturiano antiguo:

Si barallar vezino con vezino et el uno denostar al otro per uno destos quatro denuestos: fodidenculo, siervo, çigulo, traydor, sil firier sobre aquesto una vez con lo que toviere en mano que non se baxe por prender alguna cosa et non vaya a su casa por armas con quel fiera, lógrelo sin calonna et qui emprimar postea pecte ço que fizier et lógrelas aquellas que él fizier; et por estos quatro denuestos, por qual quier que il diga, et non lo enviar ferir una vez aquel quel denostó, postea le quesier venir a derecto por foro dela villa, paresse en conçello et diga: «lo que dixe, dixelo contro el mal taliento et non por tal que verdat sea et mentí por esta boca, et saqué el dedo por los dientes»; et por estos otros denuestos non traya el dedo por la boca, mas planamientre se desmienta.

Que sería en castellano:

"Si riñere vecino con vecino y uno injuriase de palabra al otro por uno de estos cuatro denuestos: sodomita, siervo, cornudo, traidor, si además le hiriere una vez con lo que tuviese a mano, no bajándose para coger alguna cosa y no vaya a casa por armas con que le hiera, hagálo sin multa, y quien empezara después pague lo que hiciere y lógrelas (sin multa) aquellas que él hiciera; y por estos cuatro denuestos, por cualquiera que le diga, y no le hubiese herido una vez aquel que denostó, después quisiera venir a derecho por fuero de la villa, preséntese en concejo y diga: «lo que dije, díjelo contra mal talento y no porque fuera verdad y mentí por esta boca, y saqué el dedo por los dientes»; y por estos denuestos no extraiga el dedo por la boca, sino desmiéntase llanamente."

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Los que están contra el derecho a heredar

Los que están en contra de la riqueza hereditaria no sólo demuestran que son unos inútiles incapaces de crear nada para sus hijos, sino que declaran también, supongo que involuntariamente, que sus padres también lo eran.

Otto Ohlendorf. (Entrevistado por Joe Heydecker)

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Ovejas negras

En la grey de los colonos del Congo me he encontrado, como en cualquier otra grey que se precie, con ovejas negras y blancas. Gentes honradas, trabajadoras, de espíritu abierto, y también auténticos delincuentes, trabucaires de la peor calaña, estafadores, vagos, etcétera. Esta última especie constituye, por desgracia, un grupo muy numeroso.

Son los detritus de media docena de países europeos. Hombres inadaptados a todo molde de convivencia que, incapacitados para abrirse paso en una sociedad normalmente organizada, han tenido que buscar en el "Far West" africano la promoción social y económica que en sus propios países no encontraban.

Al oveja negra se le tropieza en cualquier lugar del Congo y se le reconoce tras un breve intercambio de palabras. El prójimo, para él, es sinónimo de enemigo. A quien no rechaza por esto, lo anatematiza por aquello. Y al negro lo considera, por principio, una pura bestia a la que hay que uncir al yugo siempre que sea posible. En esta época su frase favorita es: "un negro muerto vale más que un negro vivo". Y también: "los mejores negros son los que están muertos".

Todos estos individuos, salvo excepciones, trabajan con el sello de la mediocridad más acongojante. Su escaso mérito profesional les relegaría en Europa a los últimos puestos, pero aquí, en donde casi no hay nada, en donde falta casi todo, son considerados elementos útiles. Un mal mecánico en Bélgica se convierte en jefe de taller en el Congo. Un médico fracasado en una aldea de Gran Bretaña abre una consulta abre una consulta cara en Leopoldville si las cosas le ruedan medianamente bien. Al final de cuentas se trata de la vieja historia del tuerto en el reino de los ciegos.

Yo he sufrido todo un haz de experiencias lamentables en mis relaciones con estos personajes. Por ejemplo, con el fin de ilustrar gráficamente la primera entrevista que sostuve con Tshombe, contraté los servicios de un portugués, con treinta años de residencia congoleña, que trabajaba nada menos que como fotógrafo de la Embajada Norteamericana. El hombre tomó su cámara y durante la entrevista, que fue muy larga y sin agobios de ninguna clase, impresionó un rollo completo. Al día siguiente, cuando fui a recoger las fotografías, me comunicó que en razón de un descuido suyo había malogrado el reportaje entero. "¡Pamba! ¡pamba!", repetía el cretino sonriendo alegremente. Luego me contaron otros desaguisados profesionales de este individuo, pese a lo cual se le consideraba como uno de los mejores fotógrafos de la capital.

