LITERATOS. Compartimos fragmentos.
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Mayo del 68...

Ahora los periodistas de todo el mundo

Os lamen el culo. Yo no, queridos

Tenéis caras de hijos de papá

Os odio como odio a vuestros padres (… )

Cuando ayer en Valle Giulia os pegasteis

Con los policías

¡Yo simpatizaba con los policías!

Porque los policías son hijos de pobres

PIER PAOLO PASOLINI

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Ayudando a comprender el tema de los derechos civiles en EEUU (más bien su falta de ellos)

¿Por qué el Departamento de Policía de Ferguson hostigaba tanto a los ciudadanos negros de la ciudad? La respuesta breve es: el dinero, sin duda mezclado con racismo. Ferguson utilizaba a su Departamento de Policía para recaudar ingresos. Se ordenaba a los agentes poner tantas multas como fuera posible para aumentar mucho los ingresos de la ciudad. Esto significaba que podía usarse cualquier pretexto para ponerle una multa a alguien, una multa enorme. El Departamento de Justicia documentó casos en los que a la gente se le cobraron 302 dólares por una infracción en la manera de caminar, 427 dólares por una violación de la perturbación de la paz, 531 dólares por hierbas altas y maleza, 777 dólares por resistirse a la detención, 792 dólares por no obedecer y 527 dólares por no acatar, acusaciones que los agentes parecían usar indistintamente. Una vez multado, si no comparecías ante el tribunal, se te ponían más multas. El informe recogía un ejemplo representativo:

Una mujer afroamericana tiene un caso abierto que se inició en 2007, cuando, en una única ocasión, aparcó su coche de manera ilegal. Recibió dos citaciones y una multa de 151 dólares, más tasas. La mujer, que durante varios años pasó por dificultades económicas y períodos en los que no tenía vivienda, fue acusada de siete delitos por falta de comparecencia, por no acudir a citas del juzgado o por multas de aparcamiento entre 2007 y 2010. Por cada falta de comparecencia, el juzgado emitió una orden de detención e impuso nuevas multas y tasas. De 2007 a 2014 la mujer fue detenida dos veces, pasó seis días en la cárcel y pagó 550 dólares al juzgado por los sucesos derivados de este único caso de aparcamiento ilegal. Las actas judiciales muestran que en dos ocasiones intentó realizar pagos parciales de 25 y 50 dólares, pero el juzgado devolvió esos pagos, negándose a aceptar nada que no fuera el pago completo […]. En diciembre de 2014, siete años después, a pesar de deber inicialmente una multa de 151 dólares y haber pagado ya 550 dólares, aún debía 541 dólares.

Como estos abusos se dirigían contra la comunidad afroamericana, esto condujo a un serio deterioro de la confianza de ésta en las instituciones del Estado y de su cooperación con ellas. El Departamento de Policía de Ferguson no administraba justicia, administraba multas. La función básica de aplicación de la ley se desmoronó y la policía paso a ser vista con suspicacia y pavor.

Pero ¿cómo podía el Departamento de Policía de Ferguson violar los derechos constitucionales de los habitantes de su ciudad con tal impunidad? ¿No se supone que la Carta de Derechos los protege?[4] Bien, en realidad sólo hasta cierto punto. El acuerdo que dio lugar a la Carta de Derechos sólo se aplica al Gobierno federal, no a los estados; a fin de cuentas, fue una concesión de los creadores del Estado federal a las legislaturas estatales. Los estados acabaron teniendo algo llamado «poder policial», lo que les concede una inmensa discrecionalidad. Aunque el texto real de la Carta de Derechos no lo explica con detalle, en su momento se entendió así. En 1833, el Tribunal Supremo resolvió definitivamente el asunto, al dictaminar que la Carta de Derechos sólo es aplicable a las medidas que puede adoptar la legislatura nacional. Por ejemplo, la primera enmienda declara que:

El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado, o se prohíba practicarla libremente; o que coarte la libertad de expresión o de prensa; o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a pedirle al gobierno la reparación de agravios.

La cuarta enmienda afirma que:

El derecho de la gente a que sus personas, viviendas, papeles y efectos se hallen a salvo de inquisiciones e incautaciones arbitrarias será inviolable, y no se expedirán al efecto mandamientos que no se apoyen en un motivo verosímil, estén corroborados mediante juramento o protesta y describan con particularidad el lugar que deba ser registrado y las personas o cosas que han de ser detenidas o embargadas.

Pero el dictamen de 1833 dejó claro que los estados podían aprobar leyes que coartaran la libertad de expresión y permitieran inquisiciones e incautaciones arbitrarias puesto que no les afectaba la Carta de Derechos. Sólo se le prohibió a la legislatura nacional hacer tales leyes. En los estados del Sur, el objetivo principal de esta interpretación de la Carta de Derechos era garantizar que los esclavos no tuvieran ninguno de los derechos que tenían los «ciudadanos libres».

El intento de secesión del Sur de Estados Unidos y su derrota al final de la guerra civil en 1865 deberían haber sido la sentencia de muerte para esta visión de la Carta de Derechos. De hecho, la decimocuarta enmienda, aprobada en 1868, incluía la frase:

Ningún estado podrá dictar ni dar efecto a cualquier ley que limite los privilegios o inmunidades de los ciudadanos de Estados Unidos; tampoco podrá estado alguno privar a cualquier persona de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal; ni negar a cualquier persona que se encuentre dentro de sus límites jurisdiccionales la protección de las leyes, iguales para todos.

Pero el Tribunal Supremo decidió repetidamente que esto no invalidaba el poder policial de los estados. En 1885, el juez asociado Stephen Field sostuvo que «ni la decimocuarta enmienda, amplia y completa como es, fue concebida para interferir en el poder de un estado, denominado a veces su poder policial».

El Pasillo estrecho. Robinson y Acemoglu.

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¿Una nueva lucha de clases?

¿Una nueva lucha de clases? Esa es una tesitura en la que la izquierda ni está ni se la espera. ¿Qué hace, hoy por hoy, la izquierda culturalmente hegemónica? Embargada por la ideología arco iris y el multiculturalismo Benetton, la izquierda celebra la “diversidad”, reivindica las minorías sexuales, radicaliza el feminismo, aboga por las fronteras abiertas, reescribe el pasado (la “memoria histórica”) y persevera en su épico combate contra la “sociedad heteropatriarcal”, contra la Iglesia que nos oprime y el fascismo que nos amenaza .

