Europa retendrá la soberanía, pero perderá el control de materias raras y rutas comerciales. El texto del Tratado de 1951 permite ocupar amplias zonas de la isla por razón de seguridad. Trump se quedará con el control económico y defensivo de Groenlandia, aunque la soberanía siga siendo danesa. La UE será de alguna manera la gran damnificada, porque la pérdida de poder sobre el Ártico deja el control de las rutas marítimas en manos de Estados Unidos, así como la explotación de las tierras raras y reduce su papel al de vasallo.
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