El experto en gestión energética, Nick Barber, explica que los 19 grados nunca fueron una medida de confort, sino un compromiso económico durante la crisis del petróleo en los años 70. En la actualidad, la eficiencia energética ya no depende de una cifra única. La clave para ahorrar no pasa por pasar frío, sino por ajustar la temperatura de manera inteligente según las necesidades de cada estancia. Estudios muestran que a 19 grados, muchas personas experimentan frío ligero, lo que lleva a usar calefactores adicionales, aumentando el consumo.
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