Claro que siempre habrá alguien que diga que todos estos temas son el sonajero que el capitalismo ha vendido a la izquierda, para mantenerla entretenida y tranquila. Pero también cabe pensar lo contrario: que la izquierda no necesita ayudas para equivocarse y que todos estos temas proceden de la propia izquierda; más en concreto: de la izquierda posmoderna , la gran encargada de suministrar al capitalismo los liftings ideológicos de temporada.

Jean Claude Michea

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Antantap

Infierno de los indios lleno de perros rabiosos y feroces insectos; acuéstanse en el sobre ramas de espinos, y vense continuamente acariciados por cuervos con picos de hierro. Los bramas dicen que los suplicios de este infierno son eternos.

Diccionario infernal ó sea cuadro general. De los seres, Personajes, Libros, Hechos y cosas que hacen referencia á las apariciones, á la Majia blanca y negra, al comercio del Infierno, á las adivinaciones, las ciencias secretas, á los prodijios, á los errores y preocupaciones, á las tradiciones y cuentos populares, á las supersticiones varias, y jeneralmente á todas las creencias maravillosas, sorprendentes, misteriosas y sobrenaturales. Por M. Collin de Plancy (realmente Jacques Collin de Plancy), traducido de la última edicion francesa y adornado con un album infernal de 16 láminas finas. Barcelona. Año 1842. Edición 1999. Página 55.

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La respiración como enemigo

En un libro de Peter Freuchen que leí una vez», escribe Fanshawe, «el famoso explorador del Ártico cuenta que quedó atrapado por una tormenta de nieve en el norte de Groenlandia. Solo con sus víveres disminuyendo, decidió construir un iglú y esperar a que amainara la tormenta. Pasaron muchos días. Temeroso, sobre todo, de ser atacado por los lobos —porque les oía merodear hambrientos junto al tejado de su iglú—, periódicamente salía fuera y cantaba a pleno pulmón para asustarlos. Pero el viento soplaba furiosamente, y por muy alto que cantase, lo único que oía era el viento. Sin embargo, si bien éste era un problema grave, el problema del propio iglú era mucho mayor. Porque Freuchen empezó a notar que las paredes de su pequeño refugio iban gradualmente cerrándose sobre él. Debido a las peculiares condiciones atmosféricas en el exterior, su aliento literalmente congelaba las paredes y con cada respiración éstas se volvían más gruesas y el iglú se hacía más pequeño, hasta que finalmente casi no quedaba espacio para su cuerpo. Ciertamente es aterrador imaginar que tu propia respiración te va metiendo en un ataúd de hielo, en mi opinión, es considerablemente más angustioso que, digamos, El pozo y el péndulo de Poe. Porque en este caso es el hombre mismo el agente de su destrucción y, además, el instrumento de esa destrucción es precisamente lo que necesita para mantenerse vivo. Porque ciertamente un hombre no puede vivir si no respira. Pero al mismo tiempo no vivirá si respira. Curiosamente, no recuerdo cómo consiguió Freuchen escapar de aquella apurada situación. Pero no hace falta decir que escapó. El título del libro, si no recuerdo mal, es Aventura Ártica. Hace muchos años que está agotado.

Trilogía de Nueva York, Paul Auster.

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Carta del Politburó a Vassili Grossmann, sobre su obra "Vida y Destino"

En su carta solicita que se publique su novela, Vida y destino. Eso es imposible. Usted dice que su libro está escrito con sinceridad, pero la sinceridad no es el único requisito para la creación de una obra literaria en nuestros días.

Su novela es hostil al pueblo soviético; su publicación perjudicaría no sólo a nuestro pueblo y al Estado soviético, sino a todos los que luchan por el comunismo fuera de la Unión Soviética. La novela beneficiaría a nuestros enemigos.

Estamos restableciendo las normas de la democracia fijadas por Lenin. Pero esas normas no son las de la burguesía. Considera usted que en su caso hemos violado el principio de libertad. Si es así, entiende la libertad en el sentido burgués.

Pero nosotros tenemos otra noción de libertad.

No entendemos la libertad del mismo modo que los capitalistas, como el derecho a hacer todo lo que a uno le venga en gana sin tener en cuenta los intereses de la sociedad. Esa libertad sólo es necesaria para los imperialistas y los millonarios.

Nuestros escritores soviéticos deben producir sólo lo que el pueblo necesita, lo que es útil a la sociedad. Todos los que han leído su libro coinciden en su valoración: lo consideran políticamente nocivo para nosotros. ¿Por qué deberíamos añadir su libro a las bombas atómicas que nuestros adversarios preparan contra nosotros?

En su libro aparecen comparaciones directas entre nosotros y el fascismo hitleriano. Ofrece una descripción falsa e incorrecta de nuestra gente, los comunistas. ¿Cómo habríamos podido ganar la guerra con una gente como la que usted describe?

En su libro habla favorablemente de la religión, de Dios, del catolicismo. En su libro defiende a Trotski. Está repleto de dudas acerca de la legitimidad de nuestro sistema soviético.

Usted sabe cuánto daño nos hizo el libro de Pasternak. Todos los que han leído el suyo coinciden en observar que el daño que causaría Vida y destino sería infinitamente mayor que El doctor Zhivago.

Tengo en mucha estima sus libros Stepán Kolguchin, El pueblo es inmortal y Por una causa justa. Lo invito a volver a las posiciones que mantenía cuando escribió esos libros.

Mijail Suslov

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La desviación política

Vivimos bajo el poder censor de “las minorías”.

Lo que también responde a la lógica neoliberal. Cuando éstas desvían el epicentro de la contestación social a la lucha contra el racismo, el heteropatriarcado y la moral sexual tradicional –es decir, contra la “punición de los cuerpos”– los nuevos movimientos sociales contribuyen a desactivar la lucha contra las desigualdades sociales.

De esta forma el Estado-providencia mutó en Estado-neoliberal, la lucha contra la exclusión pasó a sustituir a la lucha contra la explotación, y la protección de las “minorías” pasó a sustituir a la protección de los trabajadores.

Maxime Ouellet

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El centauro inverso - Cory Doctorow

El centauro inverso - Cory Doctorow

Extracto de la charla de Cory Doctorow, el autor de Enshittification, en la University of Washington's "Neuroscience, AI and Society:

En la teoría de la automatización, un «centauro» es una persona que recibe ayuda de una máquina. Eres una cabeza humana transportada por un incansable cuerpo de robot. Conducir un coche te convierte en un centauro, y también lo hace usar el autocompletado.

