Haití busca una salida que nadie sabe dónde está. Todas las esperanzas, como cuento en las conclusiones, están puestas en la formación de una fuerza internacional que acabe con el imperio de las pandillas en Puerto Príncipe, ciudad sitiada y estrangulada. La comunidad internacional, ese concepto que antes sonaba a orden y que ahora es tan amorfo como el flequillo de Donald Trump, parece comprometida a salvar a Haití casi tanto como a Sudán o Gaza.
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