LITERATOS. Compartimos fragmentos.
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Mayo del 68...

Ahora los periodistas de todo el mundo

Os lamen el culo. Yo no, queridos

Tenéis caras de hijos de papá

Os odio como odio a vuestros padres (… )

Cuando ayer en Valle Giulia os pegasteis

Con los policías

¡Yo simpatizaba con los policías!

Porque los policías son hijos de pobres

PIER PAOLO PASOLINI

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¿Una nueva lucha de clases?

¿Una nueva lucha de clases? Esa es una tesitura en la que la izquierda ni está ni se la espera. ¿Qué hace, hoy por hoy, la izquierda culturalmente hegemónica? Embargada por la ideología arco iris y el multiculturalismo Benetton, la izquierda celebra la “diversidad”, reivindica las minorías sexuales, radicaliza el feminismo, aboga por las fronteras abiertas, reescribe el pasado (la “memoria histórica”) y persevera en su épico combate contra la “sociedad heteropatriarcal”, contra la Iglesia que nos oprime y el fascismo que nos amenaza .

Claro que siempre habrá alguien que diga que todos estos temas son el sonajero que el capitalismo ha vendido a la izquierda, para mantenerla entretenida y tranquila. Pero también cabe pensar lo contrario: que la izquierda no necesita ayudas para equivocarse y que todos estos temas proceden de la propia izquierda; más en concreto: de la izquierda posmoderna , la gran encargada de suministrar al capitalismo los liftings ideológicos de temporada.

Jean Claude Michea

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Ayudando a comprender el tema de los derechos civiles en EEUU (más bien su falta de ellos)

¿Por qué el Departamento de Policía de Ferguson hostigaba tanto a los ciudadanos negros de la ciudad? La respuesta breve es: el dinero, sin duda mezclado con racismo. Ferguson utilizaba a su Departamento de Policía para recaudar ingresos. Se ordenaba a los agentes poner tantas multas como fuera posible para aumentar mucho los ingresos de la ciudad. Esto significaba que podía usarse cualquier pretexto para ponerle una multa a alguien, una multa enorme. El Departamento de Justicia documentó casos en los que a la gente se le cobraron 302 dólares por una infracción en la manera de caminar, 427 dólares por una violación de la perturbación de la paz, 531 dólares por hierbas altas y maleza, 777 dólares por resistirse a la detención, 792 dólares por no obedecer y 527 dólares por no acatar, acusaciones que los agentes parecían usar indistintamente. Una vez multado, si no comparecías ante el tribunal, se te ponían más multas. El informe recogía un ejemplo representativo:

Una mujer afroamericana tiene un caso abierto que se inició en 2007, cuando, en una única ocasión, aparcó su coche de manera ilegal. Recibió dos citaciones y una multa de 151 dólares, más tasas. La mujer, que durante varios años pasó por dificultades económicas y períodos en los que no tenía vivienda, fue acusada de siete delitos por falta de comparecencia, por no acudir a citas del juzgado o por multas de aparcamiento entre 2007 y 2010. Por cada falta de comparecencia, el juzgado emitió una orden de detención e impuso nuevas multas y tasas. De 2007 a 2014 la mujer fue detenida dos veces, pasó seis días en la cárcel y pagó 550 dólares al juzgado por los sucesos derivados de este único caso de aparcamiento ilegal. Las actas judiciales muestran que en dos ocasiones intentó realizar pagos parciales de 25 y 50 dólares, pero el juzgado devolvió esos pagos, negándose a aceptar nada que no fuera el pago completo […]. En diciembre de 2014, siete años después, a pesar de deber inicialmente una multa de 151 dólares y haber pagado ya 550 dólares, aún debía 541 dólares.

Como estos abusos se dirigían contra la comunidad afroamericana, esto condujo a un serio deterioro de la confianza de ésta en las instituciones del Estado y de su cooperación con ellas. El Departamento de Policía de Ferguson no administraba justicia, administraba multas. La función básica de aplicación de la ley se desmoronó y la policía paso a ser vista con suspicacia y pavor.

Pero ¿cómo podía el Departamento de Policía de Ferguson violar los derechos constitucionales de los habitantes de su ciudad con tal impunidad? ¿No se supone que la Carta de Derechos los protege?[4] Bien, en realidad sólo hasta cierto punto. El acuerdo que dio lugar a la Carta de Derechos sólo se aplica al Gobierno federal, no a los estados; a fin de cuentas, fue una concesión de los creadores del Estado federal a las legislaturas estatales. Los estados acabaron teniendo algo llamado «poder policial», lo que les concede una inmensa discrecionalidad. Aunque el texto real de la Carta de Derechos no lo explica con detalle, en su momento se entendió así. En 1833, el Tribunal Supremo resolvió definitivamente el asunto, al dictaminar que la Carta de Derechos sólo es aplicable a las medidas que puede adoptar la legislatura nacional. Por ejemplo, la primera enmienda declara que:

El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado, o se prohíba practicarla libremente; o que coarte la libertad de expresión o de prensa; o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a pedirle al gobierno la reparación de agravios.