Y, obviamente, un centauro inverso es una cabeza de máquina sobre un cuerpo humano, una persona que sirve como un apéndice de carne blanda para una máquina indiferente.

Como un repartidor de Amazon, que se sienta en una cabina rodeado de cámaras de IA que monitorean sus ojos y le quitan puntos si mira en una dirección prohibida, y monitorean su boca porque no se permite cantar en el trabajo, y lo delatan con el jefe si no cumple la cuota.

El conductor está en esa furgoneta porque la furgoneta no puede conducirse sola y no puede llevar un paquete desde la acera hasta tu porche. El conductor es un periférico para una furgoneta, y la furgoneta conduce al conductor, a una velocidad sobrehumana, exigiendo una resistencia sobrehumana. Pero el conductor es humano, así que la furgoneta no solo usa al conductor. La furgoneta agota al conductor.

La promesa de la IA —la promesa que las empresas de IA hacen a los inversores— es que habrá IAs que podrán hacer tu trabajo, y cuando tu jefe te despida y te reemplace con una IA, se quedará con la mitad de tu sueldo para él y le dará la otra mitad a la empresa de IA. Eso es todo.

Esa es la historia de crecimiento de 13 billones de dólares que cuenta Morgan Stanley. Es por eso que los grandes inversores e institucionales están dando a las empresas de IA cientos de miles de millones de dólares. Y como ellos se están lanzando de cabeza, la gente común también está siendo arrastrada, arriesgando sus ahorros para la jubilación y la seguridad financiera de su familia.

Nadie está invirtiendo cientos de miles de millones en empresas de IA porque piensen que la IA hará la radiología más cara, ni siquiera si eso también hace que la radiología sea más precisa. La apuesta del mercado por la IA es que un vendedor de IA visitará al director general del hospital y le hará esta propuesta: «Mire, usted despide a 9 de cada 10 de sus radiólogos, ahorrando 20 millones de dólares al año, nos da a nosotros 10 millones al año, y usted se embolsa 10 millones al año, y el trabajo de los radiólogos restantes será supervisar los diagnósticos que la IA hace a velocidad sobrehumana, y de alguna manera mantenerse alerta mientras lo hacen, a pesar de que la IA suele tener razón, excepto cuando se equivoca catastróficamente.

»Y si la IA no detecta un tumor, será culpa del radiólogo humano, porque él es el "humano en el circuito". Es su firma la que está en el diagnóstico».

Esto es un centauro inverso, y es un tipo específico de centauro inverso: es lo que Dan Davies llama un «sumidero de responsabilidad». El trabajo del radiólogo no es realmente supervisar el trabajo de la IA, es asumir la culpa por los errores de la IA.

La IA no puede hacer tu trabajo, pero un vendedor de IA puede convencer a tu jefe de que te despida y te reemplace con una IA que no puede hacer tu trabajo.

Podrías decir: «Bueno, vale, lo siento por esos radiólogos, y apoyo totalmente que se les dé formación profesional o una renta básica universal o lo que sea. Pero el objetivo de la radiología es combatir el cáncer, no pagar a los radiólogos, así que sé de qué lado estoy».

Los charlatanes de la IA y sus clientes en los despachos de dirección quieren al público de su lado. Quieren forjar una alianza de clases entre los que implementan la IA y las personas que disfrutan de los frutos del trabajo de los centauros inversos. Quieren que nos consideremos enemigos de los trabajadores.



Texto original: pluralistic.net/2025/12/05/pop-that-bubble/

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El fiasco posmoderno

Es bien sabido que, desde un punto de vista filosófico, la posmodernidad irrumpió como la muerte de los llamados “grandes relatos”: las construcciones ideológicas que suministraban explicaciones omnicomprensivas de la realidad: las religiones, el patriotismo, el marxismo, el progresismo, etc. Todas estas construcciones ideológicas eran, huelga decirlo, mortalmente serias . A partir de los años setenta del pasado siglo la posmodernidad introdujo un elemento de juego, de aleatoriedad y de cinismo en un mundo en el que la Verdad había implotado, y en el que los metarrelatos daban paso a una miríada de microrrelatos, todos ellos tan válidos como irrelevantes. Conviene tener presente que la posmodernidad filosófica se define, ante todo y por encima de todo, por los juegos de lenguaje . Desde sus presupuestos casi todo se reconduce a una cuestión de semiótica , al libre juego entre el significante y el significado , a la desacralización del lenguaje, que se ve expuesto como envoltura retórica con infinitos niveles de lectura. Nada hay, por tanto, que pueda salvarse de la quema: todo es susceptible de ser deconstruido en inacabables juegos lingüísticos con un horizonte de autonomía absoluta desde el momento en que ninguno de ellos remite a una realidad trascendente .

Toda esta cocción deconstruccionista –cuyas cabezas pensantes serían conocidas en América como la “french theory”– pasaría a proporcionar, en los años setenta, cierta credencial teórica al vendaval de gamberradas y de provocaciones que pasó a alojarse bajo el nombre de contracultura . Tomando el relevo de los situacionistas de los años 1950 y 60 (que estaban todavía lastrados de utopismo marxista) los “jóvenes airados” de la posmodernidad se alzaban sobre la quiebra del sistema valorativo burgués, al tiempo que cabalgaban las angustias e incertidumbres de la nueva sociedad posindustrial. En cierto modo estos jóvenes representaban la inversión nihilista y sarcástica del activismo progresista de 1968. Con la llegada de la posmodernidad, los dogmatismos ideológicos cedían el paso a una época en la que los punk se adornaban con esvásticas (corte de mangas al establishment de la Segunda Guerra Mundial), en la que las bandas de rock tenían nombres fascistas o anarquistas –Joy Division , New Order , Durruti Column –, en la que el “sex pistol” Sid Vicious disparaba sobre el público en un concierto y en la que el rockero Alice Cooper anunciaba que iba a colgar a un enano en el escenario. Provocaciones que hoy serían imposibles, pero que entonces a nadie se le ocurría tomar demasiado en serio. Al fin y al cabo, todo era una gigantesca broma –los punk eran compulsivos bromistas (pranksters )–, una distorsión irónica entre significantes y significados. Siguiendo la semiótica posmoderna todo parecía indicar que, al negarse la univocidad y la objetividad del lenguaje, al reivindicarse su inagotable polisemia, se llegaría a un estadio de libertad absoluta en que sería posible decirlo todo, cualquier cosa, anything goes . Y sin embargo …

Sin embargo, sucedió justamente lo contrario. Al cabo de dos décadas un nuevo puritanismo –la corrección política– desencadenó una purga inquisitorial sobre el vocabulario; listas enteras de palabras quedaron proscritas, malditas, para ser sustituidas por una una orwelliana “Nuevalengua” destinada a blindar los dogmas del sistema. La risa pasó a contemplarse con desconfianza, en cuanto casi siempre es irrespetuosa, suele ser cruel y es además susceptible de ofender a alguna minoría. Por eso la risa pasó a enlatarse en las fórmulas previsibles y pasteurizadas de los guiñoles televisivos y del “entretenimiento informativo” (infotainment ). Las sofisticaciones posmodernas cedieron al paso a un furor moralista y justiciero que todo lo invadía y que no toleraba ambigüedades. La empresa positiva de unificación benéfica de la humanidad no tolera bromas fuera del guión: autocensura y vigilancia, todos somos pecadores.