Un punto muy característico en la mentalidad de los ovejas negras consiste, sin excepción, en su tendencia a menospreciar los juicios que sobre el Congo aventure cualquier persona con menos años que ellos en el país. Es corriente escuchar frases de éste tenor: -¿Eso le ha dicho? No le haga caso. ¡Qué sabrá él! Fíjese que llegó aquí en 1952 y yo me encuentro aquí desde 1948. Yo le voy a explicar...

Y la verdad es que los más ignoran por completo la realidad congoleña, la cual únicamente conocen a través de campos visuales ceñidísimos y meramente anecdóticos, sin profundidad ni trascendencia alguna.

Por cierto que algunos observadores achacan a la presencia de estos individuos el odio y el desprecio que en amplios sectores de la población africana se le tiene al blanco. En un recorte de un diario italiano que conservo, aunque sin cita de procedencia alguna, se lee:

Aunque no tienen derechos, aunque ya no pueden abusar como en tiempos de la colonia, siguen cometiendo excesos, creando problemas, y no desaprovechan ocasión alguna para chocar con el elemento autóctono. Sus vidas íntimas, por lo general, también ofrecen un lamentable espectáculo que induce al negro a pensar que el mundo del blanco es así: podrido y carente de moral. Bastantes congoleños saben distinguir y evitan caer en el fácil cauce de las generalizaciones, pero para la mayoría el ejemplo de los europeos arrogantes y depravados es el que uniforma sus criterios a la hora de juzgar al blanco. El mal que tales gentes están haciendo es muy grave y, de momento, irremediable.

Diario de la Guerra del Congo - Vicente Talón (2013)

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El peligro de las obras hidráulicas

Las esclusas de Epifano es la historia de un proyecto hidráulico demencial que concluye con una decapitación en el Kremlin. El proyecto es idea de Pedro el Grande, y la acción empieza cuando un tal Bertrand Perry, ingeniero de Newcastle, se presenta en el Instituto para Canales y Obras Hidráulicas de San Petersburgo. El zar Pedro quiere que el Volga y el Don «se comuniquen» mediante una conexión fluvial permanente: «Es nuestro propósito unir para siempre los principales ríos del Imperio en un sistema hidráulico único». El dirigente anuncia la inauguración de la era de las Grandes Construcciones. «El guerrero manchado de sangre o el explorador fatigado será desplazado por el ingeniero inteligente». Para hacerse cargo de esta ofensiva de progreso y de civilización (más concretamente, para la construcción y el trazado del sistema de canales) «nos llega de Inglaterra el ingeniero Bertrand».

Al ingeniero extranjero se le conceden los poderes de un general; se le permite organizar todo un ejército de trabajadores para las obras de excavación. Así y todo, Bertrand se enfrentará en la Rusia profunda con «una sucesión de desgracias». Sus mejores colaboradores mueren de paludismo. Personas de su confianza desertan. Todo lo que han logrado construir el primer verano amenaza con desaparecer bajo las lluvias de primavera. Sin embargo, una vez eliminada el agua del deshielo, el nivel del Don desciende alarmantemente. Debido a la primavera seca, el nivel es demasiado bajo para llenar de agua el canal de enlace. Para colmo de males, Bertrand recibe una carta de su amada desde Newcastle: está embarazada de otro. En un intento por olvidarse de sus desdichas personales, Bertrand se consagra en cuerpo y alma a su trabajo. Con la esperanza de facilitar el suministro de agua al Don, ordena excavar un pozo en el lago Ivan que sirva de manantial, pero mientras sus hombres taladran la tierra desde una balsa, el agua del manantial desciende hacia capas terrestres más profundas e inalcanzables.

Al realizar la inspección de las construcciones hidráulicas encomendadas, resulta que ni un barquito de remo puede navegar del Don al Volga. El ingeniero británico es conducido a Moscú, esposado, donde se le notificará la sentencia del zar: muerte por decapitación.

Un agente de policía entrega al prisionero a un «tipo siniestro de gran estatura» en la mazmorra de la torre del Kremlin.

—¿Dónde tienes el hacha? —alcanza aún a preguntarle Bertrand.

—¿El hacha? —responde el verdugo—. Contigo me las apañaré perfectamente sin hacha.

