Ese ego sin límites se presenta, paradójicamente, como fortaleza. Trump convierte la carencia de autocrítica en virtud, la ignorancia en autenticidad, la mentira en estrategia. Aquí la moral se disuelve en una lógica empresarial donde todo es negociable salvo la centralidad del yo. No hay principios, hay transacciones; no hay valores, hay marcas. El sujeto se erige como empresa y el mundo como mercado hostil.
Un retrato fidedigno de ese tirano.