La cuarta enmienda afirma que:

El derecho de la gente a que sus personas, viviendas, papeles y efectos se hallen a salvo de inquisiciones e incautaciones arbitrarias será inviolable, y no se expedirán al efecto mandamientos que no se apoyen en un motivo verosímil, estén corroborados mediante juramento o protesta y describan con particularidad el lugar que deba ser registrado y las personas o cosas que han de ser detenidas o embargadas.

Pero el dictamen de 1833 dejó claro que los estados podían aprobar leyes que coartaran la libertad de expresión y permitieran inquisiciones e incautaciones arbitrarias puesto que no les afectaba la Carta de Derechos. Sólo se le prohibió a la legislatura nacional hacer tales leyes. En los estados del Sur, el objetivo principal de esta interpretación de la Carta de Derechos era garantizar que los esclavos no tuvieran ninguno de los derechos que tenían los «ciudadanos libres».

El intento de secesión del Sur de Estados Unidos y su derrota al final de la guerra civil en 1865 deberían haber sido la sentencia de muerte para esta visión de la Carta de Derechos. De hecho, la decimocuarta enmienda, aprobada en 1868, incluía la frase:

Ningún estado podrá dictar ni dar efecto a cualquier ley que limite los privilegios o inmunidades de los ciudadanos de Estados Unidos; tampoco podrá estado alguno privar a cualquier persona de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal; ni negar a cualquier persona que se encuentre dentro de sus límites jurisdiccionales la protección de las leyes, iguales para todos.

Pero el Tribunal Supremo decidió repetidamente que esto no invalidaba el poder policial de los estados. En 1885, el juez asociado Stephen Field sostuvo que «ni la decimocuarta enmienda, amplia y completa como es, fue concebida para interferir en el poder de un estado, denominado a veces su poder policial».

El Pasillo estrecho. Robinson y Acemoglu.

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Antantap

Infierno de los indios lleno de perros rabiosos y feroces insectos; acuéstanse en el sobre ramas de espinos, y vense continuamente acariciados por cuervos con picos de hierro. Los bramas dicen que los suplicios de este infierno son eternos.

Diccionario infernal ó sea cuadro general. De los seres, Personajes, Libros, Hechos y cosas que hacen referencia á las apariciones, á la Majia blanca y negra, al comercio del Infierno, á las adivinaciones, las ciencias secretas, á los prodijios, á los errores y preocupaciones, á las tradiciones y cuentos populares, á las supersticiones varias, y jeneralmente á todas las creencias maravillosas, sorprendentes, misteriosas y sobrenaturales. Por M. Collin de Plancy (realmente Jacques Collin de Plancy), traducido de la última edicion francesa y adornado con un album infernal de 16 láminas finas. Barcelona. Año 1842. Edición 1999. Página 55.

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Carta del Politburó a Vassili Grossmann, sobre su obra "Vida y Destino"

En su carta solicita que se publique su novela, Vida y destino. Eso es imposible. Usted dice que su libro está escrito con sinceridad, pero la sinceridad no es el único requisito para la creación de una obra literaria en nuestros días.

Su novela es hostil al pueblo soviético; su publicación perjudicaría no sólo a nuestro pueblo y al Estado soviético, sino a todos los que luchan por el comunismo fuera de la Unión Soviética. La novela beneficiaría a nuestros enemigos.

Estamos restableciendo las normas de la democracia fijadas por Lenin. Pero esas normas no son las de la burguesía. Considera usted que en su caso hemos violado el principio de libertad. Si es así, entiende la libertad en el sentido burgués.

Pero nosotros tenemos otra noción de libertad.

No entendemos la libertad del mismo modo que los capitalistas, como el derecho a hacer todo lo que a uno le venga en gana sin tener en cuenta los intereses de la sociedad. Esa libertad sólo es necesaria para los imperialistas y los millonarios.

Nuestros escritores soviéticos deben producir sólo lo que el pueblo necesita, lo que es útil a la sociedad. Todos los que han leído su libro coinciden en su valoración: lo consideran políticamente nocivo para nosotros. ¿Por qué deberíamos añadir su libro a las bombas atómicas que nuestros adversarios preparan contra nosotros?