¿Eso era, a fin de cuentas, la posmodernidad? Si en sus inicios ésta se presentaba como un horizonte de posibilidades infinitas, desde el punto de vista de las libertades concretas –libertad de pensar, libertad de disentir, libertad de crear, libertad de provocar– el experimento desembocó en todo lo contrario: en el Imperio del Bien (Philippe Muray) con sus devotos, sus capillas y sus “ligas de la Virtud”. Un monumental fiasco. Cabe por tanto preguntarse si la posmodernidad –que al fin y al cabo anunciaba el fin de los “grandes relatos”– no fue adulterada o traicionada, hasta ser reconducida hacia un nuevo/viejo “gran relato” progresista, biempensante y mundialista, nada cínico y mortalmente serio.

Adriano Erriguel

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La filosofía de Andy Warhol

Lo genial de este país es que EE.UU empezó la tradición de que los consumidores más ricos compran esencialmente las mismas cosas que los más pobres. Puedes estar viendo la televisión y ver Coca Cola, y sabes que el presidente bebe Coca Cola, que Liz Taylor bebe Coca Cola, y se te ocurre que tú también puedes beber Coca Cola. Una coca es una coca, y no hay fortuna que te pueda conseguir una mejor que la que está bebiendo el mendigo de la esquina. Todas las cocas son la misma, y todas las cocas son buenas. Lo sabe Liz Taylor, lo sabe el presidente, lo sabe el mendigo de la esquina, y lo sabes tú.

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Reflexiones de Warren Buffet en su carta de despedida

Warren Buffet escribió una carta a los inversores de Berkshire Hathaway a causa de su retiro. Creo que contiene unos aforismos bastante prácticos.

Una observación, quizás un tanto egoísta. Me complace decir que me siento mejor con la segunda mitad de mi vida que con la primera. Mi consejo: no te castigues por los errores del pasado; aprende al menos un poco de ellos y sigue adelante. Nunca es demasiado tarde para mejorar. Elige a los héroes adecuados e imítalos. Puedes empezar con Tom Murphy; él fue el mejor.

Recuerda a Alfred Nobel, quien más tarde daría nombre al famoso Premio Nobel y que, según se cuenta, leyó su propio obituario,publicado por error cuando su hermano murió y un periódico se confundió. Quedó horrorizado por lo que leyó y se dio cuenta de que debía cambiar su comportamiento.

No cuentes con una confusión en la redacción de un periódico: decide qué te gustaría que dijera tu obituario y vive la vida que lo merezca.

La grandeza no se consigue acumulando grandes cantidades de dinero, una gran publicidad o un gran poder en el gobierno. Cuando ayudas a alguien de cualquiera de las miles de maneras posibles, ayudas al mundo. La amabilidad no cuesta nada, pero no tiene precio. Seas religioso o no, es difícil superar la Regla de Oro como guía de comportamiento.

Escribo esto como alguien que ha sido desconsiderado innumerables veces y ha cometido muchos errores, pero que también tuvo la gran suerte de aprender de algunos amigos maravillosos a comportarse mejor (aunque todavía estoy muy lejos de ser perfecto). Ten presente que la señora de la limpieza es un ser humano tanto como lo es el presidente de la compañía.

La carta completa la podeis leer aquí: www.berkshirehathaway.com/news/nov1025.pdf

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Cada persona vale lo que se hace valer

Cada persona vale tanto en este mundo como ella misma se hace valer. Esta es una regla de oro, un tema que podría llenar todo un volumen en folio: hablar sobre el esprit de conduite y sobre los medios de lograr nuestros propósitos en el mundo; una máxima cuya verdad queda confirmada por la experiencia de todas las épocas. Esta experiencia enseña al aventurero y al fanfarrón a persuadir a la multitud de que es un hombre importante, a hablar de sus conexiones con príncipes y estadistas, con hombres que con frecuencia ni siquiera saben que ellos existen, en términos que les procuren, al menos, alguna comida gratis y acceso a las mejores familias. Conocí a un hombre que hablaba de esta manera del Emperador José y del Príncipe Kaunitz, aunque yo sabía de sobra que ellos apenas le conocían por el nombre y le tenían por un hombre turbulento y un panfletista. Entretanto, como nadie inquiría la verdad de sus pretensiones, obtuvo durante un breve periodo de tiempo tal crédito que gente que quería pedir algo a Su Majestad, el Emperador, se dirigía a él. En estas ocasiones solía escribir de la manera más desvergonzada a algún personaje importante de Viena, y en estas cartas se preciaba tanto de sus otros amigos nobles que, si no conseguía su propósito, al menos obtenía alguna respuesta cortés de la que luego se aprovechaba.

 Esta experiencia hace tan atrevido al hombre de conocimientos superficiales como para que decida sobre cosas de las que, una hora antes, apenas había leído u oído algo; y a dar su opinión de una manera tan decidida que ni siquiera el modesto literato presente se atreve a contradecirle ni a plantear preguntas que expondrían al charlatán.

 Esta es la experiencia por la cual el arribista incompetente va escalando puestos en el Estado, pisoteando a hombres de mérito, y sin encontrar a nadie que le ponga en su sitio.

 Es la experiencia por la cual los ingenios más inútiles y perversos, personas sin talento ni conocimientos, fanfarrones y soplagaitas, se las arreglan para hacerse imprescindibles a los grandes de esta tierra.

 Es la única experiencia por la cual la mayoría de los eruditos, músicos y pintores adquieren la fama.

