Es necesario dar visibilidad del horror para parar la ultraderecha

¿Es jodido poner en primera audiencia a un padre llevando el brazo amputado de su hijo pequeño en Gaza? Igual el Carapolla o Ayuso no tendrían valor de aceptar un euro más de ciertos think-tanks y lobbys sionistas si se diera a estas imágenes la visibilidad que merecen. Igual Abascal no tendría el arrojo de reunirse con el artífice de la barbarie. Igual cientos de influencers reaccionarios pararían de difundir odio anti-islamista o muchos de ellos incluso recuperarían el sentido común.

Hay que empezar a dar visibilidad a las victimas. Aunque sea doloroso, aunque duela proyectar imagenes fuertes (siempre con mesura). Aunque haya que censurar caras. Aunque parezca morboso. Curiosamente si se hacía al inicio de la guerra de Ucrania.

Los jóvenes y no tan jóvenes verán muchas noticias de los ultras desfilando, ya sea organizados como una banda llena de camadería y testosterona, o con un dirigente montando a caballo con la camisa del ejército. Aunque el mensaje que se acompañe a estas imágenes sea de rechazo; muchos de ellos percibirán valores tradicionales, honor, patriotismo... (de mierda, pero vendidos de forma atractiva). Se llega a plantar la semilla de la seducción.

Lo que no ven, porque no se enseña tanto, o inclusive porque desean pasarlo por alto, son las fotos de chicos agredidos con la nariz rota y los pómulos hinchados por agresiones homófobas. Mujeres llorando después de una agresión sexual o familiares de duelo por violencia machista o vicaria. Inmigrantes apalizados por pijos que salen pasados de copas de cacerías. Mendigos hospitalizados o asesinados por niñatos embrutecidos. Un minuto o dos o ni eso, con el pretexto de imágenes fuertes.

Y así el público mayoritario no ve con contundencia y firmeza los efectos que el fascismo, que con su ira, con su odio, causa en las personas. No ven el daño. Se quedan con las ideas utópicas del hiper-individualismo y la falta de empatía. Ven titulares de los que ya está insensibilizados y en muchas ocasiones paralelamente son sometidos al discurso que blanquea o justifica la barbarie.

Por poner un ejemplo: Para muchas personas, las chaladuras y gilipolleces de Trump acaban por invisibilizar la muerte y destrucción de las que son responsables. Y además se encargan -con propaganda orquestada- de deshumanizar al rival y de victimizarse o reescribir la historia o justificar el horror. Y estas técnicas, ellos si las llevan usando y las saben usar desde hace tiempo. Muchos muertos en Gaza, pero rara vez se detienen a ver las caras de los niños que han sido asesinados. Solo lo encontrarás en medios de forma aislada y ocasional. En cambio ves mas a Trump y a Netanyahu diciendo barbaridades, copando titulares y tiempo en los medios, muy por encima de la cobertura del daño que causan.

Acaban acaparando el espacio, sean o no creíbles en su discurso. Suenen o no ridículos.

En resumen, hay que visibilizar el daños del fascismo más, mucho más. Dedicar tiempo, por parte de los comunicadores y los medios ya no de izquierdas sino todos aquellos que quieran frenar esta nueva ola reaccionaria. Hay que, de manera recurrente y persistente, enseñar las consecuencias, locales y geopolíticas. Dar mas minutos a la cara morada de un homosexual apalizado gratuitamente en España que al discurso lesivo de Abascal y compañía. Dar más minutos a enseñar el dolor y la pérdida humana de Palestina e Irán por encima de las chaladuras de sus artífices. Hay que hacerlo, de forma constante, cruda y pesada. Es momento de empezar a cambiarlo, visibilizar no su estética y su discurso, sino las consecuencias de abrazar ciertas ideologías. Insisto, hay que hacerlo de forma recurrente, persistente, pesada.

Y cada vez que se hace, como se hizo con ETA en su momento, como se ha hecho con la Dana, o al principio de la guerra de Ucrania... la respuesta social es unánime y las diferencias y la polarización se frenan para que impere la humanidad y el sentido común.