Relatos cortos
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La última cena

La última cena

Aquella era una noche especial. Si todo salía como estaba previsto, uno de los comensales en aquella cena le traicionaría a las autoridades religiosas. No tenía dudas sobre lo que pasaría después, se imaginaba que intentarían eliminarle, ejecutarle.

Pero la autoridad religiosa estaba sometida al poder civil de Roma, y no podía tomarse la justicia por su cuenta, por lo que necesitaban que fuera el gobernador de aquella lejana provincia judía quien le condenara a muerte. Lo que no sabían era que al cumplir la sentencia, probablemente mediante la crucifixión, sus revolución se afianzaría.
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Mi empresa de lotería

Mi empresa de lotería

Mi empresa de lotería
Mira que estaba planeada hasta el último detalle. Convencido de que no fallaría, diseñé una estrategia con el fin de ganar a la lotería estas navidades, mediante un sistema infalible. Una idea sencilla, basada en el anuncio de la televisión de este año.

Una vez lo vi se me ocurrió cómo explotar el sistema. Al principio pensé ir bar a bar con mi propuesta, pero al final decidí que era más sencillo realizarlo por correo electrónico, ya que así llegaría a un número muy importante de bares.
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48 horas más

48 horas más

Se levantó de la cama con una idea obsesionándole. Seleccionó la aplicación de su móvil, como hacía todos los días, y se puso a trabajar. La idea que hasta entonces era imposible, se volvía real. Llevaba tiempo estudiando las posibilidades de la nanotecnología, y vio que el diseño que le rondaba la cabeza era factible.

Un pequeño nanorobot de ordenes simples. Montaría un contador geiger simple capaz de medir la emisión de neutrones de micropartículas, y por tanto de seleccionarlas. Si el pequeño robot topaba con una partícula radioactiva, la engulliría, hasta llenar su depósito. Dos órdenes simples. Engullir partículas o expulsarlas.
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La boda (Txominadas)

La boda (Txominadas)

Ojeando perfiles de chicas en badoo me encontré con una moza bastante guapa que pedía novio formal para lucirlo en casa. Me hizo gracia la propuesta, así que la entré, afirmando que era el novio que cualquier madre querría para su hija.
Me contestó y enseguida entablamos conversación. Tenía buenas vibraciones con ésta, aunque a decir verdad, las tengo con todas. Se ve que las faldas me nublan las ideas y sólo me aparecen pensamientos positivos.
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Fuera de mí

Fuera de mí

Siempre me ha gustado la escalada. Aprendí a practicarla en una escuela cerca de mi pueblo. Me enseñó un vecino al que también le apasionaba. Con él aprendí a trepar chimeneas, a defenderme por diedros, subir usando mis dedos por grietas. Todos los fines de semana iba a ascender monolitos, paredes, agujas. La sensación de dominar la verticalidad me hacía sentir libre.

La escuela de escalada se me quedó pequeña y enseguida empecé a volar hacia otras zonas. Picos de Europa, Pirineos... paredes cada vez más complicadas, más largas, sólo o con algún compañero, nada se me resistía. Escalada en caliza, en granito o incluso en el complejo conglomerado de Riglos. Fui capaz de abrir alguna vía complicada como la de Las Algas en la cara este de los Picos de Infierno o Guatepeor en el Pico Valdecoro.
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La increíble historia de Victor Souza Martínez

La increíble historia de Victor Souza Martínez

El por aquel entonces entrenador del River, el Sabio Bonaerense, Don Gregorio Mínguez López, el gran Goyito, ordenó calentar al joven delantero de 19 años en la banda, realizando cortas carreras, mientras la afición abroncaba al equipo local por no ser capaz de dar la vuelta al marcador. Pero una bala perdida de la lejana en el espacio pero presente en la afición guerra de las Malvinas le alcanzó en plena carrera, incrustándosele de lleno en el corazón, causándole la muerte en el acto.
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Límite, 48 horas

Se despertó temprano aquel martes de febrero. Como todas las mañanas, cogió su móvil y reseteó la app que le habían preparado unos estudiantes en el departamento de informática de la facultad de ingeniería. Un símbolo con un reloj quedó marcado en la parte superior de la pantalla.

Se quedó un rato mirando al armario de su cuarto. Era de madera, con cuatro puertas y cada una estaba dividida verticalmente en seis espacios cuadrados separados por unos listones de madera que sobresalían. En total, 24 espacios.
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La niña de azul

La niña de azul

Dolores nació en el seno de una familia adinerada. Desde pequeña su padre le dio todos los caprichos. Compensaba su ausencia con regalos. Los negocios le absorbían todo su tiempo.
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