Las esclusas de Epífano. Andrei Platonov

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Los ex-hippies

La rebelión contra las tradiciones y la conformidad había pasado en diez años, de 1968 a 1978, del ámbito político al ámbito estrictamente personal y ¿cómo se estaba manifestando esta ansia por la individualidad? A través del consumo. Los exhippies necesitaban seguir sintiéndose diferentes, pero como el activismo político y la acción colectiva eran percibidos como inútiles ahora gastarían su dinero para expresar su individualidad. Este ser uno mismo mediante el consumo entraba en contradicción con el sistema de producción en masa, de ahí que algunos productos, identificados por las más variopintas razones como especiales o peculiares, fueran más exitosos entre esta capa de población que otros, independientemente de su calidad, funcionalidad y precio.

El VALS categorizaba a los consumidores en una gráfica con dos ejes, el vertical donde estarían los recursos y el horizontal donde estarían las motivaciones primarias. Así se obtendrían ocho tipologías de consumidores:

● Innovadores: Estos consumidores están a la vanguardia del cambio, tienen los ingresos más altos y una autoestima tan alta que pueden permitirse en cualquiera o todas las autoorientaciones. Están ubicados arriba del rectángulo. La imagen es importante para ellos como una expresión de gusto, independencia y carácter. Sus elecciones de consumo están dirigidas a las «cosas buenas de la vida».

● Pensadores: Estos consumidores con recursos altos forman parte del grupo de aquellos que están motivados por ideales. Son profesionales maduros, responsables y bien educados. Sus actividades de ocio se centran en sus hogares, pero están bien informados sobre lo que sucede en el mundo y están abiertos a nuevas ideas y cambios sociales. Son consumidores prácticos y tomadores de decisiones racionales.

● Creyentes: Estos consumidores con bajos recursos forman parte del grupo de aquellos que están motivados por ideales. Son consumidores conservadores y predecibles que favorecen los productos locales y las marcas establecidas. Sus vidas se centran en la familia, la comunidad y la nación.

● Triunfadores: Estos consumidores con recursos altos forman parte del grupo de aquellos que están motivados por los logros. Son personas exitosas orientadas al trabajo, que obtienen su satisfacción de sus empleos y familias. Son políticamente conservadores y respetan la autoridad y el statu quo. Son favorables a productos y servicios establecidos que muestran su éxito a sus pares.

● Luchadores: Estos consumidores con bajos recursos forman parte del grupo de aquellos que están motivados por los logros. Tienen valores muy similares a los triunfadores, pero tienen menos recursos económicos, sociales y psicológicos. El estilo es extremadamente importante para ellos, ya que se esfuerzan por emular a las personas que admiran.

● Experimentadores: Estos consumidores con recursos altos forman parte del grupo de aquellos que están motivados por la autoexpresión. Son los más jóvenes de todos los segmentos, con una edad media de veinticinco años. Tienen mucha energía, que invierten en ejercicio físico y actividades sociales. Son consumidores ávidos que gastan mucho en ropa, comida rápida, música y otras actividades juveniles, con especial énfasis en nuevos productos y servicios.

● Creadores: Estos consumidores con bajos recursos forman parte del grupo de aquellos que están motivados por la autoexpresión. Son personas prácticas que valoran la autosuficiencia. Están enfocados en lo familiar y tienen poco interés en el mundo en general. Como consumidores, aprecian los productos prácticos y funcionales.

● Supervivientes: Estos consumidores tienen los ingresos más bajos. Tienen muy pocos recursos para ser incluidos en cualquier autoorientación del consumidor y, por lo tanto, se ubican debajo del rectángulo. Son los más viejos de todos los segmentos, con una edad promedio de sesenta y un años. Dentro de sus limitados recursos, tienden a ser consumidores leales a la marca

La trampa de la diversidad. Daniel Bernabé

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Trabajador precoz

Logré mi primer empleo cuando tenía tres meses. Mi madre me alquilaba a una mendiga para que ganase más pidiendo...

El Hospital de la Transfiguración. Stanislaw Lem.

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Ese trabajo tan bueno...

Una vez, un ratón, en pleno invierno, encontró un diminuto agujero en las paredes de un granero. Se estrujó, y se estrujó hasta que consiguió entrar. Aquello era el Paraíso. No había aves de rapiña, ni gatos, ni hurones... Y en cambio, se amontonaban allí verdaderas cordilleras de comida. El ratón pasó semanas caliente, comiendo a sus anchas... y engordó. Y cuando quiso salir, ya no cupo por el agujero. Por más que lo intentó, fue imposible.