En su libro aparecen comparaciones directas entre nosotros y el fascismo hitleriano. Ofrece una descripción falsa e incorrecta de nuestra gente, los comunistas. ¿Cómo habríamos podido ganar la guerra con una gente como la que usted describe?

En su libro habla favorablemente de la religión, de Dios, del catolicismo. En su libro defiende a Trotski. Está repleto de dudas acerca de la legitimidad de nuestro sistema soviético.

Usted sabe cuánto daño nos hizo el libro de Pasternak. Todos los que han leído el suyo coinciden en observar que el daño que causaría Vida y destino sería infinitamente mayor que El doctor Zhivago.

Tengo en mucha estima sus libros Stepán Kolguchin, El pueblo es inmortal y Por una causa justa. Lo invito a volver a las posiciones que mantenía cuando escribió esos libros.

Mijail Suslov

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La desviación política

Vivimos bajo el poder censor de “las minorías”.

Lo que también responde a la lógica neoliberal. Cuando éstas desvían el epicentro de la contestación social a la lucha contra el racismo, el heteropatriarcado y la moral sexual tradicional –es decir, contra la “punición de los cuerpos”– los nuevos movimientos sociales contribuyen a desactivar la lucha contra las desigualdades sociales.

De esta forma el Estado-providencia mutó en Estado-neoliberal, la lucha contra la exclusión pasó a sustituir a la lucha contra la explotación, y la protección de las “minorías” pasó a sustituir a la protección de los trabajadores.

Maxime Ouellet

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El fiasco posmoderno

Es bien sabido que, desde un punto de vista filosófico, la posmodernidad irrumpió como la muerte de los llamados “grandes relatos”: las construcciones ideológicas que suministraban explicaciones omnicomprensivas de la realidad: las religiones, el patriotismo, el marxismo, el progresismo, etc. Todas estas construcciones ideológicas eran, huelga decirlo, mortalmente serias . A partir de los años setenta del pasado siglo la posmodernidad introdujo un elemento de juego, de aleatoriedad y de cinismo en un mundo en el que la Verdad había implotado, y en el que los metarrelatos daban paso a una miríada de microrrelatos, todos ellos tan válidos como irrelevantes. Conviene tener presente que la posmodernidad filosófica se define, ante todo y por encima de todo, por los juegos de lenguaje . Desde sus presupuestos casi todo se reconduce a una cuestión de semiótica , al libre juego entre el significante y el significado , a la desacralización del lenguaje, que se ve expuesto como envoltura retórica con infinitos niveles de lectura. Nada hay, por tanto, que pueda salvarse de la quema: todo es susceptible de ser deconstruido en inacabables juegos lingüísticos con un horizonte de autonomía absoluta desde el momento en que ninguno de ellos remite a una realidad trascendente .

Toda esta cocción deconstruccionista –cuyas cabezas pensantes serían conocidas en América como la “french theory”– pasaría a proporcionar, en los años setenta, cierta credencial teórica al vendaval de gamberradas y de provocaciones que pasó a alojarse bajo el nombre de contracultura . Tomando el relevo de los situacionistas de los años 1950 y 60 (que estaban todavía lastrados de utopismo marxista) los “jóvenes airados” de la posmodernidad se alzaban sobre la quiebra del sistema valorativo burgués, al tiempo que cabalgaban las angustias e incertidumbres de la nueva sociedad posindustrial. En cierto modo estos jóvenes representaban la inversión nihilista y sarcástica del activismo progresista de 1968. Con la llegada de la posmodernidad, los dogmatismos ideológicos cedían el paso a una época en la que los punk se adornaban con esvásticas (corte de mangas al establishment de la Segunda Guerra Mundial), en la que las bandas de rock tenían nombres fascistas o anarquistas –Joy Division , New Order , Durruti Column –, en la que el “sex pistol” Sid Vicious disparaba sobre el público en un concierto y en la que el rockero Alice Cooper anunciaba que iba a colgar a un enano en el escenario. Provocaciones que hoy serían imposibles, pero que entonces a nadie se le ocurría tomar demasiado en serio. Al fin y al cabo, todo era una gigantesca broma –los punk eran compulsivos bromistas (pranksters )–, una distorsión irónica entre significantes y significados. Siguiendo la semiótica posmoderna todo parecía indicar que, al negarse la univocidad y la objetividad del lenguaje, al reivindicarse su inagotable polisemia, se llegaría a un estadio de libertad absoluta en que sería posible decirlo todo, cualquier cosa, anything goes . Y sin embargo …

Sin embargo, sucedió justamente lo contrario. Al cabo de dos décadas un nuevo puritanismo –la corrección política– desencadenó una purga inquisitorial sobre el vocabulario; listas enteras de palabras quedaron proscritas, malditas, para ser sustituidas por una una orwelliana “Nuevalengua” destinada a blindar los dogmas del sistema. La risa pasó a contemplarse con desconfianza, en cuanto casi siempre es irrespetuosa, suele ser cruel y es además susceptible de ofender a alguna minoría. Por eso la risa pasó a enlatarse en las fórmulas previsibles y pasteurizadas de los guiñoles televisivos y del “entretenimiento informativo” (infotainment ). Las sofisticaciones posmodernas cedieron al paso a un furor moralista y justiciero que todo lo invadía y que no toleraba ambigüedades. La empresa positiva de unificación benéfica de la humanidad no tolera bromas fuera del guión: autocensura y vigilancia, todos somos pecadores.