 Apoyándose en esta experiencia el artista extranjero reclama cien luises de oro por una pieza que un nativo haría cien veces mejor por la mitad de precio; no obstante, la gente pierde los papeles por las obras del extranjero; pero él no puede satisfacer toda la demanda de sus numerosos clientes, así que a la postre emplea a nativos para que trabajen para él, y vende los productos con su nombre en el extranjero.

 Alentado por esta experiencia, el escritor consigue subrepticiamente una reseña favorable al hablar en el prefacio de la segunda parte de su aburrido libro, con el mayor descaro, sobre la buena acogida que tuvo la primera parte entre los especialistas en la materia, vanagloriándose de su amistad con ellos.

 Esta experiencia anima al noble insolvente, que quiere tomar prestado dinero sin la intención de devolverlo, a pedir créditos con tales expresiones que el rico usurero considera un honor dejarse estafar por él.

 Todas las peticiones de ayuda y protección expuestas con ese tono, encuentran una acogida positiva y nunca son rechazadas, mientras que el cliente modesto y temeroso casi siempre lo único que recibe es desprecio, reservas y frustración.

 Esta experiencia enseña al sirviente a creerse el más importante en casa de su señor, y al que ha recibido un favor a considerarse tan poderoso como para hacer creer al benefactor que es muy afortunado por haber tenido la posibilidad de servir a hombres semejantes.

 ¡En suma!, la máxima de que cada uno vale ni más ni menos que lo que se hace valer es la gran panacea de los aventureros, los fanfarrones, los soplagaitas y otras cabezas de poco fuste para medrar en este mundo nuestro, así que no doy un centavo por ese remedio universal. ¡Pero alto!, ¿realmente no nos sirve de nada esa máxima? ¡Sí, amigos míos!, nos puede enseñar a no revelar nuestras debilidades económicas, físicas, morales o intelectuales, a menos que sea por necesidad urgente o porque así nos lo exija nuestra profesión. Así pues, sin caer en la fanfarronería ni en las mentiras infames, no se ha de desperdiciar la oportunidad de mostrarnos por nuestras facetas más ventajosas.

 Esto, sin embargo, no puede hacerse de una manera grosera, demasiado evidente, vanidosa o llamativa, pues así perderemos más que ganaremos; sino que más bien habremos de inducir a los demás, imperceptiblemente, a que piensen que poseemos más habilidades y méritos de los que se pueden ver a primera vista. Si nos colgamos un cartel demasiado espléndido, despertaremos por ello una atención excesiva, y ello invitará a otros a investigar más a fondo esos pequeños defectos de los que ningún ser humano está libre, y así perderemos de golpe todo nuestro esplendor. Muéstrate, por lo tanto, con cierta conciencia modesta de dignidad interna y ante todo haz que resplandezca en tu frente la conciencia de la verdad y de la honestidad. Muestra sensatez y conocimientos cuando se presente la ocasión adecuada; sin exagerar, para no provocar envidia o no caer en la sospecha de tener pretensiones desmesuradas, ni muy poco como para ser ignorado o callado. Muéstrate reservado, pero evita que se te tome por un original o un tímido o por arrogante.

De cómo tratar con las personas. Adolph Knigge

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Ética del trabajo

Si no puedes, te ayudamos; si no sabes, te enseñamos; si no quieres, te obligamos. 

Movimiento Obrero Soviético

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Resistir al shock

«Cuando las personas o las sociedades entran en shock, pierden sus identidades y sus puntos de anclaje. Por tanto, la calma es una forma de resistencia.»

John Berger

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Adelante, pasen sin llamar

Antes, esta era una ciudad de cerraduras.

Al menos cinco en cada puerta de entrada, como en una caja fuerte.

Candado de cadena.

Cerradura de cajón.

Cerradura de pomo.

Pestillo.

Pero ya nadie en Nueva York se molesta en usar tantas cerraduras. La ciudad se ha vuelto más segura. O al menos, más deshabitada. Las casas están vacías. Y ya nadie se toma la molestia de entrar a robar, porque no queda nada que robar. Todo está completamente saqueado, y cualquiera que aún viva en Manhattan y tenga algo valioso que proteger —su familia, su dignidad, su colección de cromos de béisbol— lo hace con una escopeta, no con un pestillo. El verdadero problema para un ladrón no es entrar, sino salir.

Si se aplica la fuerza suficiente, cualquier pestillo cede.

Pero las escopetas son despiadadas.

Por supuesto, los ricos siguen teniendo montones de artículos de lujo. Solo que ya no guardan esos lujos aquí afuera.

Aquí afuera solo necesitan una cama y una conexión.

Todo lo demás lo acumulan en la Limnosfera.

Y si eres rico, tan rico que puedes pasar el día entero fuera de tu cuerpo, conectarte y sumergirte en la Limnosfera, entonces probablemente vivas en algún lugar herméticamente sellado, en una torre de cristal, protegido por cerraduras de código y porteros que vigilen la calle las veinticuatro horas con escopetas apoyadas en las rodillas.

Donde desde luego no vive nadie que sea rico es aquí: una extensa, deteriorada y achaparrada urbanización como Stuyvesant Town, lo bastante cerca de la orilla como para oler el río. Unas cuantas docenas de bloques de apartamentos de ladrillo se agrupan alrededor de patios interiores donde el césped hace tiempo que está marrón y mustio. En los parques infantiles se pudren toboganes abollados, columpios torcidos que cuelgan de cadenas, balancines de hierro cubiertos de eczemas de óxido, infestados de alguna sarna repugnante de balancines. Estos bloques de apartamentos son tan acogedores como cárceles de baja seguridad, solo que aquí faltan las canchas deportivas, las vallas y los guardias que intervengan cuando alguien intenta fugarse.

Y por eso todos se han fugado.

El complejo es un pueblo fantasma.

El vestíbulo está abierto de par en par para cualquiera.

Adelante, entren sin llamar.

FEINDESLAND, de Adam Sternbergh

Traducción a medias entre Deeps Seek y yo...

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El gorrón emocional

 Hay personas que en la vida social sólo quieren recibir y nunca dar ( fruges consumere natos “Nacido sólo para consumir frutos”. N. del t.), que reclaman de los demás que las entretengan, les sirvan, instruyan, elogien o alimenten, sin aportar nada a cambio; son esas personas que se quejan de aburrimiento sin preguntarse si ellas han causado menos aburrimiento a otras; que se sientan con toda comodidad escuchando placenteramente, pero que no piensan en contribuir al entretenimiento de la compañía, esto es tan injusto como cargante.