Murió de pena.

¿Para qué entrar al granero, si el agujero es demasiado pequeño y si te sacias nunca podrás salir? No entres.

Diccionario Jázaro. Milorad Pavic.

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Nuestras manías....

Mientras que cada vez somos más previsibles, nos parecemos más al estar moldeados por la persuasión del mercado, nunca hemos necesitado tanto ser tan diferentes, pensarnos tan diversos. Esta ansiedad por la diferencia se manifiesta en el consumo, tanto de bienes materiales como de bienes intangibles, pero ocupa todas las parcelas de la vida, incluso las más íntimas.

Tentaciones, el suplemento de tendencias de El País que empezó a mediados de los noventa como una revista cultural con ánimo independiente, lo que no era más que un eufemismo para tratar la conversión de la contracultura de las tres anteriores décadas en producto de consumo, fue una referencia para la juventud que quería diferenciarse del resto. Así, quien no encajaba con Los 40 Principales o Cadena Dial, las radio-fórmulas de pop comercial de PRISA, podía leer Tentaciones, que funcionaba más que como una publicación de crítica cultural como un ente prescriptor, es decir, su fin no era informar al público si tal producto cultural era bueno o malo de acuerdo con unas categorías consensuadas, sino si tal o cual producto cultural era necesario para ser una persona especial.

En 2017, Tentaciones sigue siendo un suplemento de prescripción cultural, pero además ha ampliado sus horizontes a casi todas las facetas cotidianas necesarias para ser cool. Entre ellas el sexo que, si bien siempre ha sido un buen material comercial periodístico, hoy se utiliza para acentuar la enorme diversidad de la que parece que disfrutamos. Tentaciones dedicó artículos al contouring, el maquillaje y la cirugía vaginal para que este órgano sea estéticamente agradable (desconocemos con base en qué criterios); a Wikitrans, la guía definitiva para no perderse en las nuevas sexualidades; a la atracción sexual hacia los globos; a la gente que quiere tener sexo en el baño de un avión; se preguntaron si las cosquillas eran el nuevo porno; nos hablaron de las mujeres que tenían orgasmos mientras conducían para ir a trabajar; nos descubrieron la dendrofilia, el stationary fetish, la ficciofilia, la anortografofilia y el medical fetish, es decir, la excitación sexual por los vegetales, el material escolar, los personajes de ficción, las faltas de ortografía y el material médico[3].

Quizá algún lector o lectora de este libro se excite acariciando únicamente el tapete de ganchillo de una mesa camilla, lo cual nos parece estupendo. No se trata aquí de hacer mofa de las prácticas sexuales, por muy inverosímiles que resulten, o mucho menos de condena, siempre que sean consensuadas entre adultos. Sí de hacer notar la enorme ansiedad que destila todo el asunto. Lo sexual también parece haberse convertido en una extensión de las identidades frágiles, habiéndonos convertido en consumidores de singularidades como forma de acentuar nuestra diferencia. Por otro lado, en 2015 en España, 48 niñas de entre diez y catorce años y 5751 adolescentes de entre quince y diecisiete años fueron madres y un 40 por 100 de los nacimientos primerizos fueron de mujeres de cuarenta años o más[4]. Aunque, evidentemente, no vamos a reducir la sexualidad a la reproducción, destaca la poca atención que despiertan temas como una deficiente educación contraconceptiva o unos padres primerizos cada vez más mayores, consecuencia directa no de una decisión personal sino de las precarias condiciones laborales. Así, los temas materiales parecen salir de la agenda pública mientras que el fetiche de la peculiaridad se asienta en ella.

La trampa de la diversidad. Daniel Bernabé.

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Sobre los Sentidos

Nuestros sentidos surgieron por pura adaptación y supervivencia, se basan y trabajan en conjunto con la alerta para tener más posibilidades de sobrevivir. Una vez adaptados y acomodados encima de la pirámide alimenticia, sucedió el milagro de usar los sentidos para el placer; y con ello nació el arte.

Aplicar los sentidos a una función que no les corresponde es todo un desafío para con la naturaleza, y eso en cierto modo nos hace libre.

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Sobre putas y puteros

¿Pero quién hace más mal,

aunque cualquiera mal haga?

¿La que peca por la paga

o el que paga por pecar?