¿Eso era, a fin de cuentas, la posmodernidad? Si en sus inicios ésta se presentaba como un horizonte de posibilidades infinitas, desde el punto de vista de las libertades concretas –libertad de pensar, libertad de disentir, libertad de crear, libertad de provocar– el experimento desembocó en todo lo contrario: en el Imperio del Bien (Philippe Muray) con sus devotos, sus capillas y sus “ligas de la Virtud”. Un monumental fiasco. Cabe por tanto preguntarse si la posmodernidad –que al fin y al cabo anunciaba el fin de los “grandes relatos”– no fue adulterada o traicionada, hasta ser reconducida hacia un nuevo/viejo “gran relato” progresista, biempensante y mundialista, nada cínico y mortalmente serio.

Adriano Erriguel

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El centauro inverso - Cory Doctorow

El centauro inverso - Cory Doctorow

Extracto de la charla de Cory Doctorow, el autor de Enshittification, en la University of Washington's "Neuroscience, AI and Society:

En la teoría de la automatización, un «centauro» es una persona que recibe ayuda de una máquina. Eres una cabeza humana transportada por un incansable cuerpo de robot. Conducir un coche te convierte en un centauro, y también lo hace usar el autocompletado.

Y, obviamente, un centauro inverso es una cabeza de máquina sobre un cuerpo humano, una persona que sirve como un apéndice de carne blanda para una máquina indiferente.

Como un repartidor de Amazon, que se sienta en una cabina rodeado de cámaras de IA que monitorean sus ojos y le quitan puntos si mira en una dirección prohibida, y monitorean su boca porque no se permite cantar en el trabajo, y lo delatan con el jefe si no cumple la cuota.

El conductor está en esa furgoneta porque la furgoneta no puede conducirse sola y no puede llevar un paquete desde la acera hasta tu porche. El conductor es un periférico para una furgoneta, y la furgoneta conduce al conductor, a una velocidad sobrehumana, exigiendo una resistencia sobrehumana. Pero el conductor es humano, así que la furgoneta no solo usa al conductor. La furgoneta agota al conductor.

La promesa de la IA —la promesa que las empresas de IA hacen a los inversores— es que habrá IAs que podrán hacer tu trabajo, y cuando tu jefe te despida y te reemplace con una IA, se quedará con la mitad de tu sueldo para él y le dará la otra mitad a la empresa de IA. Eso es todo.

Esa es la historia de crecimiento de 13 billones de dólares que cuenta Morgan Stanley. Es por eso que los grandes inversores e institucionales están dando a las empresas de IA cientos de miles de millones de dólares. Y como ellos se están lanzando de cabeza, la gente común también está siendo arrastrada, arriesgando sus ahorros para la jubilación y la seguridad financiera de su familia.

Nadie está invirtiendo cientos de miles de millones en empresas de IA porque piensen que la IA hará la radiología más cara, ni siquiera si eso también hace que la radiología sea más precisa. La apuesta del mercado por la IA es que un vendedor de IA visitará al director general del hospital y le hará esta propuesta: «Mire, usted despide a 9 de cada 10 de sus radiólogos, ahorrando 20 millones de dólares al año, nos da a nosotros 10 millones al año, y usted se embolsa 10 millones al año, y el trabajo de los radiólogos restantes será supervisar los diagnósticos que la IA hace a velocidad sobrehumana, y de alguna manera mantenerse alerta mientras lo hacen, a pesar de que la IA suele tener razón, excepto cuando se equivoca catastróficamente.

»Y si la IA no detecta un tumor, será culpa del radiólogo humano, porque él es el "humano en el circuito". Es su firma la que está en el diagnóstico».

Esto es un centauro inverso, y es un tipo específico de centauro inverso: es lo que Dan Davies llama un «sumidero de responsabilidad». El trabajo del radiólogo no es realmente supervisar el trabajo de la IA, es asumir la culpa por los errores de la IA.

La IA no puede hacer tu trabajo, pero un vendedor de IA puede convencer a tu jefe de que te despida y te reemplace con una IA que no puede hacer tu trabajo.