 También hay otras personas que sólo hablan de sí mismas, de sus circunstancias domésticas, de sus relaciones, sus acciones y sus ocupaciones, y logran que todo gire en torno a ellas. Evita en lo posible, cuando te encuentres en compañías mixtas, el tono, las maneras propias de tu educación especial, de tu oficio, de tu peculiar modo de vida. No hables de asuntos que no interesan a nadie salvo a ti. Ten cuidado de no caer en el error de aquellos que se parodian a sí mismos y piensan que no pintan nada. Esto confunde a los presentes y traiciona un egoísmo vanidoso. No aludas a anécdotas que son desconocidas a tu vecino, a pasajes de libros que él probablemente no haya leído. No hables en una lengua extranjera cuando no es seguro que todos los que están a tu alrededor la entienden. Aprende a adaptarte al tono de la sociedad en la que te encuentras. No puede haber nada de peor gusto que cuando un médico describe a unas jóvenes damas su colección de preparados anatómicos, el jurista habla al cortesano de la nulidad de la posesión de la cosa y del edictum Divi Martii, o el viejo y achacoso erudito se explaya con la joven coqueta sobre su herida abierta en la pierna.

 Puede ocurrir también a menudo que uno se encuentre en sociedades donde es difícil introducir un tema que despierte el interés. Cuando un hombre sensato está rodeado de personas vacías y pobres de espíritu, que no tienen sentido para nada, bueno, pues entonces no es culpa tuya que no te entiendan. Te puedes consolar pensando que has hablado de cosas que deberían haber interesado.

Adolph Knigge. De como tratar con las personas

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Los ojos culpables

Cuentan que un hombre compró a una muchacha por cuatro mil denarios. Un día la miró y echó a llorar. La muchacha le preguntó por qué lloraba; él respondió:

-Tienes tan bellos ojos que me olvido de adorar a Dios.

Cuando quedó sola, la muchacha se arrancó los ojos. Al verla en ese estado el hombre se afligió y le dijo:

-¿Por qué te has maltratado así? Has disminuido tu valor.

Ella le respondió:

-No quiero que haya nada en mí que te aparte de adorar a Dios.

A la noche, el hombre oyó en sueños una voz que le decía:

-La muchacha disminuyó su valor para ti, pero lo aumentó para nosotros y te la hemos tomado.

Al despertar, encontró cuatro mil denarios bajo la almohada. La muchacha estaba muerta.

(Ah'med el Qalyubi.)

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Historias de viejos psiquiatras

En 1886, el psiquiatra Richard von Krafft-Ebing describió un extraño caso: el marido de una pareja de recién casados se conformó la primera y segunda noche con besar a su esposa y «revolverle» el cabello. Luego se dormía. La tercera noche le pidió que se pusiera una peluca con la melena larga. «Ella accedió y entonces él cumplió con creces sus descuidados deberes maritales», escribe el psiquiatra. A partir de entonces, el hombre siempre tenía a mano una peluca que primero acariciaba y luego le ponía en la cabeza a su esposa. En cuanto ella se la quitaba «perdía todo atractivo para su marido». Las pelucas perdían su «eficacia» al cabo de diez o doce días, entonces había que sustituirlas por otras, «siempre de cabello abundante».

En los primeros cinco años de matrimonio tuvieron dos hijos y el marido reunió una colección de setenta y dos pelucas.

Cafe y cigarrillos. Ferdinand Von Schirach

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Guarnicionería

"Hacia 1830 el número de tasmanos se había reducido de unos 5000 a solo 220 o 72 (según las fuentes), que fueron finalmente recluidos hasta su muerte. En 1860 murió el último varón tasmano; un miembro de la Royal Society of Tasmania, George Stokell, mandó abrir su tumba para hacerse una maleta con su piel. "

Fuente:es.wikipedia.org/wiki/Tasmania

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Sobre la importancia del parlamento

Para aquellos que piensan que es importante que la nación imponga más aranceles, entiendo que la decisión de hoy resultará decepcionante. Todo cuanto puedo ofrecerles es que la mayor parte de las decisiones que afectan a los derechos y responsabilidades de los estadounidenses (incluyendo el deber de pagar impuestos y aranceles) se canalizan a través del proceso legislativo con razón. Sí, legislar puede ser difícil y llevar tiempo. Y sí, puede ser tentador dar esquinazo al Congreso cuando surge algún problema acuciante. Pero la naturaleza deliberativa del proceso legislativo era la entera razón de su diseño. A través de ese proceso, la nación puede usar la sabiduría conjunta de los representantes electos del pueblo, no sólo la de una facción o un hombre. Ahí, la deliberación templa el impulso, y el compromiso martillea desacuerdos hasta convertirlos en soluciones viables. Y puesto que las leyes tienen que alcanzar un apoyo tan amplio para sobrevivir al proceso legislativo, éstas tienden a perdurar, permitiendo que la gente planee sus vidas de maneras que no podrían si las reglas cambian de un día para otro. En conjunto, el proceso legislativo ayuda a asegurar que cada uno de nosotros diga su parte en las leyes que nos gobiernan y en el futuro de la nación. Para algunos, hoy el peso de esas virtudes se vuelve aparente. Para otros puede no parecer tan obvio. Pero si la historia es guía alguna, las tornas cambiarán y llegará el día en que los decepcionados por el resultado de hoy apreciarán el proceso legislativo como baluarte de la libertad que es.

Neil Gorsuch, voto particular en la sentencia Learning Resources v. Trump, página 46.

www.supremecourt.gov/opinions/25pdf/24-1287_4gcj.pdf

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La inquisición y el tabú

Encerrados tras las rejas del pensamiento único que acepta su propio vocabulario, los neoinquisidores se han lanzado incluso en contra de las ciencias exactas cuando sus conclusiones rompen los dogmas establecidos que promueven. Si la Inquisición en 1600 ejecutó al filósofo y científico Giordano Bruno haciéndolo arder en la hoguera, entre otras razones, por enseñar que los planetas orbitaban el sol, hoy día los neoinquisidores persiguen a académicos y científicos que intentan demostrar asuntos como que el género no es totalmente una construcción social, que la brecha salarial entre hombres y mujeres como producto de la discriminación es un mito, que la narrativa del patriarcado como figura únicamente abusadora de la mujer merece serias dudas, que la genética es uno de los factores que más inciden en la inteligencia, que el Islam podría ser incompatible con occidente, que las potencias coloniales hicieron grandes aportes a sus colonias o que la migración puede tener efectos negativos para la sociedad que la recibe, entre muchos otros temas. Todos estos son verdaderos tabúes que no pueden osar transgredirse sin ser arrasado en el intento. Como bien advirtió Sigmund Freud en su libro Totem und Tabu, «la violación de un tabú convierte al propio violador en tabú». Algunos de los peligros que esa violación puede generar, dice Freud, solo «pueden evitarse mediante actos de expiación y purificación»[18]. Y más adelante añade: «Cualquiera que haya violado un tabú se convierte en tabú porque posee la cualidad peligrosa de tentar a otros a seguir su ejemplo: ¿por qué se le debe permitir hacer lo que se les prohíbe a otros? Por eso es verdaderamente contagioso, porque cada ejemplo fomenta la imitación, y por esa razón él mismo debe ser rechazado»

