La belleza de la palabra
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Cárcel de sombras

Fue una noche de lunes de oscuridad sin luna, y ni un sólo reproche de tu boca oportuna. El azahar olía a odio, el magnolio a tristeza, las azaleas penaban solas. Las rejas de tu ventana cárcel de sombras en la calle. Pasé de largo, tan de largo que olvidé quién vivía allí. Fue un lunes de noche, de oscuridad sin luna y sombras de olvido. (ContinuumST. Mayo 2012.)
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Las cosas

El bastón, las monedas, el llavero, la dócil cerradura, las tardías notas que no leerán los pocos días que me quedan, los naipes y el tablero, un libro y en sus páginas la ajada violeta, monumento de una tarde sin duda inolvidable y ya olvidada, el rojo espejo occidental en que arde una ilusoria aurora. ¡Cuántas cosas, láminas, umbrales, atlas, copas, clavos, nos sirven como tácitos esclavos, ciegas y extrañamente sigilosas! Durarán más allá de nuestro olvido; no sabrán nunca que nos...
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Yo voy soñando caminos

Yo voy soñando caminos de la tarde. ¡Las colinas doradas, los verdes pinos, las polvorientas encinas!... ¿Adónde el camino irá? Yo voy cantando, viajero a lo largo del sendero... -la tarde cayendo está-. "En el corazón tenía "la espina de una pasión; "logré arrancármela un día: "ya no siento el corazón". Y todo el campo un momento se queda, mudo y sombrío, meditando. Suena el viento en los álamos …
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sin título: un poema de Marina Tsvetaeva

А следующий раз — глухонемая Приду на свет, где всем свой стих дарю, свой слух дарю. Ведь всё равно — …
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Memorándum

Uno llegar e incorporarse el día Dos respirar para subir la cuesta Tres no jugarse en una sola apuesta Cuatro escapar de la melancolía Cinco aprender la nueva geografía Seis no quedarse nunca sin la siesta Siete el futuro no será una fiesta Y ocho no amilanarse todavía Nueve vaya a saber quién es el fuerte Diez no dejar que la paciencia ceda Once cuidarse de la buena suerte Doce guardar la última moneda Trece no tutearse con la muerte Catorce disfrutar mientras se pueda. Mario Benedetti
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Aproximación a los haikus

La noche ha caido Suena la lluvia Brilla la chimenea
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Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935)

A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde. Una espuerta de cal ya prevenida a las cinco de la tarde. Lo demás era muerte y sólo muerte a las cinco de la tarde. El viento se llevó los algodones a las cinco de la tarde. Y el óxido sembró cristal y níquel a las cinco de la tarde. Ya luchan la paloma y el leopardo a las cinco de la tarde. Y un muslo con un asta desolada a las …
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Soneto LXXXV

Quien dice que la ausencia causa olvido merece ser de todos olvidado. El verdadero y firme enamorado está, cuando está ausente, más perdido. Aviva la memoria su sentido; la soledad levanta su cuidado; hallarse de su bien tan apartado hace su desear más encendido. No sanan las heridas en él dadas, aunque cese el mirar que las causó, si quedan en el alma confirmadas, que si uno está con muchas cuchilladas, porque huya de quien lo acuchilló no por eso serán mejor curadas. Juan Boscán
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A la sombra de mi sombra

A la sombra de mi sombra me estoy haciendo un sombrero; sombrero de largas pajas que he recogido del suelo. Lo haré con el ala ancha, que casi llegue hasta el cielo pa' muchas veces no ver las cosas que ver no quiero. No quiero ver injusticias ni miserias; no quiero ver militares ni princesas; no quiero ver dictaduras ni pobrezas; no quier ver religiones ricas, ni reinas. Que sólo quiero yo ver a los pobres sin miseria; a los ricos sin dinero desnudos en esta tierra; a infinitos corazones unidos por el amor y unidos contra la guerra. A la sombra de mi sombra ...
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La renuncia

He renunciado a ti. No era posible Fueron vapores de la fantasía; son ficciones que a veces dan a lo inaccesible una proximidad de lejanía.  Yo me quedé mirando cómo el río se iba poniendo encinta de la estrella... hundí mis manos locas hacia ella y supe que la estrella estaba arriba... He renunciado a ti, serenamente, como renuncia a Dios el delincuente; he renunciado a ti como el mendigo que no se deja ver del viejo amigo; Como el que ve partir grandes navíos…
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Haiku 9. Paracaídas

Paracaídas abiertos sobre la luna: muerte de pluma
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Haiku 8...

