Cuando después de varios años metiendo la pata y demostrando torpeza ya no puede considerarse lapsus sino categoría, cuando las cagadas de todo tipo dejan al líder popular como un individuo obtuso, negado, inepto y zote, no cabe otra solución que el "método ayusístico", es decir, correr a ponerle con urgencia un pinganillo y, al otro lado, alguien con una elemental capacidad para cortocircuitar sus memeces, articular un ramillete de titulares decentes y maniobrar para que se exponga lo mínimo a situaciones de riesgo, aunque esto último ya lo hace acudiendo a los medios amigos y eludiendo (¡lagarto, lagarto!) a todo periodista con criterio que le pueda hacer un traje y lo hunda en sus contradicciones y mentiras.
Nos engañaron, quizá a los gallegos no, pero a los demás nos hicieron creer que era un tipo formado, con capacidad de gestión y hasta buen orador pero, en cuanto bajó a Madrid, ya se vio que la montaña parió un ratón y que ganar con mayorías absolutas con subvenciones, control de medios, etc... no te hace ni estadista ni buen gobernante, y que si no te dan las cosas por escrito, y aún así, lo más posible es que termines balbuceando, cambiando el sentido de lo que quieres decir y causando el mayor bochorno porque piensas que si éste es el líder cómo será el resto.
Así que lo dicho, ante la emergencia comunicativa búsquenle un pinganillo de inmediato, un susurrador con dos dedos de frente y resérvenlo lo más posible para reducir en lo posible las salidas de pata de banco, porque Alberto no da para mucho más que memes y eso no es lo que se espera de un aspirante a gobernar España.