Sor Juana Inés de la Cruz

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--- Fausto ---

EL SEÑOR: ¿No tienes nada más que decir?, ¿sólo vienes aquí a acusar? ¿Es que no hay sobre la tierra nada bueno?

MEFISTÓFELES: No, Señor; sinceramente me parece que allí todo va tan mal como siempre. Compadezco la vida de calamidades que llevan los hombres. Ni siquiera me apetece atormentar a esos desdichados.

EL SEÑOR: ¿Conoces a Fausto?

MEFISTÓFELES: ¿El doctor?

EL SEÑOR: Mi servidor.

MEFISTÓFELES: Sí; y cierto es que os sirve de una manera muy peculiar. Ni la comida ni la bebida de ese insensato son terrenales. Su inquietud lo inclina hacia lo inalcanzable, pero percibe su locura sólo a medias. Le exige al Cielo las más hermosas estrellas y a la Tierra los goces más elevados y, sin embargo, nada cercano ni lejano sacia su pecho profundamente agitado.

EL SEÑOR: Aunque ahora me sirve en la confusión, pronto lo llevaré a la claridad. El jardinero sabe, cuando el arbolito echa renuevos, que le crecerán ramas y le saldrán frutas.

MEFISTÓFELES: ¿Qué apostáis? Todavía habéis de perder si me permitís llevarlo a mi terreno.

EL SEÑOR: Mientras él viva sobre la tierra, no te será prohibido intentarlo. Siempre que tenga deseos y aspiraciones, el hombre puede equivocarse.

MEFISTÓFELES: Te lo agradezco, pues con los muertos nunca me he entendido muy bien. Prefiero unas mejillas frescas y gordezuelas. Con un cadáver no me encuentro nunca a gusto: me pasa lo que al gato con el ratón.

EL SEÑOR: Bien, lo dejo a tu disposición. Aparta a esa alma de su fuente originaria y, si puedes aferrarla por tu camino, llévala abajo, junto a ti. Pero te avergonzará reconocer que un hombre bueno, incluso extraviado en la oscuridad, es consciente del buen camino.

MEFISTÓFELES: ¡Muy bien!, no tardaremos mucho tiempo. No me da miedo la apuesta. Permíteme, si logro mi objetivo, sentirme henchido por mi triunfo. Para mi regogijo, él tendrá que morder el polvo, como mi tía, la famosa serpiente.

EL SEÑOR: Podrás actuar con toda libertad. Nunca he odiado a tus semejantes. De todos los espíritus que niegan, el pícaro es el que menos me desagrada. El hombre es demasiado propenso a adormecerse; se entrega pronto a un descanso sin estorbos; por eso es bueno darle un compañero que lo estimule, lo active y desempeñe el papel de su demonio. Pero vosotros, auténticos hijos de Dios, disfrutad de la viviente y rica belleza. Que lo cambiante, lo que siempre actúa y está vivo, os encierre en los suaves confines del amor, y fijad en ideas eternas lo que flota en oscilantes apariencias.

(El Cielo se cierra y los Arcángeles se dispersan.)

MEFISTÓFELES: De vez en cuando me gusta ver al Viejo y me guardo de indisponerme y romper con Él. Es muy generoso que un señor tan grande tenga la bondad de hablar incluso con el diablo.

Johann Wolfgang Goethe, “Fausto”.

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Asesinato de calidad

En el otro extremo de la mesa Charles Hecht, que jamás había logrado dominar el arte de no escuchar a Fielding, enrojeció y dio muestras de agitación.

—¿Acaso no les enseñamos nada, Fielding? ¿Es que se olvida de los premios y becas que hemos conseguido?

—Yo en toda mi vida no he enseñado nada a uno siquiera de mis alumnos, Charles. Casi siempre porque el muchacho no era lo bastante inteligente, pero en otras ocasiones porque no lo era yo. Comprenda que, en la mayoría de muchachos, la percepción muere con la pubertad. Es cierto que en unos pocos persiste, pero nosotros, en cuanto la descubrimos, nos apresuramos a matarla. Y si a pesar de nuestros esfuerzos sobrevive, el muchacho se hace con un premio o una beca… Shane, sea paciente conmigo que éste es mi último semestre.

—Ya sea su último semestre o no, está hablando por hablar, Fielding —dijo Hecht, enojado.