La epidemia de disculpas, de castigos y de ostracismo social que han experimentado tantas personas, de izquierda y derecha, en tiempos recientes por opiniones o conductas que han quebrado tabúes hablan de la forma irracional y primitiva en la que podemos actuar colectivamente. Se trata de verdaderas hordas que encuentran éxtasis en el castigo y el daño que pueden generar sin ser conscientes de que exista una razón para ello. Como explicó Freud, en una sociedad de tabúes «todo tipo de cosas están prohibidas, las personas no tienen idea de por qué, y no se les ocurre plantear la pregunta. Por el contrario, se someten a las prohibiciones como si fueran una cuestión evidente y se sienten convencidas de que cualquier violación de ellas se resolverá automáticamente con el castigo más grave». Este aspecto es esencial para entender por qué, una vez que un tema se ha convertido en tabú, es decir, en un objeto sagrado y a la vez peligroso y prohibido, se produce una espiral del silencio de la cual resulta casi imposible salir. Como veremos más adelante, la característica distintiva de la era de corrección política que estamos viviendo es precisamente la autocensura, que en muchos sentidos es peor que la censura oficial impuesta por el Estado, pues se basa en el triunfo del miedo a un castigo y enemigo tan difuso que no se le puede enfrentar. Sin embargo, el mismo Freud explica que los pueblos que cultivan los tabúes tienen una relación ambivalente con ellos. De un lado les temen y por otro los quieren romper, solo que el miedo es más fuerte que las ganas inconscientes de transgredirlo. Ahora bien, esta ambivalencia, dice Freud, implica que la realidad psicológica tras los tabúes sea comparable a una neurosis. Más aún, Freud sostiene que en el caso de las personas privilegiadas, es decir, por las que se tiene un exagerado afecto —como podría ser un líder— «junto con la veneración y la idolatría, sentidas hacia ellas, hay en el inconsciente una corriente opuesta de hostilidad intensa que nos enfrenta a una situación de ambivalencia emocional»[. Cabe preguntarse, siguiendo a Freud, si acaso la «ideología políticamente correcta» y su retórica de victimización, además de mostrar afecto desmedido hacia las supuestas víctimas que pretende defender, oculta al mismo tiempo una profunda hostilidad hacia ellas. Si ello fuera así, significaría que los inquisidores de hoy proyectan inconscientemente en otros aquel rechazo y desprecio con el que no quieren tener nada que ver, pero que de todos modos habita en ellos. «El tabú emerge de la ambivalencia emocional», insiste Freud, y agrega que «el proceso se resuelve en lo que en psicoanálisis se denomina proyección […] la hostilidad, de la cual no saben nada y además no desean saber nada, es expulsada de la percepción interna hacia el mundo externo y, por lo tanto, se separa de ellos y es atribuida a otro». Las acusaciones de racismo, xenofobia, sexismo, homofobia, etc., que fácilmente hacen estos defensores del discurso inclusivo y de las minorías serían, bajo esta lectura, en muchos casos nada más que esfuerzos por alejarse del racismo, xenofobia, sexismo y homofobia que los mismos acusadores sienten.

En Busca de la política. Zygmunt Baumann

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Saber quién manda...

Cuando yo uso una palabra –dijo Humpty Dumpty en un tono desdeñoso– quiere decir lo que yo quiero que diga… ni más ni menos.

– La cuestión –insistió Alicia– es si se puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

– La cuestión –zanjó Humpty Dumpty– es saber quién es el que manda… Eso es todo.

A través del Espejo. Lewis Carroll

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El hombre que despertó en el futuro

Los periódicos se ocuparon del caso durante todo el mes de septiembre. Las noticias llegaban de puntos tan dispares como Venezuela o Montecarlo: «Localizado el banquero desaparecido». Pero siempre resultaban erróneas. Por último, la desaparición de Norman Winters quedó como uno de aquellos misterios que sólo pueden resolver esos grandes detectives que son el Tiempo y la Casualidad. Sus datos personales fueron difundidos del uno al otro confín del mundo civilizado: estatura, un metro setenta y ocho; descripción, cabello castaño, ojos color gris oscuro, nariz aguileña, piel blanca; cuarenta y seis años; aficiones, historia y biología; señas particulares, un pequeño lunar al borde de la ventana derecha de la nariz.

Su hijo no pudo dedicar mucho tiempo a la búsqueda, pues un mes antes de su desaparición Winters se había retirado prácticamente de los negocios, dejándolos en las capaces manos de aquél. No había ningún indicio en cuanto a sus motivos, porque carecía absolutamente de enemigos y disponía de todo el dinero necesario para satisfacer sus inclinaciones científicas. En octubre, sólo la generosamente pagada agencia de detectives que había contratado su hijo se acordaba del hombre desaparecido. Aquel año la nieve llegó temprana al suburbio de Westchester donde estaba sita la residencia de Winters, cubriendo la tierra con su manto blanco. En las colinas de la otra orilla del Hudson, los osos dormían el sueño invernal en sus madrigueras, debajo de la tierra y el hielo.

En el estanque de la propiedad, los sapos habían desaparecido para ocultarse bajo el barro del fondo: un milagro de hibernación, un desafío a la agudeza de los biólogos. El mundo siguió ocupándose de sus asuntos invernales y se desentendió del banquero desaparecido. Y, sin embargo, les habría bastado fijarse en los sapos... o en los osos, para tener una pista.