Cómo disfrutan en un bando y en otro los asesinos. Mario Benedetti (Rincón de haikus)
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Haiku 7....

Frontera plena de contrabando: la de la edad.
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Haiku 6...

Ya nos reímos con risas de mañana: teme a esa deuda.
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Haiku 5...

Sé coherente como cualquier condena equivocada.
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Los arcoíris de aceite

Los arcoíris de aceite devanan sus laberintos de porfiadas imposturas arrecidos de tormentas como flores venenosas  que Baudelaire olvidó, y en el nácar de tus huesos ensayan bajorrelieves preñados de maldiciones como misterios guardados para las piedras rosetas  de algún nuevo Champolión. No me preguntes por qué. Pregúntate por qué no.
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Haikus 2 al 4

2. Toda mi vida se traza con ausencias: bajorrelieves. 3. Me abandonaste: no jugaremos juntos en el cadalso. 4. Las espirales dibujan laberintos para indecisos
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Amor Eterno, de Gustavo Adolfo Becquer

“Podrá nublarse el sol eternamente; Podrá secarse en un instante el mar; Podrá romperse el eje de la tierra Como un débil cristal. ¡todo sucederá! Podrá la muerte Cubrirme con su fúnebre crespón; Pero jamás en mí podrá apagarse La llama de tu amor.” Becquer
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Haiku 1...

Reptan despacio caracoles fakires sobre los cardos.
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Ante el otro

Y era todo simpatía.  Todo amigos guapos,  bien peinados,  relucientes en sus trajes de domingo.  Era todo admiración,  cuidadosa sensatez,  cortesía repetida  en mil parecidos lances,  cortesía que de usada  entre bostezos aflora,  cortesía funcional y funcionaria  que a la postre le funciona.  Era todo urbanidad,  correcta moderación,  templanza bien fundida  en moldes de …
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Niño yuntero (Migue Hernández)

Carne de yugo, ha nacido más humillado que bello, con el cuello perseguido por el yugo para el cuello. Nace, como la herramienta, a los golpes destinado, de una tierra descontenta y un insatisfecho arado. Entre estiércol puro y vivo de vacas, trae a la vida un alma color de olivo vieja ya y encallecida. Empieza a vivir, y empieza a morir de punta a punta levantando la corteza de su madre con la yunta. Empieza a sentir, y siente la vida como una guerra y a …
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No me escondo

“No me escondo porque no quiera escucharte, no me escondo porque no quiera verte, no me escondo porque no os quiera.  Mira dentro de mí y verás que sólo estoy deseoso de aprender cómo disfrutar de compartir.  Enséñame a querer tu compañía, enséñame el placer de jugar contigo.  Enséñame cómo disfrutar, cómo aprender y cómo enseñar.  Enséñame a hablar, a compartir y a tener amigos. …
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Hoy pregunta tú a la esfinge

Hoy pregunta tú a la esfinge y no sigas más su juego, hazte dueño del misterio que no tiene más arcano que el lodo con que se oculta, que no guarda más secreto que esos posos cenicientos con olor a columbario arrumbado en un desván. Hoy pregunta tú a la esfinge, pregúntale a dónde van los pedestales sin nombre devorados por el musgo, los airosos frontispicios orografiados de grietas, las lápidas funerarias que conservan sus …
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Año Nuevo

¿Y qué quieres que te traiga el año venidero? Nada, no quiero que me traiga nada, lo único que quiero es que no se lleve… Que no se lleve lo que ya tengo, que no se lleve el techo que nos cobija, el plato que nos alimenta, la manta que nos abriga, la luz que nos ilumina, la sonrisa de mis hijos, la salud como tesoro, el trabajo como sustento, la amistad, la compañía, los abrazos, las caricias, los “te quiero” los “te amo” los besos… que no se lleve los sueños ni los trocitos del corazón que...
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La canción de Aengus el vagabundo, W. B. Yeats

La canción de Aengus el vagabundo, W. B. Yeats

Eché a andar por el bosque de avellanos porque sentía un fuego en la cabeza, y corté y descortecé una rama y le até una baya con un hilo; y cuando echaron a volar mariposas blancas y se alejaron como estrellas titilantes, la dejé caer en un arroyo y pesqué una pequeña trucha plateada. Tras haberla dejado en el suelo fui a avivar con mi aliento la llama, pero …
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menéame