—Es tradicional en Carne: esos éxitos a que se ha referido son en realidad fracasos, los raros alumnos que no aprendieron la lección de Carne. Los que han ignorado el culto a la mediocridad. Nada podemos hacer por ellos. Pero para los otros, desorientados cleriguillos y soldaditos fanáticos, para ellos, la verdad de Carne está escrita en sus muros con letras de fuego y nos odian.

Hecht hizo un esfuerzo por reír.

—¿Por qué, si tanto nos odian, tantos de ellos vuelven a vernos? ¿Por qué se acuerdan de nosotros y vienen a visitarnos?

—Porque somos nosotros, querido Charles, somos nosotros las inscripciones en letra de fuego. La única lección de Carne que no olvidan jamás: vuelven para leernos, ¿no se da cuenta? De nosotros fue de quienes aprendieron el secreto de la vida: hacerse viejo sin hacerse mejor. Se dieron cuenta de que aquí no ocurría nada, de que envejecíamos sin la impronta de la cegadora luz que sorprendió a san Pablo camino de Damasco, sin ninguna sensación de madurez.

John le Carré, "Asesinato de calidad."

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¿Salvar vidas?

Nadie salva vidas. Algunos, como mucho, las prolongan.

El Gris. Javier Pérez

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Mike Tyson parafraseando a un mariscal prusiano

Todo el mundo tiene un plan… hasta que le sueltas la primera hostia.

Mike Tyson

Ningún Plan, por bueno que sea, resiste su primer contacto con el enemigo, con la realidad.

Mariscal de Campo Helmuth Carl Bernard von Moltke apodado el viejo.

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Cuestión de medidas

Midamos las democracias por la libertad que dan a sus disidentes, no por la que dan a sus conformistas.

Abbie Hoffman

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Pauvre...

"En no ser amado sólo hay mala suerte: en no amar hay desgracia".

Albert Camus.

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Así que quieres ser escritor?

Si no te sale ardiendo de dentro,

a pesar de todo,

no lo hagas.

A no ser que salga espontáneamente de tu corazón

y de tu mente y de tu boca

y de tus tripas,

no lo hagas.

Si tienes que sentarte durante horas

con la mirada fija en la pantalla del computador

o clavado en tu máquina de escribir

buscando las palabras,

no lo hagas.

Si lo haces por dinero o fama,

no lo hagas.

Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,

no lo hagas.

Si tienes que sentarte

y reescribirlo una y otra vez,

no lo hagas.

Si te cansa solo pensar en hacerlo,

no lo hagas.

Si estás intentando escribir

como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,

espera pacientemente.

Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa

o a tu novia o a tu novio

o a tus padres o a cualquiera,

no estás preparado.

No seas como tantos escritores,

no seas como tantos miles de

personas que se llaman a sí mismos escritores,

no seas soso y aburrido y pretencioso,

no te consumas en tu amor propio.

Las bibliotecas del mundo

bostezan hasta dormirse

con esa gente.

No seas uno de ellos.

No lo hagas.

A no ser que salga de tu alma

como un cohete,

a no ser que quedarte quieto

pudiera llevarte a la locura,

al suicidio o al asesinato,

no lo hagas.

A no ser que el sol dentro de ti

esté quemando tus tripas, no lo hagas.

Cuando sea verdaderamente el momento,

y si has sido elegido,

sucederá por sí solo y

seguirá sucediendo hasta que mueras

o hasta que muera en ti.

No hay otro camino.

Y nunca lo hubo.

Charles Bukowski

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El artista del hambre

En los últimos decenios, el interés por los ayunadores ha disminuido muchísimo. Antes era un buen negocio organizar grandes exhibiciones de este género como espectáculo independiente, cosa que hoy, en cambio, es imposible del todo. Eran otros los tiempos.

Entonces, toda la ciudad se ocupaba del ayunador; aumentaba su interés a cada día de ayuno: todos querían verle siquiera una vez al día; en los últimos días del ayuno no faltaba quien se estuviera días enteros sentado ante la pequeña jaula del ayunador; había, además, exhibiciones nocturnas, cuyo efecto era realzado por medio de antorchas; en los días buenos, se sacaba la jaula al aire libre, y era entonces cuando les mostraban el ayunador a los niños.