Podrías decir: «Bueno, vale, lo siento por esos radiólogos, y apoyo totalmente que se les dé formación profesional o una renta básica universal o lo que sea. Pero el objetivo de la radiología es combatir el cáncer, no pagar a los radiólogos, así que sé de qué lado estoy».

Los charlatanes de la IA y sus clientes en los despachos de dirección quieren al público de su lado. Quieren forjar una alianza de clases entre los que implementan la IA y las personas que disfrutan de los frutos del trabajo de los centauros inversos. Quieren que nos consideremos enemigos de los trabajadores.



Texto original: pluralistic.net/2025/12/05/pop-that-bubble/

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La filosofía de Andy Warhol

Lo genial de este país es que EE.UU empezó la tradición de que los consumidores más ricos compran esencialmente las mismas cosas que los más pobres. Puedes estar viendo la televisión y ver Coca Cola, y sabes que el presidente bebe Coca Cola, que Liz Taylor bebe Coca Cola, y se te ocurre que tú también puedes beber Coca Cola. Una coca es una coca, y no hay fortuna que te pueda conseguir una mejor que la que está bebiendo el mendigo de la esquina. Todas las cocas son la misma, y todas las cocas son buenas. Lo sabe Liz Taylor, lo sabe el presidente, lo sabe el mendigo de la esquina, y lo sabes tú.

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Reflexiones de Warren Buffet en su carta de despedida

Warren Buffet escribió una carta a los inversores de Berkshire Hathaway a causa de su retiro. Creo que contiene unos aforismos bastante prácticos.

Una observación, quizás un tanto egoísta. Me complace decir que me siento mejor con la segunda mitad de mi vida que con la primera. Mi consejo: no te castigues por los errores del pasado; aprende al menos un poco de ellos y sigue adelante. Nunca es demasiado tarde para mejorar. Elige a los héroes adecuados e imítalos. Puedes empezar con Tom Murphy; él fue el mejor.

Recuerda a Alfred Nobel, quien más tarde daría nombre al famoso Premio Nobel y que, según se cuenta, leyó su propio obituario,publicado por error cuando su hermano murió y un periódico se confundió. Quedó horrorizado por lo que leyó y se dio cuenta de que debía cambiar su comportamiento.

No cuentes con una confusión en la redacción de un periódico: decide qué te gustaría que dijera tu obituario y vive la vida que lo merezca.

La grandeza no se consigue acumulando grandes cantidades de dinero, una gran publicidad o un gran poder en el gobierno. Cuando ayudas a alguien de cualquiera de las miles de maneras posibles, ayudas al mundo. La amabilidad no cuesta nada, pero no tiene precio. Seas religioso o no, es difícil superar la Regla de Oro como guía de comportamiento.

Escribo esto como alguien que ha sido desconsiderado innumerables veces y ha cometido muchos errores, pero que también tuvo la gran suerte de aprender de algunos amigos maravillosos a comportarse mejor (aunque todavía estoy muy lejos de ser perfecto). Ten presente que la señora de la limpieza es un ser humano tanto como lo es el presidente de la compañía.

La carta completa la podeis leer aquí: www.berkshirehathaway.com/news/nov1025.pdf

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Ética del trabajo

Si no puedes, te ayudamos; si no sabes, te enseñamos; si no quieres, te obligamos. 

Movimiento Obrero Soviético

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Resistir al shock

«Cuando las personas o las sociedades entran en shock, pierden sus identidades y sus puntos de anclaje. Por tanto, la calma es una forma de resistencia.»

John Berger

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Historias de viejos psiquiatras

En 1886, el psiquiatra Richard von Krafft-Ebing describió un extraño caso: el marido de una pareja de recién casados se conformó la primera y segunda noche con besar a su esposa y «revolverle» el cabello. Luego se dormía. La tercera noche le pidió que se pusiera una peluca con la melena larga. «Ella accedió y entonces él cumplió con creces sus descuidados deberes maritales», escribe el psiquiatra. A partir de entonces, el hombre siempre tenía a mano una peluca que primero acariciaba y luego le ponía en la cabeza a su esposa. En cuanto ella se la quitaba «perdía todo atractivo para su marido». Las pelucas perdían su «eficacia» al cabo de diez o doce días, entonces había que sustituirlas por otras, «siempre de cabello abundante».

En los primeros cinco años de matrimonio tuvieron dos hijos y el marido reunió una colección de setenta y dos pelucas.