Pero el verdadero escondite de Norman Winters era aún más extraño. Yacía quince metros bajo la helada tierra, en una cámara cuya anchura era de tres metros y medio, hecho un ovillo entre suaves edredones apilados hasta un metro y medio de espesor, con los ojos cerrados. Vivía en la oscuridad de la noche eterna y en el silencio absoluto. Durante todo el mes de octubre su corazón latió lenta y levemente y, si alguien hubiera entrado con una luz, habría observado que su pecho subía y bajaba de vez en cuando. En noviembre, incluso esos indicios de vida cesaron y la figura quedó inmóvil.

Transcurrieron semanas y la nieve se derritió. Los osos salieron hambrientos de sus cuarteles de invierno y se dispusieron a restaurar sus carnes enflaquecidas. Los sapos regresaron con las primeras noches cálidas de la primavera, tan melodiosos para los amantes de la naturaleza como odiosos para las personas de sueño ligero. Pero Norman Winters no despertó de su sueño a estos anuncios primaverales. Su cuerpo yacía inmóvil; con la inmovilidad de la muerte y sus rasgos tenían una palidez de cera. No se había iniciado la descomposición, y los tejidos estaban turgentes y frescos. Las heladas no llegaban a tan gran profundidad. Pero la temperatura que reinaba en la cámara no se explicaba por este solo hecho. En efecto, una caja cerrada situada en un rincón había irradiado durante todo el invierno una determinada cantidad de calorías. Por la pared de la cámara descendía una gruesa cañería de plomo procedente de un conducto tallado en la roca, hasta llegar a dicha caja cerrada. Otra tubería similar salía de ésta y desaparecía en el suelo. Sobre la caja había un cuadrante, a primera vista parecido a la esfera de un reloj. Su escala, expresada en millares, tenía cien divisiones, y el índice apuntaba un poco por debajo de la correspondiente al dos mil.

Dos hilos de platino iban desde la caja hasta la figura inmóvil entre el rimero de edredones, conectados a dos bandas de oro: una que ceñía una muñeca, y la otra el tobillo del lado opuesto. Más allá, una especie de armario empotrado en la roca, cerrado y misterioso como todo lo que contenía aquella cámara. Pero allí no había luz que permitiera ver todo esto, sólo oscuridad, la negrura de la noche eterna, la ciega y sofocante oscuridad de los sepulcros. La luz, fuente de vida y alegría estaba desterrada de aquel lugar. Un forro de plomo inalterable aprisionaba el aire; el polvo en suspensión se había precipitado a los pocos días, cosa que nunca ocurre en la atmósfera de nuestro mundo, dejando la de la cámara tan pura e inmóvil y tan estéril como un cristal. Porque sin cambio y movimiento, no puede haber vida. En el aire flotaba un débil olor a desinfectante, como si las bacterias tampoco estuviesen toleradas en aquel lugar de muerte.

"El hombre que despertó en el futuro." Laurence Manning.

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En vuelo hacia el Paleolítico

Con las primeras luces del alba el mapa africano surgió, puro y nítido, de entre la calima. A bordo de nuestro reactor la mayoría del pasaje dormía. De París habíamos salido casi en lastre, vacíos por docenas los asientos; pero en Tel-Aviv, escala inopinada que alargaba en más de nueve horas la duración del vuelo, un centenar de jóvenes congoleños a los que acompañaban algunos oficiales de las fuerzas armadas israelíes, subieron al aparato con sus bártulos y sus anchas sonrisas plateadas.

Los jóvenes, como pude averiguar al poco, eran paracaidistas del Ejército Nacional Congoleño que acababan de superar un cursillo de formación acelerada en Israel y que ahora se disponían a alcanzar sus bases de origen para enfrentarse de inmediato a los rebeldes lumumbistas del Ejército Popular de Liberación.

El paisaje de África, amarillento y plano, seguía discurriendo con una cansina monotonía. De vez en cuando la corriente de un río segaba la sabana; de tarde en tarde una delgada columna de humo se elevaba hacia lo alto, denunciando una presencia humana... Aquello era ya el Congo, un nombre que desde hacía semanas se repetía a lo largo del mundo entero; el país donde estaban reverdeciendo páginas que hubiesen encontrado el marco más apropiado en una narración del paleolítico cuando el ser humanoera poco más que una bestia desarrollada, con un lenguaje hecho de gritos animales, con una ley de vida basada en el culto a la fiereza y en la sublimación de los más despiadados instintos.

Por fin Leopoldville apareció bajo los planos del Boeing, flanqueando el curso anchuroso del Río Congo. El aparato empezó a perder altura y, pocos instantes después de rozar la copa de unos árboles crecidos enrtre aguazales, se posó suavemente sobre el cemento de la pista.

Ignoro qué tipo de misión conducía hasta Leopoldville a cada uno de los pasajeros civiles del avión pero, afectados o no por lo que en el Congo estaba ocurriendo, todos torcieron el gesto al observar los féretros que, bañados por el Sol, aparecían junto a un DC-4 de transporte. Aquel puñado de cadáveres, como no tardaron en explicarnos, eran europeos caídos a manos de los rebeldes. Sus cuerpos, terriblemente destrozados, por lo general habían sido recuperados por las tropas gubernamentales y evacuados hasta aquí para continuar viaje, convenientemente compuestos, hacia sus países de origen.

Durante varios minutos, insensible a la brillantez de la recepción militar que se les estaba ofreciendo a los paracaidistas, permanecí con la vista clavada en aquellos toscos ataúdes. Sus ocupantes habían estado ante los "simbas", les habían conocido y sufrido, habían recibido de ellos la muerte. La Guerra del Congo era ya pues una realidad concreta, desabrida, luctuosa. Dejaba de convertirse en pedazos de papel impreso y en boletines de radio para ofrecer su feo rostro ensagrentado.

Diario de la Guerra del Congo - Vicente Talón, 2013

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Escrito entre 1997 y 1998

Fragmento de un novelón de 300 páginas de ciencia ficción que escribí entre 1997 y 1998, esta obra no se publicó y ahí sigue en un cajón virtual de un disco duro. Cosas que pasan en este mundillo. Me he acordado al leer esta noticia: www.meneame.net/story/contrariamente-creencia-popular-waymos-realidad-

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-Mi familia se dedicaba a la contratación de limpiadores caseros en Asiasur, ya sabes, esos que teletrabajan desde allí y limpian aquí -contestó con cierto tono agrio.

-¿Dedicaba? -pregunté con mucha curiosidad.

-Murieron los dos en uno de los viajes organizados a la estación orbital. Sobredosis de “kilim”, los jodidos eran adictos a ese derivado sintético de colocón inyectado en el hipotálamo -dijo con total tranquilidad, como si no fuera con ella.

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menéame