Para los adultos aquello solía no ser más que una broma en la que tomaban parte medio por moda, pero los niños, cogidos de las manos por prudencia, miraban asombrados y boquiabiertos a aquel hombre pálido. con camiseta oscura, de costillas salientes, que, desdeñando un asiento, permanecía tendido en la paja esparcida por el suelo, y saludaba, a veces, cortamente o respondía con forzada sonrisa a las preguntas que se le dirigían o sacaba, quizá, un brazo por entre los hierros para hacer notar su delgadez, volviendo después a sumirse en su propio interior, sin preocuparse de nadie ni de nada, ni siquiera de la marcha del reloj, para él tan importante, única pieza de mobiliario que se veía en su jaula. Entonces se quedaba mirando al vacío, delante de sí, con ojos semicerrados, y sólo de cuando en cuando bebía en un diminuto vaso un sorbito de agua para humedecerse los labios.

Aparte de los espectadores que sin cesar se renovaban, había allí vigilantes permanentes, designados por el público (los cuales, y no deja de ser curioso, solían ser carniceros); siempre debían estar tres al mismo tiempo, y tenían la misión de observar día y noche al ayunador para evitar que, por cualquier recóndito método, pudiera tomar alimento. Pero esto era sólo una formalidad introducida para tranquilidad de las masas, pues los iniciados sabían muy bien que el ayunador, durante el tiempo del ayuno, bajo ninguna circunstancia, ni aun a la fuerza, tomaría la más mínima porción de alimento; el honor de su profesión se lo prohibía.

Franz Kafka, "El artista del hambre"

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Toujours comme ça...

"Un camello es un caballo diseñado por un comité."

Proverbio árabe.

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Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras

Salieron de la ciudad de Soria, no sé si arrojados de la pobreza o de alguna travesura de mancebos, Francisco y Roque de Torres, ambos hermanos de corta edad y de sana y apreciable estatura. Roque, que era el más bronco, más fornido y más adelantado en días, paró en Almeida de Sayago, en donde gastó sus fuerzas y su vida en los penosos afanes de la agricultura y en los cansados entretenimientos de la aldea. Mantúvose soltero y celibato, y el azadón, el arado y una templada dieta, especialmente en el vino, a que se sujetó desde mozo, le alargaron la vida hasta una larga, fuerte y apacible vejez.

Con los repuestos de sus miserables salarios y alguna ayuda de los dueños de las tierras que cultivaba, compró cien gallinas y un borrico; y con este poderoso asiento y crecido negocio empezó la nueva carrera de su ancianidad. Siendo ya hombre de cincuenta y ocho años, metido en una chía y revuelto en su gabán, se puso a arriero de huevos y trujimán de pollos, acarreando esta mercaduría al Corrillo de Salamanca y a la Plaza de Zamora. Era en estos puestos la diversión y alegría de las gentes, y en especial de las mozas y los compradores. Fue muy conocido y estimado de los vecinos de estas dos ciudades, y todos se alegraban de ver entrar por sus puertas al sayagués, porque era un viejo desasquerado, gracioso, sencillo, barato y de buena condición. Con la afabilidad de su trato y la tarea de este pobre comercio, desquitaba las resistencias del azadón y burló los ardides y tropelías de la ociosidad, la vejez y la miseria. Vivió noventa y dos años, y lo sacó de este mundo (según las señas que me dieron los de Sayago) un cólico convulsivo. Dejó a su alma por heredera de su borrico, sus gallinas, sus zuecos y gabán, que eran todos sus muebles y raíces; y hasta hoy, que se me ha antojado a mí hacer esta memoria, nadie en el mundo se ha acordado de tal hombre.

Diego de Torres Villarroel, "Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras". (1743-1751,  publicado por entregas).