Cafe y cigarrillos. Ferdinand Von Schirach

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La trastienda de la revolución

La necesidad de destruir es aún más poderosa que el deseo de construir… ¿Para cuántos de nosotros, la revolución, antes de ser una obra de transformación social, es primeramente la oportunidad de saciar una necesidad de venganza, la cual encontraría una satisfacción embriagadora en la revuelta, en el motín, en la guerra civil, en la conquista brutal del poder? ¡Qué delirio de represalias el día en que, gracias a una victoria bien sangrienta, pudiéramos imponer a nuestra vez nuestra tiranía: la tiranía de «nuestra» justicia!

Los Thibault. Martin Du Garde

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Sobre la importancia del parlamento

Para aquellos que piensan que es importante que la nación imponga más aranceles, entiendo que la decisión de hoy resultará decepcionante. Todo cuanto puedo ofrecerles es que la mayor parte de las decisiones que afectan a los derechos y responsabilidades de los estadounidenses (incluyendo el deber de pagar impuestos y aranceles) se canalizan a través del proceso legislativo con razón. Sí, legislar puede ser difícil y llevar tiempo. Y sí, puede ser tentador dar esquinazo al Congreso cuando surge algún problema acuciante. Pero la naturaleza deliberativa del proceso legislativo era la entera razón de su diseño. A través de ese proceso, la nación puede usar la sabiduría conjunta de los representantes electos del pueblo, no sólo la de una facción o un hombre. Ahí, la deliberación templa el impulso, y el compromiso martillea desacuerdos hasta convertirlos en soluciones viables. Y puesto que las leyes tienen que alcanzar un apoyo tan amplio para sobrevivir al proceso legislativo, éstas tienden a perdurar, permitiendo que la gente planee sus vidas de maneras que no podrían si las reglas cambian de un día para otro. En conjunto, el proceso legislativo ayuda a asegurar que cada uno de nosotros diga su parte en las leyes que nos gobiernan y en el futuro de la nación. Para algunos, hoy el peso de esas virtudes se vuelve aparente. Para otros puede no parecer tan obvio. Pero si la historia es guía alguna, las tornas cambiarán y llegará el día en que los decepcionados por el resultado de hoy apreciarán el proceso legislativo como baluarte de la libertad que es.

Neil Gorsuch, voto particular en la sentencia Learning Resources v. Trump, página 46.

www.supremecourt.gov/opinions/25pdf/24-1287_4gcj.pdf

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Saber quién manda...

Cuando yo uso una palabra –dijo Humpty Dumpty en un tono desdeñoso– quiere decir lo que yo quiero que diga… ni más ni menos.

– La cuestión –insistió Alicia– es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

– La cuestión –zanjó Humpty Dumpty– es saber quién es el que manda… Eso es todo.

A través del Espejo. Lewis Carroll

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Sum: Cuarenta historias desde la otra vida

Microbio

No hay vida después de la muerte para nosotros. Nuestros cuerpos se

descomponen al morir, y los microbios que viven en nuestro interior se

trasladan a lugares mejores. Esto puede llevarte a pensar que Dios no

existe, pero te equivocas. Es simplemente que Él no sabe que existimos.

No nos conoce porque estamos en la escala espacial equivocada. Dios es

del tamaño de una bacteria. Dios creó la vida a su imagen y semejanza;

sus congregaciones son los microbios. La guerra crónica por el territorio

del huésped, la política de la simbiosis y la infección, el predominio de

las cepas: éste es el tablero de ajedrez de Dios, donde el bien se enfrenta

al mal en el campo de batalla de las proteínas de superficie y la

inmunidad y la resistencia. Nuestra presencia en este escenario es algo

así como una anomalía. Dado que nosotros, el fondo sobre el que viven,

no dañamos los patrones de vida de los microbios, pasamos

desapercibidos. No hemos sido seleccionados por la evolución ni

captados por el radar microbiano. Dios y sus componentes microbianos

no son conscientes de la rica vida social que hemos desarrollado, de

nuestras ciudades, circos y guerras; son tan ajenos a nuestro nivel de

interacción como nosotros al suyo. Nuestra muerte pasa desapercibida y

no es observada por los microbios, que se limitan a redistribuirse en

otras fuentes de alimento. Así que, aunque se supone que somos la

cúspide de la evolución, no somos más que el sustrato nutricional.

Tenemos un gran poder para cambiar el curso de su mundo. Imagina

que eliges comer en un determinado restaurante, donde pasas

voluntariamente un microbio de tus dedos al salero a la siguiente

persona sentada a la mesa, que por casualidad embarca en un vuelo

internacional y transporta el microbio a Túnez. Para los microbios, que

han perdido a un miembro de su familia, éstas son las formas

desconcertantes y a menudo crueles en que funciona el universo. Buscan

respuestas en Dios. Dios atribuye estos acontecimientos a fluctuaciones

estadísticas sobre las que no tiene control ni comprensión.

