El Presidente, que suele menospreciar las formas y hacer alarde de eso, perdió la oportunidad de hablarle a la comunidad inversores en su lenguaje. Sus ataques pueden ser atendibles en casa pero en Wall Street su discurso duro y dirigido casi exclusivamente a atacar a los empresarios “prebendarios” generó sólo desconcierto entre el público internacional y enojo entre los centenares de empresarios locales que viajaron hasta la capital financiera. En el discurso de 4500 palabras, no se menciona siquiera una vez la palabra “inversión”.