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El paraíso perdido

Calló Satán y hallándose inmediato Moloch, rey que empuñaba cetro, se puso en pie. Era el más denodado y soberbio de todos los espíritus que combatieron en el cielo, y su desesperación le comunicaba ahora mayor fiereza. Pretendía ser igual en poderío al Eterno, y antes que reputarse inferior, dejar de existir porque sin este cuidado nada tenía que lo intimidase. Menospreciaba a Dios y al infierno y cuanto hubiese más horroroso que éste; y así prorrumpió en los siguientes términos: “¡Guerra abierta! Este es mi parecer. No soy experto en ardides, ni me vanaglorio de tal. Conspiren los que lo necesiten, mas cuando sea necesario no ahora. Pues qué, mientras ellos sosegadamente urden sus tramas ¿han de permanecer en pie y armados millones de espíritus que, ansiando la señal de desplegar sus alas, yacen aquí expatriados del cielo, sin más morada que esta sombría caverna, destierro infame y prisión de un tirano que reina por nuestra apatía? No; prefiramos armarnos del furor y las llamas del infierno; abrámonos todos a la vez sobre las elevadas torres del cielo, un camino en que no pueda oponernos resistencia, transformando nuestros tormentos en horribles armas contra el verdugo; que al estrépito de sus poderosos rayos responda nuestro infernal trueno, y vea los relámpagos convertidos en negra y horrorosa llama lanzada con igual rabia contra sus ángeles, y hasta su mismo trono envuelto entre el azufre del Tártaro y el extraño fuego que inventó para atormentarnos. Parecerá acaso difícil y escarpado el camino para escalar con seguro vuelo la altura de enemigo tan poderoso; pero recuerden los que esto crean, si no están aletargados aún con el soñoliento vapor de este lago del olvido que por nuestro propio impulso nos elevamos a nuestra primitiva morada, y que el bajar y caer son contra nuestra naturaleza; pues cuando últimamente el fiero Enemigo daba sobre nuestra destrozada retaguardia, insultándonos y persiguiéndonos a través del abismo, ¿quién no sintió cuán pesado era nuestro vuelo al sumirnos en este precipicio? El ascender, pues, nos será muy fácil.”

John Milton, "El paraíso perdido."

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Fiasco (1986)

—Yo no lo creo así. La reducción de muchos factores desconocidos a un común denominador desconocido representa una ganancia, no una pérdida, de información —replicó Lauger sencillamente.

—Por favor, continúe —le dijo el comandante. Lauger se puso de pie.

—Diré lo que pueda. Un bebé, cuando sonríe, lo hace de acuerdo con suposiciones que ha traído consigo a este mundo. Estas suposiciones, de naturaleza estadística, son numerosísimas: que las manchas rosadas que perciben sus ojitos son las caras de las personas, que la gente suele reaccionar positivamente a la sonrisa de un bebé, etc.

—¿Qué quiere decir con eso?

—Que todo se basa en ciertas suposiciones, aunque, por regla general, las suposiciones se hagan en silencio. Nuestra discusión trata de sucesos que parecen muy improbables si no tuvieran una relación entre sí: los destellos, la emisión caótica, los cambios en el albedo de Quinta, el plasma en la luna. ¿Qué los ha causado?, pregunta usted. La actividad de una civilización. ¿Aclara esto algo? Por el contrario, confunde, porque empezamos con la suposición tácita de que podríamos comprender las acciones de los quintanos.

»Marte, creo recordar, fue en un tiempo considerado viejo, y Venus joven, en comparación con la Tierra: los bisabuelos de nuestros astrónomos supusieron automáticamente que la Tierra era igual a Marte y a Venus, sólo que más joven que el primero y más vieja que el segundo. De ahí los canales de Marte, las junglas de Venus, etc., que finalmente hubieron de ser abandonados como cuentos de hadas. Creo que nada es capaz de comportarse de una forma tan poco inteligente como la inteligencia. Puede que en Quinta haya una mente, o mentes, inaccesibles para nosotros debido a la diferencia de propósitos…

—¿Guerra? —dijo una voz desde el fondo de la sala.

Lauger, aún de pie, continuó:

—La guerra no es un conjunto de conflictos absolutamente cerrado que da como resultado la destrucción. Comandante, no cuente con que le iluminemos. Dado que no conocemos ni los estados iniciales ni los parámetros, nada puede convertir lo desconocido en conocido. Lo único que podemos decirle al Hermes es que proceda con cautela. ¿Preferiría usted un consejo más específico? Sólo puedo ofrecerle dos posibilidades: las acciones de esas inteligencias no son inteligentes… o son ininteligibles, no clasificables según las categorías de nuestro pensamiento. Pero esto es únicamente una opinión, nada más.

Stanislaw Lem, "Fiasco."

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Inteligencia

"Inteligencia es lo que usamos cuando no sabemos qué hacer".

Jean Piaget, psicólogo suizo.

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Quién alimenta a quién

Por eso Matrix y sus secuelas nos ofrecen un paisaje metafórico tan útil para entender la era digital, y es que no se trata solo de la pastilla roja y de la pastilla azul.

En Matrix, los humanos, quienes viven su vida en unos receptáculos sintéticos, no son más que alimento para las máquinas.

Muchos sospechamos que nosotros también nos hemos convertido en alimento para máquinas, y, en cierto modo, así es.

Dopplegänger. Naomi Klein

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menéame