DAVID EAGLEMAN

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Escrito entre 1997 y 1998

Fragmento de un novelón de 300 páginas de ciencia ficción que escribí entre 1997 y 1998, esta obra no se publicó y ahí sigue en un cajón virtual de un disco duro. Cosas que pasan en este mundillo. Me he acordado al leer esta noticia: www.meneame.net/story/contrariamente-creencia-popular-waymos-realidad-

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-Mi familia se dedicaba a la contratación de limpiadores caseros en Asiasur, ya sabes, esos que teletrabajan desde allí y limpian aquí -contestó con cierto tono agrio.

-¿Dedicaba? -pregunté con mucha curiosidad.

-Murieron los dos en uno de los viajes organizados a la estación orbital. Sobredosis de “kilim”, los jodidos eran adictos a ese derivado sintético de colocón inyectado en el hipotálamo -dijo con total tranquilidad, como si no fuera con ella.

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Ovejas negras

En la grey de los colonos del Congo me he encontrado, como en cualquier otra grey que se precie, con ovejas negras y blancas. Gentes honradas, trabajadoras, de espíritu abierto, y también auténticos delincuentes, trabucaires de la peor calaña, estafadores, vagos, etcétera. Esta última especie constituye, por desgracia, un grupo muy numeroso.

Son los detritus de media docena de países europeos. Hombres inadaptados a todo molde de convivencia que, incapacitados para abrirse paso en una sociedad normalmente organizada, han tenido que buscar en el "Far West" africano la promoción social y económica que en sus propios países no encontraban.

Al oveja negra se le tropieza en cualquier lugar del Congo y se le reconoce tras un breve intercambio de palabras. El prójimo, para él, es sinónimo de enemigo. A quien no rechaza por esto, lo anatematiza por aquello. Y al negro lo considera, por principio, una pura bestia a la que hay que uncir al yugo siempre que sea posible. En esta época su frase favorita es: "un negro muerto vale más que un negro vivo". Y también: "los mejores negros son los que están muertos".

Todos estos individuos, salvo excepciones, trabajan con el sello de la mediocridad más acongojante. Su escaso mérito profesional les relegaría en Europa a los últimos puestos, pero aquí, en donde casi no hay nada, en donde falta casi todo, son considerados elementos útiles. Un mal mecánico en Bélgica se convierte en jefe de taller en el Congo. Un médico fracasado en una aldea de Gran Bretaña abre una consulta abre una consulta cara en Leopoldville si las cosas le ruedan medianamente bien. Al final de cuentas se trata de la vieja historia del tuerto en el reino de los ciegos.

Yo he sufrido todo un haz de experiencias lamentables en mis relaciones con estos personajes. Por ejemplo, con el fin de ilustrar gráficamente la primera entrevista que sostuve con Tshombe, contraté los servicios de un portugués, con treinta años de residencia congoleña, que trabajaba nada menos que como fotógrafo de la Embajada Norteamericana. El hombre tomó su cámara y durante la entrevista, que fue muy larga y sin agobios de ninguna clase, impresionó un rollo completo. Al día siguiente, cuando fui a recoger las fotografías, me comunicó que en razón de un descuido suyo había malogrado el reportaje entero. "¡Pamba! ¡pamba!", repetía el cretino sonriendo alegremente. Luego me contaron otros desaguisados profesionales de este individuo, pese a lo cual se le consideraba como uno de los mejores fotógrafos de la capital.

Un punto muy característico en la mentalidad de los ovejas negras consiste, sin excepción, en su tendencia a menospreciar los juicios que sobre el Congo aventure cualquier persona con menos años que ellos en el país. Es corriente escuchar frases de éste tenor: -¿Eso le ha dicho? No le haga caso. ¡Qué sabrá él! Fíjese que llegó aquí en 1952 y yo me encuentro aquí desde 1948. Yo le voy a explicar...

Y la verdad es que los más ignoran por completo la realidad congoleña, la cual únicamente conocen a través de campos visuales ceñidísimos y meramente anecdóticos, sin profundidad ni trascendencia alguna.

Por cierto que algunos observadores achacan a la presencia de estos individuos el odio y el desprecio que en amplios sectores de la población africana se le tiene al blanco. En un recorte de un diario italiano que conservo, aunque sin cita de procedencia alguna, se lee:

Aunque no tienen derechos, aunque ya no pueden abusar como en tiempos de la colonia, siguen cometiendo excesos, creando problemas, y no desaprovechan ocasión alguna para chocar con el elemento autóctono. Sus vidas íntimas, por lo general, también ofrecen un lamentable espectáculo que induce al negro a pensar que el mundo del blanco es así: podrido y carente de moral. Bastantes congoleños saben distinguir y evitan caer en el fácil cauce de las generalizaciones, pero para la mayoría el ejemplo de los europeos arrogantes y depravados es el que uniforma sus criterios a la hora de juzgar al blanco. El mal que tales gentes están haciendo es muy grave y, de momento, irremediable.

