Discurso honesto de Nochebuena 2025

Buenas noches.

Hace 50 años comenzó nuestra transición y hace 40 entramos en Europa. Si hoy invoco tanto esas fechas no es solo por tradición, sino porque el pasado es el único lugar seguro al que podemos mirar cuando el presente es precario y el futuro nos asusta. Nos aferramos a esos logros porque necesitamos recordar que, alguna vez, este país funcionó.

La Transición no fue un acto mágico de fraternidad, como solemos contar. Fue un pacto nacido del miedo. Teníamos pánico a matarnos de nuevo, y ese miedo fue el cemento que nos mantuvo unidos. Hoy, ese miedo ha desaparecido y, con él, parece haberse esfumado nuestra capacidad de cedernos el paso.

La Constitución ha sido nuestro techo, sí, pero soy consciente de que para muchos de vosotros hoy es un techo con goteras. Un texto que prometía vivienda digna, trabajo justo y prosperidad, y que hoy, para millones de españoles, se lee como una lista de promesas incumplidas.

Me dirijo especialmente a los jóvenes. Sé que os pedimos paciencia y esfuerzo, pero la realidad es que el contrato social se ha roto. Habéis cumplido vuestra parte: os habéis formado, trabajáis duro cuando os dejan, y aun así, vivís peor que vuestros padres. Sé que os suena insultante que os hable de "iniciativa" cuando el precio de un alquiler se come el 60% de vuestro sueldo. No es falta de actitud, es un fallo del sistema. Y lo siento.

Vivimos tiempos duros. La inflación os asfixia y los avances tecnológicos os amenazan más de lo que os ayudan. Y ante esto, miro a la clase política -a todos los lados del hemiciclo- y lo que veo, al igual que vosotros, es un espectáculo de ruido. Veo a líderes más preocupados por el titular de mañana que por vuestra pensión de dentro de diez años.

En el discurso original iba a deciros que "no busquéis responsabilidades ajenas" pero eso sería injusto. La democracia va precisamente de exigir responsabilidades. Tenéis derecho a estar enfadados. Tenéis derecho a exigir que quienes gestionan vuestros impuestos dejen de usar la crispación como herramienta de marketing electoral y se pongan a gestionar la realidad.

Yo no tengo poder ejecutivo. No puedo bajar el precio de la vivienda, ni frenar el cambio climático, ni obligar a los políticos a que se respeten. Mi posición es simbólica. Y sé que, en noches como esta, cuando la nevera está medio vacía, los símbolos no alimentan.

Por eso, no os voy a pedir "confianza ciega" ni "voluntarismo". La confianza no se pide, se gana, y las instituciones la hemos perdido. Lo único que os puedo pedir es que no paguéis vuestra frustración con el vecino. Que la rabia legítima que sentís hacia arriba no se convierta en odio hacia el que tenéis al lado. Porque cuando el sistema falla, lo único que nos queda es cuidarnos los unos a los otros.

España es un gran país, no por sus leyes ni por sus reyes, sino porque su gente aguanta lo inaguantable y sigue levantando la persiana cada mañana.

Ojalá el año que viene tengamos menos retórica y más soluciones. Buenas noches.