Diario de la Guerra del Congo - Vicente Talón (2013)

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En vuelo hacia el Paleolítico

Con las primeras luces del alba el mapa africano surgió, puro y nítido, de entre la calima. A bordo de nuestro reactor la mayoría del pasaje dormía. De París habíamos salido casi en lastre, vacíos por docenas los asientos; pero en Tel-Aviv, escala inopinada que alargaba en más de nueve horas la duración del vuelo, un centenar de jóvenes congoleños a los que acompañaban algunos oficiales de las fuerzas armadas israelíes, subieron al aparato con sus bártulos y sus anchas sonrisas plateadas.

Los jóvenes, como pude averiguar al poco, eran paracaidistas del Ejército Nacional Congoleño que acababan de superar un cursillo de formación acelerada en Israel y que ahora se disponían a alcanzar sus bases de origen para enfrentarse de inmediato a los rebeldes lumumbistas del Ejército Popular de Liberación.

El paisaje de África, amarillento y plano, seguía discurriendo con una cansina monotonía. De vez en cuando la corriente de un río segaba la sabana; de tarde en tarde una delgada columna de humo se elevaba hacia lo alto, denunciando una presencia humana... Aquello era ya el Congo, un nombre que desde hacía semanas se repetía a lo largo del mundo entero; el país donde estaban reverdeciendo páginas que hubiesen encontrado el marco más apropiado en una narración del paleolítico cuando el ser humanoera poco más que una bestia desarrollada, con un lenguaje hecho de gritos animales, con una ley de vida basada en el culto a la fiereza y en la sublimación de los más despiadados instintos.

Por fin Leopoldville apareció bajo los planos del Boeing, flanqueando el curso anchuroso del Río Congo. El aparato empezó a perder altura y, pocos instantes después de rozar la copa de unos árboles crecidos enrtre aguazales, se posó suavemente sobre el cemento de la pista.

Ignoro qué tipo de misión conducía hasta Leopoldville a cada uno de los pasajeros civiles del avión pero, afectados o no por lo que en el Congo estaba ocurriendo, todos torcieron el gesto al observar los féretros que, bañados por el Sol, aparecían junto a un DC-4 de transporte. Aquel puñado de cadáveres, como no tardaron en explicarnos, eran europeos caídos a manos de los rebeldes. Sus cuerpos, terriblemente destrozados, por lo general habían sido recuperados por las tropas gubernamentales y evacuados hasta aquí para continuar viaje, convenientemente compuestos, hacia sus países de origen.

Durante varios minutos, insensible a la brillantez de la recepción militar que se les estaba ofreciendo a los paracaidistas, permanecí con la vista clavada en aquellos toscos ataúdes. Sus ocupantes habían estado ante los "simbas", les habían conocido y sufrido, habían recibido de ellos la muerte. La Guerra del Congo era ya pues una realidad concreta, desabrida, luctuosa. Dejaba de convertirse en pedazos de papel impreso y en boletines de radio para ofrecer su feo rostro ensagrentado.

Diario de la Guerra del Congo - Vicente Talón, 2013

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Oda a la ciencia, de Richard P. Feyman

Oda a la ciencia, de Richard P. Feyman

He ahí las olas presurosas

montañas de moléculas,

cada una estúpidamente ocupada en lo suyo,

separadas por trillones,

y empero,

formando blanca espuma al unísono.

Edad tras edad

antes que ojo alguno pudiera ver;

año tras año

golpeando atronadoras en la orilla, como ahora.

¿Para quién? ¿para qué?

En un planeta muerto

sin vida que entretener.

Jamás en reposo

torturado por la energía

prodigiosamente derrochada por el Sol

lanzada hacia el espacio.

Una pizca hace rugir al mar.

En lo profundo del mar

todas las moléculas repiten

los patrones de otra

hasta formar otras nuevas más complejas.

Ellas hacen otras como ellas

y un nuevo baile comienza.

Creciendo en tamaño y complejidad

cosas vivas

masas de átomos

ADN, proteínas,

bailando una danza aún más intrincada.

Abandona la cuna

para pisar tierra firme,

ahí está de pie:

átomos con conciencia;

materia con curiosidad.

Plantado frente al mar

se pregunta por qué se pregunta:

un universo de átomos,

un átomo en el universo.

Richard P. Feyman (Nueva York, 1918 - Los Ángeles, 1988)

menéame